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¿Adiós a los pupitres? Por qué razón en el instituto los pequeños habrían de estar de pie en vez de sentados

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Imaginemos durante un momento el sala en la que recibíamos lecciones a lo largo de nuestra infancia o bien adolescencia. En este entrañable viaje mental redescubriremos, probablemente, una sucesión de pupitres alineados en filas, donde cada uno de ellos de nosotros tenía su sitio inamovible.

Aquellas habitaciones eran espacios aproximadamente ordenados. Estaban diseñados para desplazarnos solamente en unos límites restrictivos: desde la silla hasta la pizarra, o bien hasta la mesa del maestro, trazando una órbita de ida y vuelta que se quebraba con el retumbar de la sirena que anunciaba el final de las clases.

Solo esporádicamente podíamos trastocar el moblaje (con determinado estrépito) para formar un pequeño conjunto en actividades colaborativas. Eran instantes de determinada distensión, en los que aprovechábamos para dialogar con nuestros amigos y postergar las labores a un segundo (o bien tercer) plano. En determinada medida, implicaban una tímida reivindicación del caos.

Esta recia organización no solo es parte del acervo experiencial de la mayor parte de quienes pisamos alguna vez un instituto. Fue pensada para alentar la atención del estudiantado y disminuir al mínimo su tendencia natural al movimiento.

¿Mas quizá no es precisa cierta exploración del entrecierro para aprender? ¿No fue de esta manera de qué forma nuestra especie edificó su conocimiento durante miles y miles de años?

Investigaciones recientes cuestionan con seriedad la utilidad de continuar sentados a lo largo de las largas horas en que se extiende la docencia. La evidencia a nivel científico sugiere que atender de pie podría tener ventajas, ciertas de ellas imprevisibles.

¿Por qué razón estudiar de pie?
Uno de los primordiales problemas médicos en la niñez y la adolescencia es, sin ningún género de dudas, la obesidad. Los modos de vida sedentarios y el consumo de comestibles ultraprocesados contribuyen de forma decisiva a ello. Aparte de acrecentar el peligro de nosologías endocrinas y cardiovasculares.

Este hecho, extensamente contrastado en la literatura científica, ha empujado a explorar nuevas estrategias precautorias en el entrecierro escolar. Aparte de la promoción del ejercicio, esencial para un desarrollo saludable, comienzan a postularse modificaciones substanciales en la configuración tradicional del sala dirigidas a alentar la movilidad.

Una de las propuestas más interesantes consiste en el empleo de pupitres elevados. Se trata de mesas que dejan a los estudiantes sostenerse de pie o bien sentarse conforme sus necesidades. Forman una opción alternativa que acostumbra a conjuntarse con la posibilidad de desplazarse por el sala para interaccionar con otros compañeros, apostando de manera firme por el dinamismo y la cooperación.

Las primeras investigaciones efectuadas sobre los potenciales beneficios de este cambio de estrategia enseñante han tolerado identificar cuando menos dos: el incremento del gasto energético (del diecisiete por ciento al treinta por ciento ) y el mantenimiento de la atención (conforme autorreportes de los propios profesores).

Estos descubrimientos preliminares han abierto la puerta a creativas hipótesis de investigación. Teniendo presente que el ejercicio físico acrecienta el desempeño cognitivo en población infantil y adolescente, ¿sería posible lograr un efecto afín empleando estos pupitres?

¿Estudiar de pie puede prosperar el desempeño cognitivo?
Hasta hace poco tiempo, las referencias sobre una ocasional mejora en el desempeño cognitivo atribuible a estudiar de pie eran casi testimoniales. Y poquísimo estrictas. En el mejor caso, se limitaban a la consideración subjetiva de los enseñantes. Mas no introducían una metodología que dejara trazar conclusiones sólidas.

Eso cambió hace poco en el momento en que un conjunto de estudiosos estadounidenses diseñó una investigación longitudinal (de un par de años de duración) en el que participaron 2 clases de un instituto de Texas. En una de las salas se introdujeron pupitres elevados, al paso que en la otra sostuvieron los tradicionales. Los participantes fueron adolescentes en su totalidad, con una edad promedio de catorce años.

Tanto el currículo académico como los enseñantes encargados de darlo fueron idénticos en los dos casos. Al final del proceso se equiparó a los pupilos de las 2 salas utilizando pruebas neuropsicológicas computarizadas y técnicas de neuroimagen (espectroscopia infrarroja).

Los resultados fueron más que sorprendentes. Mostraron que los jóvenes que habían estudiado a lo largo del tiempo previsto utilizando pupitres elevados habían mejorado en su memoria de trabajo (capacidad para retener información y procesarla para amoldarse a una labor) y en sus funciones ejecutivas (autocontrol, resolución de inconvenientes, planificación, etcétera).

Además de esto, se pudo estimar que su lóbulo frontal izquierdo (una zona del cerebro que no madura totalmente hasta entrada la tercera década de la vida) estaba más activa a lo largo de la realización de las pruebas. Las patentizas sugieren un empleo intensivo del argumento abstracto y una superior capacidad de inhibición de los impulsos.

Hoy día existe muy, muy amplia patentiza de que tanto la memoria de trabajo como las funciones ejecutivas son esenciales para amoldarnos a los inconvenientes rutinarios, en los que priman la vaguedad y la novedad, o bien donde no existe siempre y en toda circunstancia una contestación totalmente perfecta. Sus resonancias, por lo tanto, podrían extenderse aun alén de lo puramente académico.

Si bien resulta tentador lanzar las campanas al vuelo, aún queda mucho camino para aclarar absolutamente las causas precisas de un fenómeno que podría revolucionar el modo perfecto en que comprendemos la educación.

Joaquín Mateu Mollá. Maestro Adjunto en Universidad Internacional de Valencia, Doctor en Sicología Clínica, Universidad Internacional de Valencia.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.<img src=»https://counter.theconversation.com/content/167723/count.gif?distributor=republish-lightbox-advanced» alt=»The Conversation» width=»1″ height=»1″ style=»border: none !important; box-shadow: none !important; margin: 0 !important; max-height: 1px !important; max-width: 1px !important; min-height: 1px !important; min-width: 1px !important; opacity: 0 !important; outline: none !important; padding: 0 !important; text-shadow: none !important» />

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