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Apocalipsis bibliotecario

Suenan trompetas de apocalipsis en las grandes bibliotecas patrimoniales -sin fondos, sin personal, sin usuarios- mientras que florecen los libros sobre bibliotecas en llamas, espectros o bien saqueadas. Susan Orlean traza en «La biblioteca en llamas» la crónica del incendio de la Biblioteca Pública de la ciudad de Los Ángeles el veintinueve de abril de mil novecientos ochenta y seis, que devoró quinientos mil de libros y dañó a otros setecientos mil. En el más puro y siempre y en toda circunstancia solvente estilo «newyorker», la autora recorre la evolución de la biblioteca ya antes, a lo largo de y tras el acontencimiento. Prosigue la pista de Harry Peak, un aspirante a actor sin fortuna que merodeaba por Hollywood, al que se acusó y fue detenido como autor del incendio, mas que murió antes que se dictase una sentencia.

En ocasiones el estilo de Orlean resulta un tanto manido y debe echar mano de recursos de reportera veterana, mas su trabajo es estricto y describe con amenidad a los vanguardistas bibliotecarios del siglo XIX y la triunfante campaña de colecta para la reconstrucción tras el incendio: «Querido George», escribieron a Lucas. «Dios sabe que cada hora tienes a alguien agarrándote por las solapas para solicitarte dinero […] mas la Biblioteca es el semillero y el campo de cultivo…». El libro concluye con un canto optimista cara los bibliotecarios, que no son «el personal severo y deprimente de una industria en extinción» y una alabanza a su tarea, que acerca a la de un centro de acogida y de integración social y distancia del ánima bibliotecaria.

En dos mil siete, el hurto de 2 mapamundis de Ptolomeo provocó una «tormenta» en nuestra Biblioteca Nacional

Ánima bibliotecaria herida destila «La biblioteca fantasma», de David Noble (
Planeta, Lima, dos mil dieciocho, solo libre en España en «e-book»). Preocupantes noticias habían ido llegando de la Biblioteca Nacional de Perú en los últimos tiempos, no solo víctima de un expolio continuado sino más bien asimismo de una especie de rebelión de bibliotecarios que, frente a la dificultad, habían decidido cobrarse lo que se les debía en especie, esto es, en libros. Noble ofrece una muy documentada investigación periodística de lo que verdaderamente ocurrió y utiliza como hilo conductor al directivo de la biblioteca Ramón Mujica, «que puede contar esta historia tal y como si fuera una novela de misterio».

Periplo mafioso
Una conclusión que cabe extraer es que el mayor contrincante de las bibliotecas no son los ladrones sino más bien la vagancia de la Administración. El hurto de 2 mapamundis en incunables de Ptolomeo y otras piezas de gran valor, provocó en dos mil siete una tormenta en la Biblioteca Nacional de España y la renuncia de su entonces directiva. Se identificó enseguida al responsable, el uruguayo César Gómez Rivero, que devolvió una buena parte de su botín, consiguió evitar distintas solicitudes de extradición y vive en una exclusiva urbanización de la ciudad de Buenos Aires.

Una gran parte de lo ocurrido está aún por desvelar, mas el cronista Andrés López Reilly recibió la visita de un personaje que procuró relacionar al ladrón con un librero y bibliotecario italiano responsable del mayor latrocinio de los últimos tiempos -la Biblioteca Girolamini de Nápoles- y que estaría por su parte vinculado con el Vaticano, la Mafia, Berlusconi y los oligarcas rusos. «El ladrón de mapas» (De Sudamérica, Montevideo, dos mil dieciocho, libre en España solo en «e-book») deja al descubierto las andaduras de Gómez Rivero por las bibliotecas de Uruguay, Paraguay y Argentina.

«La biblioteca en llamas». Susan Orlean
Ensayo. Temas de El día de hoy, dos mil diecinueve. cuatrocientos páginas. veinte euros

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