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Chusé Izuel y Félix Romeo, el rencuentro de 2 escritores fallecidos ya antes de tiempo

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Félix Romeo y Chusé Izuel se conocieron en el instituto de Zaragoza al que iban cuando eran pequeños. Habían nacido con solo unos días de diferencia en mil novecientos sesenta y ocho, y a lo largo de su niñez, cuando se ponían motes tomados de las novelas que leían, ya sabían que su camino estaría marcado por los libros. Romeo sería el que lo leería todo. De esta forma fue: con el tiempo se transformó en uno de los críticos literarios más esenciales del país, como probó en sus artículos publicados en ABC y en el programa «La Mandrágora». Izuel estaba destinado a ser el escritor talentoso. Siempre y en toda circunstancia de negro –camisa negra, pantalón de pinzas negro y americana negra–, cultivaba una pose de autor maldito cuando Ray Loriga o bien José Ángel Mañas eran todavía unos ignotos. «Hubiera sido un escritor bueno», conforme Romeo. Mas recién cumplidos los 24 años, un veintisiete de febrero de mil novecientos noventa y dos, se suicidó tirándose por la ventana.

Una rotura que jamás superó, los desvelos de una juventud preocupado, la estética del malditismo… en los pocos relatos que salvó de la papelera ya había ido adelantando su tormenta interior. «Supongo que no me agradan los finales felices», escribió. O: «Lo que me jode es que vas a ser quien me abandone, la que va a llegar un día en que no vas a poder proseguir soportándome…». En los cuentos de Izuel sus protagonistas, jóvenes, se juntan a tomar y fumar, avizorados por el desamor y la carencia de horizontes: «Tengo 24 años y soy un anciano que agoniza». La palabra suicidio asimismo lo rondaba: «Una cuestión la del suicidio que, quiérase o bien no, se esté absolutamente en contra de él o bien se contemple como último acto libre del individuo, tiene un elevado grado de atracción para el ser humano».

Fue Romeo quien, un par de años tras la muerte de su amigo, reunió para Ediciones Libertarias dieciséis relatos en «Todo prosigue tranquilo», donde unos pocos –el volumen se quedó en el campo aragonés– pudieron descubrir a un autor influido por la corriente «sucia» de Carver o bien Bukowski, con determinado dominio del diálogo para haberlos escrito entre los dieciocho y veintidos años, y que supo retratar los anhelos rotos de quienes fueron adolescentes en los ochenta. Y nuevamente Romeo fue, en «Amarillo», quien lo envolvió en un aura de culto con un libro que se adelantó a la tendencia de la literatura autoconfesional. «¿De qué forma no me percaté de que te ibas a suicidar?, ¿por qué razón tu muerte me generó un alivio tan grande?», se pregunta, y acaba reconociendo: «Tu muerte fue una bendición para mí: no habría vuelto a redactar si hubieses seguido vivo». Con este libro, el último que publicó en vida, aceptó asimismo el rol de escritor talentoso, y de este modo ha sido desde dos mil once, cuando murió por un infarto.

El director Jonás Trueba, editor convidado de Caballo de Troya, se ha propuesto recobrar los textos de Izuel, y en una resolución discutida lo ha escogido para abrir el catálogo de este dos mil veintiuno con un volumen que agrega 3 relatos nuevos al que salió en mil novecientos noventa y cuatro. Ninguno de los editores precedentes se había audaz a publicar en un sello reservado a autores noveles la obra de uno fallecido treinta años atrás. «Me hago cargo de la decisión», afirma Trueba en su declaración de pretensiones, «cada vez estoy más persuadido de que las obras de creación que valen la pena trascienden la actualidad de cada instante, y me da la sensación de que «Todo prosigue sosegado» todavía está vivo y nos prosigue diciendo cosas esenciales, si bien sean cosas que nos asusten».

El nuevo patrón de Caballo de Troya, que el día de ayer presentó un catálogo que apuesta además de esto por Julieta Valero, Auxilio Giménez, Andrés Di Tella, Alejandro Simón Partal y Bárbara Mingo, no es un recién llegado al negocio editorial. Él publicó «Amarillo» en dos mil ocho cuando estaba al frente de Plot, el sello que crearon los Trueba para editar libros de cine y que ahora, en su refundación, ha vuelto a apostar por Romeo con la reedición del libro sobre Izuel y otro que incluye las 4 novelas del autor aragonés. Pilar Torres, editora de Plot, piensa que esta coincidencia deja un diálogo muy propicio: «»Amarillo» piensa y repiensa a Izuel, su obra, todo cuanto ocurrió después». Romeo financió la primera edición de «Todo prosigue tranquilo», lo sostuvo vivo con un libro de duelo de referencia y nuevamente podrá regresar a conversar con él en las librerías.

La nueva cosecha de Caballo de Troya
El editor convidado de Caballo de Troya para este dos mil veintiuno, el director de cine Jonás Trueba, presentó el día de ayer los 6 títulos que ha escogido en un catálogo que resalta por inaugurarse con la obra de un autor fallecido hace prácticamente treinta años: Chusé Izuel, que se suicidó a los veinticuatro años, con un puñado de relatos escritos mas que no publicó en vida. «No era lo aguardado iniciar el año con un autor muerto», reconoció Trueba, puesto que el espíritu del sello integrado en Penguin Random House tiene como misión publicar a autores noveles, mas defendió que «Todo prosigue tranquilo» sirve a fin de que los lectores puedan ver la diferencia que hay entre «ser joven el día de hoy y serlo en los ochenta-90».

A la primera edición del libro de Izuel, publicada en mil novecientos noventa y cuatro, Trueba le ha añadido otros 3 relatos que ha localizado merced a la expareja del autor y ha reordenado su predisposición. «Todo prosigue sosegado retrata la juventud rota de la temporada, con reminiscencias del realismo sucio que entonces comenzaría a despuntar. «La mayoría de los cuentos tienen un malditismo juvenil y este libro flirtea con eso», explicó el editor convidado de Caballo de Troya. Los relatos están protagonizados por jóvenes que ahogan sus descalabros cariñosos en alcohol y flirtean con la idea del suicidio al son de canciones de Los Ramones o bien Nirvana.

En conjunto son 6 los libros que van a ir publicando a lo largo del año: «Todo prosigue tranquilo», de Izuel; «Niños aparte», de Julieta Valero; «Casa se busca», de Auxilio Giménez; «Cuadernos», de Andrés Di Tella; «La parcela», de Alejandro Simón Partal, y «Vilnis», de Bárbara Mingo. «No son libros de escritores noveles, o bien no exactamente», afirmó Trueba. Si bien los autores sí se estrenan en narrativa, ciertos ya habían publicado poesía, como Simón Partal o bien Valero. «No los siento como escritores noveles, sino más bien como libros de escritores maduros», agregó.

Tras la «cosecha rosa» de Luna Miguel y Antonio J. Rodríguez, los editores convidados a lo largo de los 2 últimos años, Trueba se ha distanciado de las tendencias actuales y ha preferido apostar por libros que «son muy diferentes unos de otros». Explicó que «están escritos sin atender a tendencias o bien tendencias, están sobre todas las cosas eso, tienen algo de tradicional y moderno». La condición principal era que fuesen libros para compartir: «Cuando leo me agrada meditar en amigos a los que les agradaría lo que leo. Estos son los libros que me hubiese agradado que me regalasen y que me agradará regalar».

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