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Centenario de Patricia Highsmith, 5 lecturas idóneas para rememorar a la reina del suspense

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Natural de la urbe texana de Fort Worth en mil novecientos veintiuno, Patricia Highsmith habría cumplido este martes 100 años. La escritora americana hizo de la novela negra un arte mediante personajes oscuros, vaguedad ética y atmosferas opresivas que contribuyeron a su fama.

Como resume Pedro G. Cuartango, «hay algo de inhumano y demoniaco en sus creaciones, que, la vez, evocan la perspicacia soñadora de un Dostoievski en el retrato de las pasiones y las emociones. Verdaderamente absolutamente nadie conoció a esta mujer solitaria y también retraída, que se refugiaba en una máscara de hostilidad para huir de la gente. Nos quedan sus novelas y Ripley, ese personaje de las mil caras que podría ser el alter ego de la autora.

«Extraños en un tren»
Malvada y atroz, la primera novela de Patricia Highsmith no solo apresó a Alfred Hitchcock, que adquirió los derechos para llevarla al cine solo una semana tras ser publicada, sino además de esto inyectó al thriller una vaguedad ética y una profundidad sicológica bien poco o bien nada común en la novela negra de la temporada. Con los años llegaría el turbio Tom Ripley y la popularidad creciente, mas «Extraños en un tren» prosigue siendo la mejor puerta de entrada al cosmos Highsmith. Acá está, circulando sobre rieles, la historia de Bruno y Guy, 2 ignotos que coinciden en un tren y deciden matar cada uno de ellos al oponente del otro. Un crimen perfecto, sin móvil ni lógica aparente, y una magistral radiografía del bien y el mal y de los rincones más oscuros del humano. Por David Morán.

«Carol»

La escritora publicaba esta novela bajo seudónimo. En ella cuenta la relación homosexual entre una casada de clase alta y una joven vendedora de unos grandes guardes. El título, llevado al cine hace pocos años, termina dichosamente. Se trata de una narración autobiográfica, en tanto que Highsmith era una lesbiana promiscua que sostuvo relaciones con decenas y decenas de mujeres, de las que se enamoraba con exactamente la misma sencillez con la que rompía. Jamás tuvo un vínculo estable durante su vida. Por Pedro García Cuartango.

«El talento de Mr. Ripley»

Hay en sus trabajos un tema que aparece y resurge de forma obsesiva: la fascinación por el mal. O bien quizás sería más atinado decir la abolición de las fronteras entre el bien y el mal. Absolutamente nadie mejor que Tom Ripley, el más popular de sus personajes, representa esa forma de vivir en la que no hay límites morales ni freno alguno al deSeo o bien la ambición.

Highsmith se inspiró en Ripley para redactar 5 novelas, la primera de las que es «El talento de Ripley», publicada en mil novecientos cincuenta y cinco y llevada al cine por René Clement con el título «A pleno sol». La película tuvo un gran éxito, en especial por la interpretación de Alain Delon, que acierta a encarnar el turbio y equívoco arribista sobre el que vira la serie. No sería la primera película sobre la figura de este sorprendente personaje.

«El talento de Ripley» es una novela tradicional de suspense, mas asimismo un thriller sicológico pues más esencial que la acción son las motivaciones de sus 3 protagonistas, que se sumergen en un banal hedonismo para huir de un planeta en el que no han hallado su lugar. Por Pedro García Cuartango.

«Crímenes imaginarios»
Menos famosa que las que componen la serie de Ripley, y mucho menos todavía que «Extraños en un tren», «Crímenes imaginarios» tiene, no obstante, todos y cada uno de los ingredientes para podérsela conceptualizar una pequeña pieza maestra del género.

Como siempre en la Highsmith, el planeta limitado en que se mueven sus criaturas de ficción está presente asimismo en este libro. Si bien la acción se desarrolle en 3 escenarios diferentes -cercanías de Ipswith, Brihgton y sus aledaños y Londres- el centro radial apenas ocupa doce de personajes. Exactamente en un instante determinado, Patricia Highsmith se refiere a su protagonista con palabras aplicables a ella misma: «Pensaba que en la vida real la gente estaba más separada que conectada, y que la conexión de 3 o bien más personas en una novela es un artificio del autor, quien suprime al resto del planeta que no aporta nada nuevo».

En la mayor parte de las obras de la Highsmith, apenas existen los comparsas, o bien, en cualquier caso, se trata de unos comparsas que enseguida adquieren entidad propia y campan por sus respetos, si bien jamás oscurezcan la fuerte personalidad de los protagonistas. En «Crímenes imaginarios», este tiene por nombre Sidney Bartleby. Prosista y autor de guiones para la T.V., vive obsesivamente su vocación, hasta el punto de que en ocasiones le agrada concebir cosas que no existen más que en su cerebro. Como, por poner un ejemplo, que asesina a su joven esposa, Alicia, la que, entregada a su pasión por la pintura, decide ausentarse de su hogar por tiempo indefinido sin decir a absolutamente nadie donde se halla. Los progenitores, pasado un tiempo prudencial, deciden dar parte a la Policía de su desaparición, impulsados por determinadas sospechas, lo que produce situaciones inquietantes. No ya solo por culpa de Sidney, sino más bien asimismo de la propia Alicia, quien, cuando se entera de que la procuran decide mudar de personalidad y vivir de manera clandestina unos amores recién estrenados. Por Antonino González Morales.

«Suspense»
Se trata de un ensayo en el que la autora desgrana su proceso creativo, mas sin pretender transformarse en un manual de instrucciones, como misma advierte: «Muchos escritores principiantes piensan que sus colegas ya consagrados deben tener alguna fórmula mágica para lograr el éxito. El presente libro logrará, sobre todo, que se desvanezca esta idea. No hay secreto para lograr el éxito escribiendo, salvo la personalidad o bien, si se prefiere, la personalidad».

Se trata de la particular visión de Highsmith sobre de qué forma escribía novelas de misterio. Sin que falte alguna confesión: «El premio de los Mystery Writers of America lo tengo colgado en el baño, que es donde cuelgo todos y cada uno de los premios pues allá semejan menos pomposos». Por Antonio Fontana.

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