CulturaClarines de gloria para la madurez de Daniel Luque

Clarines de gloria para la madurez de Daniel Luque

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A cualquier persona con sensibilidad que visita por vez primera la Plaza Real de El Puerto de Santa María, le impresiona la solemnidad de esta catedral de la tauromaquia: las viejas puertas, el azulejo con la insigne oración de Gallito, los alegres colores marineros, el gran redondel… Ya antes de iniciar el festejo, suena un impresionante toque de clarín, el llamado ‘Despeje de plaza’. Lo ejecutan dos clarineros, ubicados, sobre unas escalerillas, en la parte trasera del palco presidencial, vestidos de gala: casaca y pantalón negro, con vueltas en colorado, galones dorados, sombrero bicorne, zapatos de charol. Si bien seamos ignorantes en historia de la vestimenta, nos trasladan al siglo XIX, poco tras ‘la Pepa’, la Constitución de Cádiz: cuando nace la España liberal, la nación moderna que ciertos insensatos desean ahora deshacer. Suenan los potentes toques de clarín, da gloria ver el histórico chisme lleno de público variado: jóvenes y viejos; portuenses y turistas. Todos, unidos por la ilusión de participar juntos en esta liturgia de belleza que es una corrida, en esta Plaza Real. Es bastante difícil progresar el cartel de esta tarde, 3 de los diestros que están en su mejor instante, mas los toros de Cuvillo ofrecen muy pobre juego, si bien den la vuelta al ruedo al quinto. Solo Daniel Luque consigue recortar las dos orejas a ese toro, en una faena que se inventa. Morante choca con un lote totalmente infumable. Roca Rey pincha una admisible faena. Este es el año de Morante. ¡Qué lejos quedan los tiempos en que se le tenía por un matador ‘artista’! Ahora, es un lidiador tradicional. Sorprende a todos recibiendo con una larga cambiada al primero, que es una birria: manso, suelto, flojo, queja cabezazos. Hace unos años, le hubiese durado medio minuto. Ahora, le da la lidia conveniente, con torería, le busca las vueltas: bellos ayudados por bajo, algún derechazo, habilidad y gracia para salirse, en los instantes de apuro, y se tira a matar de veras. ¿Hay quien dé más? La gente lo ha saboreado, como un buen vino de la tierra. El cuarto es otro mulo que pone en apuros a los banderilleros: Morante hace un quite oportuno, saliendo con la muleta. El toro no tiene un pase. José Antonio no se lo da y mata con habilidad; bronca fuerte al toro y palmas al matador. El Puerto de Santa María Plaza Real. Sábado, cinco de agosto de dos mil veintidos. Cartel de No hay billetes. Toros de Núñez del Cuvillo, salvo los manejables 3º y 5º, mansos y deslucidísimos, si bien den la vuelta al ruedo al 5º. Morante de la Puebla, de malva y oro. Estocada y descabello. Aviso (solicitud y saludos). En el cuarto, estocada y descabello (silencio). Daniel Luque, de verde y azabache. Buena estocada (palmas). En el quinto, gran estocada (dos orejas). Sale a hombros. Roca Rey, de naranja y azabache. Dos pinchazos y estocada (saludos). En el sexto, estocada caída (palmas de despedida). Daniel Luque triunfó en Sevilla, es, ya, uno de los diestros más capaces. Precisa, eso sí, toros serios, encastados; sin ellos, su poderío semeja superfluo. El segundo se raja de manera escandalosa desde el principio. Se la juega con los palos Juan Contreras. No existe nada que hacer salvo mostrarlo y matarlo bien, como hace Luque. El quinto afirma muy poco mas es manejable. Daniel torea sereno, mandón, lentísimo. Termina haciendo con el toro lo que le da la real gana y pone al público en pie con las luquecinas. Gran estocada: dos justas orejas para un matador en totalidad y descabellada vuelta al ruedo a un caso de toro ‘moderno’, por el hecho de que ‘se deja’ (¡qué horror!). Roca Rey ha escogido su papel, lo cumple de forma perfecta. Es el diestro más taquillero, sale a hombros prácticamente todas las tardes: un huracán, un ‘rayo que no cesa’ (como el título de Miguel Hernández). ¿Dejan honda huella esos triunfos en los apasionados exigentes? Ya va a llegar esa etapa: tiene capacidad para esto. En el tercero, que va largo y veja, borda el toreo a la verónica de salida, toreando mejor de lo que acostumbra a. Con la muleta, muestra su sencillez, cabeza y aguante, mientras que el toro dura; cuando se termina, recurre a los invertidos, que tan poco me agradan. La gente está con él mas falla con la espada: le pasa por el hecho de que avanza las dos manos a la vez, sin hacer bien la cruz. El último flaquea, mansea, queja, queda corto. Antes que el diestro se luzca, cantan por bulerías: ¡bueno!… Roca Rey se justifica con técnica y valor, mata caído. MÁS INFORMACIÓN nueva No Gran toreo tradicional al natural de Escribano Entre un lamento triunfante, sacan a hombros a Daniel Luque, tras su gran faena. Rubén Darío hubiese variado un tanto su ‘Marcha triunfal’: «En El Puerto se oyen los claros clarines… / Ya viene, oro y seda, el cortejo de los paladines, / la gloria solemne de los matadores / que el paso compasan con ritmos marciales. / ¡Tal pasan los buenos toreros / debajo los arcos triunfantes!»

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