Cultura 

Antonio Muñoz Molina: «Mientras escribo los inconvenientes de la vida real quedan en suspenso»

Asegura Antonio Muñoz Molina (Úbeda, mil novecientos cincuenta y seis) que, afortunadamente o bien desgraciadamente, una novela no es una cosa que se pueda programar. «Cuando lo he procurando no me ha salido», desvela. Tanto es con lo que el escritor se fue a Lisboa cargado de anotaciones y con la pretensión de redactar una novela concretamente y terminó retornando con otra totalmente diferente. Con «Tus pasos en la escalera» (Seix Barral), para ser precisos. La culpa (o bien la dicha) se la reparten, en un caso así, un disco duro que se averió y una oración que se le apareció como por arte de ensalmo mientras que corría por la ribera del Tajo («Me he instalado en esta urbe para aguardar en ella el fin del mundo», inaugural y tatuable oración que estrena la novela) y a la que el creador jienense decidió sujetarse a ver qué ocurría y cara donde le llevaba.

«Toda novela nace de forma incontrolable», insiste un autor que, no obstante, reconoce que «Tus pasos en la escalera» llega sacudida por la voluntad de «hacer literatura con los materiales del presente inmediato». «Cada vez me agrada más cuando la ficción da cuenta del planeta que tiene delante», destaca. Y todo mientras que reclama «el arte de la novela» y pone en juego sus instrumentos para tramar la historia de un hombre que termina de mudarse de la ciudad de Nueva York a Lisboa y prepara la casa a la espera de que se le una su esposa, una neurocientífica experta en los mecanismos neuronales que rigen la memoria y el temor. «Es como Penélope mas al revés», resalta Muñoz Molina sobre una novela con la que bordea el suspense mientras que prueba los reflejos del lector con un narrador «del que te fías mas que no es de fiar».

A esta altura, no oculta el creador de «Todo lo que era sólido» que la escritura, igual que la música o bien la lectura, tiene para él algo de «terapia de retiro frente a la invasión de lo inmediato». «La vida es saqueada y también invadida por los intereses de las compañías tecnológicas, que no por la tecnología, con lo que es esencial contar con un espacio de retiro», defiende. El suyo, está claro, queda a la perfección perimetrado en esa bibliografía que comenzó a componer en mil novecientos ochenta y seis. «Parte del tiempo que pasé con “Tus pasos en la escalera” estuve lidiando con inconvenientes sicológicos -explica-, y redactar la historia me curaba».

¿El arte como terapia? «Mientras escribo los inconvenientes de la vida real quedan en suspenso», asegura. Por eso reivindique asimismo la literatura como burbuja de la sostenerse a salvo del incesante sacudo político. «A mí me agrada el discute y aprender sobre cosas esenciales, mas la palabrería permanente sobre listas electorales me genera un tedio inmenso», concluye.

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