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Códices iluminados: los libros donde se reflejaban plantas para expulsar al diablo

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El medievo , un periodo de la historia tan lamentablemente injuriado, produjo cierta confusión en la denominación de las plantas medicinales , ya que la mixtura de etnias complicaba en extremo contar con de una herramienta de comunicación. Y es que a lo largo del periodo tardomedieval una misma planta medicinal adquiría diferentes nombres conforme el país en el que nos encontrásemos y dentro de él en las diferentes zonas geográficas, lo que podría conducir a graves equivocaciones. Una solución habría sido crear diccionarios multilingües, en donde se conservasen los textos helenos y latinos originales agregando el nombre de los palabras en las distintas lenguas romances. No obstante, se optó por una solución más fácil y de consulta más veloz, por lo menos en su aspecto visual: representar las distintas plantas con enorme detalle y precisión a fin de que los profesionales pudiesen reconocerlas sin inconveniente. De este modo aparecieron los thesarus (del heleno tesauro , tesoro) ilustrados de botánica, en donde la imagen adquiría todo el estrellato en menoscabo del texto. Allá las imágenes de las plantas, a veces yuxtapuestas, ocupaban la totalidad de los folios y junto a ella aparecían lacónicas leyendas. Plantas expulsa diablos La misión de los códices alumbrados no era otra que asistir a físicos –nombre con el que en aquel momento se conocía a los médicos- y boticarios a identificar las plantas medicinales. Un claro ejemplo de estas bellezas miniadas fue el ‘ Tractatus de Herbis ‘, un manuscrito fechado en torno al año mil cuatrocientos cuarenta y que hoy día se conserva en la British Library de la ciudad de Londres. Contiene más de doscientos folios de gran formato, en donde se recogen prácticamente quinientos dibujos policromados, de enorme suntuosidad, de plantas y animales. Fue elaborado en la zona de Lombardía y entre sus páginas podemos hallar exquisitas representaciones, como una en la que se nos enseña como el hipérico ( Hypericum perforatum ) es capaz de expulsar al diablo. La explicación de esta escena se fundamenta en que cuando se quema el hipérico, un ejemplar de vistosas inflorescencias amarillas, genera un propio fragancia que, conforme las leyendas, es capaz de repeler al mismísimo Satanás. Una fábula que favoreció que al hipérico asimismo se le conociese a lo largo de un buen tiempo como ‘ Fuga Daemonium ‘ (expulsa diablos). En el ‘Tractatus herbis’ asimismo es de enorme belleza una ilustración en la que aparece un hombre orinando en un recipiente u otra en la que un individuo desnudo tiene per cápita una raíz de mandrágora. Herbarios renacentistas Con la llegada del Renacimiento se empezaron nuevas traducciones, se ampliaron los estudios y, sobre todo, brotaron obras con comentarios a los tratados tradicionales. En esta temporada resaltó la figura de Pietro Andrea Mattioli (mil quinientos uno-mil quinientos setenta y siete), un reputado médico sienés mientras que un sacrificado estudioso de la herbaria. Mattioli describió más de cien nuevas especies y reguló la botánica médica de su temporada que cristalizó en un tratado titulado «Discorsi de la Materia Medica de Dioscórides», en donde se efectuaban interesantes comentarios al conocido libro del médico romano. La primera edición de esta obra apareció en italiano a mediados del siglo XVI, a ella proseguirían traducciones en latín, checo, alemán y francés a lo largo de las décadas siguientes. Fue un tratado revolucionario, ya que Mattioli no solamente se limitó a redactar extensas puntualizas desde su experiencia personal, sino asimismo añadió otras especies que no figuraban en aquel libro. Entre esas contribuciones se incluye, por servirnos de un ejemplo, una pluralidad de tomate que ya se estaba cultivando y consumiendo en el Viejo Continente. MÁS INFORMACIÓN nueva No El tacto y la vista están unidos ya antes de nacer nueva Si Cuentan las hormigas del planeta, y hay más de veinte billones Tiempo después Gherardo Cibo (mil quinientos doce-mil seiscientos), un señalado artista y botánico italiano, eligió ciertos textos del Discorsi de Mattioli y los ilustró con más de ciento sesenta miniaturas de plantas y pasajes, efectuando una composición que, aún a día de hoy, deslumbra por su belleza. En su obra se nos muestran las plantas objetivo del estudio en un primer plano, y un paisaje con imágenes humanas en el fondo. SOBRE EL AUTOR Pedro Gargantilla es médico internista del Centro de salud de El Escorial (la capital española) y autor de múltiples libros de divulgación.

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