Barna, capital de la edición en lengua castellana (a pesar del «procés»)Educación 

Barna, capital de la edición en lengua castellana (a pesar del «procés»)

Todo está en los libros y 6 de cada diez libros salen de las imprentas barcelonesas. Y tienen acento latinoamericano. Gran invento de papel que Julio Ramón Ribeyro clasificó entre pitillo y pitillo: «Libros viscosos como pantanos en los que uno se hunde y clama en balde a fin de que lo rescaten; libros secos, filudos, riscosos que nos llenan de cicatrices; libros acolchados, de dunlopillo, donde damos botes y rebotes; libros-meteoro que nos transportan a zonas desconocidas y nos dejan oír la música de las esferas; libros desnarigados y resbalosos donde patinamos y nos rompemos la crisma…».

Esta curiosa taxonomía trufa las «Prosas apátridas» que el escritor peruano publicó en mil novecientos setenta y cinco en Tusquets. Seix Barral las reedita en el noventa aniversario de su nacimiento y veinticinco años tras su muerte así como el dietario «La tentación del fracaso» y los noventa y tres cuentos de «La palabra del mudo».

Enrique Vila-Matas, que en el París que no acaba jamás le llevó las galeradas de «Prosas apátridas», explica que Ribeyro prefirió los márgenes del «boom» y disfrazó esa marginación -cuentos, fragmentarismo del dietario- con un «muy deliberado fingimiento de un complejo de inferioridad». Incluso siendo autor de culto, Ribeyro conoce la perdurabilidad que le llevó a preguntarse -maliciosamente- por qué razón en 100 años se proseguiría leyendo a François Villon y no a Carlos Fuentes.

Aniversarios editoriales
Verano de aniversarios editoriales: los setenta años del Planeta que en mil novecientos cuarenta y nueve puso en órbita José Manuel Lara Hernández con «Mientras la urbe duerme»: el best seller de Frank Yerby resurge en edición facsímil conmemorativa. Pere Gimferrer considera al escritor, más próximo a Steinbeck que al sur de Margaret Mitchell, «muy bien documentado, sabio en el detalle pintoresco y tan potente en su armazón dramatúrgico como distanciado del trazo grueso».

Establecido en España hasta su muerte, Yerby llegó a sesenta millones de lectores sin la bendición de la crítica académica: «El noventa y siete por ciento de los críticos no tienen ni la más remota idea de lo que es una novela, pues jamás se han puesto a redactar una».

En la espectacular Barna de mil novecientos sesenta y nueve, Beatriz de Moura creó Tusquets a medias con su entonces esposo, el arquitecto técnico Óscar Tusquets, y un capital de ciento sesenta y tres mil pesetas, menos de mil euros de ahora. Aquel año, un ingeniero que no deseaba serlo, Jorge Herralde, había estrenado Anagrama con «Detalles» de Hans Magnus Enzensberger, «Los procesos de Moscú» de Pierre Broué y «L’ofici de viure» de Césare Pavese.

Y un año después, mil novecientos setenta, nacía Distribuciones de Link integrada por Barral editores, Edicions sesenta y dos, Laia, Cuadernos para el Diálogo, Fontanella, Anagrama, Lumen y Tusquets. Los participantes en la compañía dan cuenta de la preponderancia del planeta editorial barcelonés: Carlos Barral, José María Castellet, Alfonso Carlos Comín, Esther Tusquets, Beatriz de Moura y Jorge Herralde. El único sello madrileño, los «Cuadernos» de Pedro Altares.

La integración de Antonio López de Lamadrid a la administración económica dejó a Tusquets superar crisis contables en los últimos setenta y el «desencanto» de los primeros ochenta: se pasó, conforme sus palabras, «de una editorial artesana a una pequeña empresa editorial»; hoy, con Juan Cerezo al timón, ha afianzado su catálogo con Haruki Murakami, Henning Mankell, Fernando Aramburu, Petros Márkaris, Almudena Grandes o bien Leopoldo Padura.

Desafíos del planeta del libro
Semejantes ecos justifican la celebración del Fórum Edita Barna los próximos tres, cuatro y cinco de julio. Esta cuarta edición, dedicada a los «retos, talento y globalización en el planeta del libro», va a contar con el presidente de la Feria de Fráncfort Juergen Boos, el editor Carlo Feltrinelli, o bien Rüdiger Wischenbart: el asesor vienés volverá a trazar la panorámica internacional de la edición.

El Edita de dos mil dieciocho dejó en el aire las palabras del editor mexicano y bisnieto de Companys Ricardo Cayuela: «Barcelona debe proponerse si desea proseguirse siendo la capital de la edición en lengua castellana y si la contestación es sí, eso tiene consecuencias».

La Urbe Condal desea proseguirse siendo Urbe Editorial, pese al independentismo que desgasta la economía, trama listas negras de empresarios desafectos, envenena convivencias y desdeña el bilingüismo. La verosimilitud editorial de Barna la ilustra el sello Duomo de los milaneses Stefano Mauri y Luigi Spagnol -el segundo conjunto de Italia-, que asimismo festeja su décimo año en nuestra ciudad: libros, a pesar de las incertidumbres.

Volviendo a la tipología de Ribeyro: «…libros inconquistables en los que no podemos entrar ni por el centro, ni por delante, ni por detrás; libros tan claros que penetramos en ellos como en el aire y cuando volvemos la cara ya no existen; libros-larva que dejan percibir su voz años tras haberlos leído; libros vellosos y estupendos que nos cuentan historias vellosas y cojonudas; libros orquestales, sinfónicos, corales, mas que semejan dirigidos por el tambor mayor de la banda del pueblo; libros, libros, libros…».

Barna es Capital para la lengua castellana. Pese al «procés».

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