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Carlos Sobera: «Atrapados en lo políticamente adecuado, nos asusta decir lo que pensamos»

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El popular y querido actor y comunicador, natural de Baracaldo en mil novecientos sesenta, estudió Derecho y fue maestro en la Universidad del País Vasco. Mas, nos confiesa, si bien en su familia no había antecedentes artísticos, desde siempre y en toda circunstancia tuvo clarísimo que su pasión era el espectáculo : «Lo bueno es que las generaciones vayan mudando. Hijo médico de padre y abuelo médico es muy desganado. En mi familia tuvimos un latigazo, un cambio radical conmigo. Ya en mil novecientos ochenta fundé la compañía La Espuela, y, entonces, en la Universidad del País Vasco, con el buen Pedro Barea, que asimismo era maestro y crítico de teatro, hoy en ‘El Correo’, pusimos en marcha el Sala de Teatro. En Euskadi siempre y en toda circunstancia ha habido una enorme inquietud teatral, y en los setenta y los ochenta nacieron conjuntos míticos y salieron expepcionales actores». Ahora, se encara al reto del Festival Internacional de Teatro Tradicional de Mérida , protagonizando ‘Miles Gloriosus’, de Plauto, coproducción del Festival y de Arequipa Producciones, en versión de Antonio Prieto y montaje de Pep Antón Gómez . El sólido abanico lo forman Ángel Pardo, Elisa Matilla, Elena Ballesteros, Juanjo Cucalón, David Tortosa, Antonio Prieto y Arianna Aragón. En el Festival de Mérida hasta el último día de la semana siete de agosto. A fines de octubre recalará en la villa de Madrid, en el Reina Victoria. — ¿De qué manera encara su debut en Mérida?   —Estuve 5 años presentando los Premios Ceres, mas como actor no había estado jamás. Sí como espectador, mas es otra cosa. Estás muy relajado, presto a tener una buena experiencia y a pasarlo bien. Como actor delante del público implica una gran responsabilidad. — ¿Impone el escenario emeritense? ¿Está inquieto? —El público impone siempre y en toda circunstancia, mas más cuando son tres mil personas y en un espacio tan simbólico como el Teatro Romano de Mérida. Tengo mucha ilusión, estoy como un pequeño deseando pisar las tablas. Siempre y en toda circunstancia hay nervios, si bien se lleve muchos años en la profesión Mas eso está realmente bien, por el hecho de que facilita que tengas una mayor concentración. Y una vez que estás en el escenario, los nervios se te pasan. El público te retroalimenta. Actuar para tres mil espectadores va a ser una exquisitez. «No olvidemos jamás que cuando el sentido del humor entra en una sociedad las cosas mejoran» — ¿De qué manera es su personaje? —El militar bravucón al que dedica esta obra nuestro amigo Plauto es el hombre que tiene todos y cada uno de los defectos en todas y cada una de las temporadas. Es un hombre con una tremenda vanidad, muy soberbio, habituado al halago, que se cree el rey del mambo, que considera que todas y cada una de las mujeres están loquitas por sus huesos. Ejercita el poder de una manera despótica y solo le resulta interesante acostarse con el mayor número posible de mujeres, usando cualquier clase de estrategia. Es un personaje infame, lo que ocurre es que como acostumbra a suceder con Plauto y asimismo con muchos de sus contemporáneos, mas en especial con este gran comediógrafo, si bien se aplica en toda la obra a vilipendiarlo, a criticarlo, al final busca un final feliz, la redención de los personajes, y a ‘miles gloriosus’ asimismo le ofrece esa posibilidad de redención. Ese camino es el centro de la función. Ver su evolución. — ¿La versión y el montaje son fieles al original?   —Queríamos respetar la estructura de Plauto. Se ha perturbado, como es lógico, la extensión de la pieza. La original es considerablemente más larga. La adaptación es mínima, existe algún género de licencia artística que nos hemos tolerado, que no le puedo desvelar, es una sorpresa, y asimismo hemos acomodado los diálogos al lenguaje de hoy para hacer la obra más alcanzable. Mas los tradicionales tienen una enorme ventaja, y Plauto no es una salvedad, y es que ‘Miles Gloriosus’, pese a estar escrito hace miles y miles de años, es muy actual, muy moderno, por los inconvenientes que trata y por la manera en que lo hace. Y el sentido del humor que usa. — ¿El sentido del humor es hoy más preciso que jamás? —Los tradicionales afirmaban que las malas costumbres morales había que corregirlas con humor. Y es cierto. El sentido del humor es la vaselina que deja que se puedan examinar cuestiones y inconvenientes de todo género para ponerlos de manifiesto, para criticarlos e procurar progresar. Lo que pasa es que el sentido del humor va por temporadas y asimismo depende un poco de de qué forma esté la sociedad civil en todos y cada instante. Ahora hay que reconocer que llevamos un tiempo en el que todos nos sentimos muy ofendiditos, muy especialitos, y no estamos contentos con la etapa que nos ha tocado. Y seguramente con razón: pandemias, limitaciones de todo género, guerras que nos afectan… Hay como una suerte de malestar general que hace que seamos altamente sensibles y que no siempre y en toda circunstancia empleemos y admitamos el sentido del humor. Mas cuando el sentido del humor entra en una sociedad, las cosas mejoran. No hay que olvidarlo jamás. El sólido abanico que da vida a los personajes de ‘Miles Gloriosus’ — ¿En nuestros días hay mucha autocensura? —Estamos capturamos en lo políticamente adecuado, todos deseamos ser exageradamente aprensivos, nos asusta decir lo que pensamos pues además de esto las redes sociales te pueden apedrear en 5 minutos. Esto genera en ocasiones una realidad distorsionada y comenzamos a vivir en una enorme patraña. Estamos un buen tiempo frustrados por no manifestar lo que pensamos, y vivir en esta especie conforme implícito de no me llenas las narices y no te las lleno a ti. Llega un instante en el que esto no puede marchar, puesto que no se puede estar todo el rato instalado en la patraña. Al final, no somos felices. Y todo se ha politizado a los extremos, hay que tener singular cuidado. Me da la sensación de que todo esto es una pena. No creo que hoy tengamos la libertad que teníamos hace veinte años. «Tengo nervios, y más en este impresionante teatro. Mas una vez en el escenario se pasan. Estoy muy ilusionado» — ¿Ejercitando de comunicador es asimismo en cierta manera como representar un papel? —No, no. Si el comunicador considera que debe representar un papel, no va a traspasar pantalla. Hay una gran diferencia: como actor creas un personaje, prosigues las pautas del texto, del directivo escénico y tu intuición. Es un personaje diferente a uno mismo. Mas delante de una cámara como comunicador, bien sea un concurso, un ‘reality’, un informativo… has de ser siempre y en toda circunstancia mismo, ser lo más natural posible, comportarte de forma espontánea y debes poner en juego una serie de elementos que como actor no necesitas: la improvisación, por servirnos de un ejemplo. Ser mismo es lo que hace que la gente te vea verosímil, que traspases pantalla. — En dos de los más triunfantes concursos que ha presentado, ‘¿Quién desea ser millonario?’ y ‘First Dates’ están muy presentes el dinero y el sexo. ¿Es lo que mueve el planeta? —Desde entonces, a esta altura de la civilización no se puede tener sobre eso la más menor duda. El dinero, el poder, y el amor, acompañado del sexo, son los grandes motores. Me agrada mucho lo que ha señalado el antropólogo Juan Luis Arsuaga: sobre la nutrición, la primera precisad vital del humano es la compañía, el amor. Es cierto, puesto que como especie no procuramos en el fondo otra cosa que la procreación. Perseguimos nuestra permanencia en el planeta. — ¿De qué manera ve ahora el teatro? —Se está recobrando mucho. Se halla en un buen instante. Mi espectáculo precedente, ‘Asesinos todos’, lo estrenamos en el mes de febrero de dos mil veintiuno y llegó la cuarta ola del covid. Vivimos entonces un instante de desanimo, con limitaciones de aforo, entonces hemos visto la caída de la pandemia por el hecho de que se iban reduciendo los efectos. La gente tenía unas ganas tremendas de salir, de ir al teatro… Se da un fenómeno muy curioso. El cine no se ha restituido de la pandemia, no vuelve la costumbre de volver a las salas de cine, se cierran muchas. Es tal y como si se hubiese reemplazado la enorme pantalla por la pequeña, por la red, móviles… , ver las películas dónde desees, y solo se va al cine si es un enorme “acontecimiento”. Mas en el teatro como es un espectáculo en riguroso directo, en vivo, inigualable, la gente ha vuelto en tromba. Ha sido prácticamente un fenómeno de masas, espero que se sostenga y que no nos influya lo que se aproxima, la crisis económica, que puede recortar un tanto las alas.

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