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Astrónomos se temen que un enorme satélite se transforme en el punto más refulgente del cielo tras el Sol y la Luna

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El gran satélite de comunicaciones BlueWalker tres , lanzado el pasado sábado a bordo de un cohete Falcon nueve de SpaceX desde el Centro Espacial Kennedy en Florida (EE.UU.), no va a pasar inadvertido en el cielo nocturno. Cuando despliegue su antena en unas semanas, su superficie metálica alcanzará los sesenta y cuatro metros cuadrados, un área afín a la de una pista de squash. Como una suerte de gran cometa metálica en el espacio, lucirá más que la mayor parte de las estrellas y todos y cada uno de los planetas, e inclusive podría transformarse en el objeto más refulgente tras el Sol y la Luna . Los astrónomos se temen que perjudique el trabajo de los observatorios y haga aún más peligrosa la órbita baja de la Tierra. El instrumento ha sido construido por la compañía AST SpaceMobile con base en Texas para llevar internet de manera directa a teléfonos móviles, aun en localizaciones recónditas. Es el primero de muchos. Si tiene éxito, la compañía prevé desplegar decenas o cientos más. Hay otras grandes constelaciones de satélites. Starlink , la apuesta de SpaceX y el magnate Elon Musk, es la que hasta el momento intranquiliza más a los astrónomos. Ya ha puesto cerca de tres.000 aparatos en órbita -los últimos treinta y cuatro se lanzaron al lado del BlueWalker tres, duplicando el número de satélites activos en el espacio, y espera llegar a decenas y decenas de miles. Mas son pequeños, del tamaño de un frigo. El conjunto de BlueWalker tres va a ser más reducido mas sus satélites son tan grandes «que pueden mudar el aspecto del cielo por siempre «, asegura a este periódico David Galadí, organizador del conjunto de trabajo Icosaedro (Impacto de las constelaciones de satélites en detectores de radio y ópticos) de la Sociedad De España de Astronomía (SEA). Noticias Relacionadas estandar No Enigmáticos diamantes nacidos en el espacio exterior José Manuel Nieves estandar Si Un par de semanas para el impacto: la misión DART divisa por vez primera su objetivo José Manuel Nieves «Todos los satélites reflejan la luz del Sol de forma difusa. Aun los que tienen el tamaño de un electrodoméstico se ven. Jamás nos hemos quejado de la Estación Espacial Internacional (ISS) -que tiene unas dimensiones de ciento nueve metros por setenta y tres metros- mas es solo una y ahora tendremos un montón de grandes objetos en el cielo», explica el astrónomo residente del Observatorio de Calar Alto en Almería. Código Desktop Great news! #BlueWalker3 successfully reached orbit and our engineers are talking to the spacecraft. Stay tuned for future updates as the mission progresses. pic.twitter.com/gh1sU9HxYR— AST SpaceMobile (@AST_SpaceMobile)

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September once, dos mil veintidos Además de esto, al tener un área tan enorme, el satélite va a poder generar reflejos especulares muy atractivos, exactamente el mismo fenómeno que ocurre en el momento en que nos deslumbra el cristal de un camión que viene de frente en una carretera. «Este dispositivo provocará destellos apabullantes, más refulgentes que la luna llena. Van a ser poco usuales, van a durar unos pocos segundos y afectarán a lugares muy específicos, mas va a ser algo como cuando alguien juega a dar al vecino con un espéculo. No me extrañaría que hubiese informes de gente que crea haber visto naves extraterrestres, platillos volantes y cosas así«, advierte Galadí. Desde el punto de vista visual »no se ha visto nada semejante desde los años sesenta, cuando EE.UU. lanzó los satélites del proyecto ECHO, que reflejaban la luz del sol de forma increíble. ¡Daban temor!«. Entre mil novecientos noventa y siete y dos mil diecisiete los primeros satélites de la constelación Iridium, que daban servicio de telefonía móvil, emitían destellos realmente fuertes y que se podía calcular en qué momento y dónde iban a acontecer. «Y muchos de mis colegas lo hacían. Asimismo ahora vamos a estar pendientes de si los de BlueWalker tres se pueden calcular y pronosticar», apunta el científico. Imágenes sobresaturadas Alén de la anécdota, Galadí explica que estos satélites dañan a la astronomía de dos formas. Por una parte, las bandas de radio en las que las antenas de radioastronomía observan el cosmos se pueden ver desequilibradas, tanto de día como por la noche. Asimismo pueden sobresaturar las imágenes de la astronomía óptica, singularmente en proyectos de investigación con campos amplísimos y telescopios altamente sensibles, como los del futuro Observatorio Vera C. Rubin en Cerro Pachón, Chile, que se espera comience a marchar el próximo año. Estos satélites «le van a hacer la vida realmente difícil. Pueden arruinar toda la observación, es muy preocupante». Además de esto, el nuevo proyecto, «cambia todo el paisaje celeste. Todos y cada uno de los atardeceres y amaneceres van a estar llenos de luces artificiales muy refulgentes en el cielo, y eso es una agresión al paisaje», afirma el astrónomo. No es solo una cuestión de estética, los científicos asimismo se preguntan de qué manera influirá este cambio en los sistemas de orientación de las aves migratorias o de los insectos que prosiguen las estrellas para saber a qué sitio dirigirse. Existe una suerte de escarabajo que se orienta por la noche por las situaciones de las estrellas en la Vía Láctea. Conforme explica Olga Zamora, astrónoma del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), la Unión Astronómica Internacional y el Centro para la Protección del Cielo Obscuro y Sigiloso de la interferencia de los Satélites «han dado la voz de alarma y están previstas campañas de observación para medir su brillo (del BlueWalker tres) y plantear mecanismos de mitigación». A su juicio, «se requiere una cooperación global entre astrónomos, constructores y operadores de satélites, industria y de diferentes actores políticos» para solventar el inconveniente. «Es preciso llegar a una mejor regulación del uso del espacio a fin de que no pueda continuar lanzándose cualquier clase de objeto sin control», destaca. No obstante, Galadí no es optimista. «En cuestiones ambientales, siempre y en todo momento se va tras el estropicio. Y tenemos tantos inconvenientes ambientales en el siglo veintiuno, que este no estará entre las grandes prioridades», lamenta. Choques en cadena Mas hay algo más. Hay un peligro «muy serio» de que se congestione la órbita terrestre baja. «La previsión es que en los próximos diez años se lancen unos cien nuevos satélites. No es un panorama esperanzador para la astronomía y la basura espacial derivada asimismo va a ser un inconveniente mayor», apunta Zamora. La mayor parte de los satélites se mueven en una franja entre los cuatrocientos y seiscientos km de altitud, una distancia inferior a la que existe entre Sevilla y Barna. En el caso del BlueWalker tres «el blanco es muy grande, lo que aumenta el peligro de colisión», afirma Galadí. Un choque provocaría una nube de restos que se transformarían en proyectiles y ocasionarían nuevas choques, un efecto en cadena llamado ‘síndrome de Kessler’ , la hipótesis que inspira la película ‘Gravity’ de Alfonso Cuarón. Galadí piensa que tal vez este peligro sea el que frene las constelaciones de satélites, en especial si deseamos que la órbita baja sea habitable. Si bien la ISS semeja tener sus días contados, el programa Artemis de la NASA para regresar a la Luna contempla una estación a medio camino de la Tierra, China está edificando la suya y Rusia proyecta una propia. «La preocupación es muy grande. Y esto no es una película», recuerda.

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