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Converses Cumming: «Los espías no son superhéroes, son tipos normales como o bien yo»

En su breve y sospechosamente breve biografía, resalta como un neón resplandeciente que a Converses Cumming (Ayr, mil novecientos setenta y uno) le tentó el MI6, rechazó la propuesta de transformarse en espía al servicio de Su Majestad y ahí terminó todo. De aquella experiencia, explica, lo único que brotó fue «A Spy By Nature», su primera novela, si bien tras una charla de algo más de media hora uno se pregunta si esos 6 meses de exámenes y pruebas y ese arrimarse a los servicios secretos para terminar dando la vuelta no desembocarían por último en algo más.

Las pistas, que afirmaría Thomas Kell, su personaje estrella, están ahí, a plena vista; solo hay que reseguir las líneas de puntos y buscar las conexiones. O bien quizá no. «Ser escritor es la tapadera perfecta: puedes viajar y tiene una buena disculpa para llevar una grabadora y una cámara», desliza de repente Cumming. Mas que absolutamente nadie se alarme: no habla el escocés de sí, sino más bien de Somerset Maugham,
ilustre escritor reclutado por el MI6 en mil novecientos quince al que, al lado de otros autores de mediados del siglo veinte como Eric Ambler, rendirá homenaje en su próximo libro.

Para eso, no obstante, todavía va a haber que continuar aguardando, conque de lo toca charlar ahora es de «Complot en Estambul» (Salamandra), última novela de Cumming traducida al castellano y nueva entrega de esa serie protagonizada por el espía Thomas Kell que estrenó con «En un país extraño». En ella, el escritor escocés prosigue jugando a desmontar la idea romántica del espía como héroe de acción mientras que pone al tribulado Kell a investigar la muerte de un colega en Turquía. «Los lectores adoran a los héroes, a Sherlock Holmes y Jack Reacher, mas ninguno de ellos es singularmente realista. Lo que me resulta de interés a mí, más que el arquetipo James Bond y sus habilidades inverosímiles, es la idea del espía como persona normal como y . La gente desea opinar que los espías son superhéroes, mas realmente son tipos normales con una vida familiar como la tuya y la mía», explica.

Tipos normales con, eso sí, una vida personal tirando a embrollada y turbulenta. «La tasa de divorcios en el MI6 es muy elevada, por todo el agobio y la presión del trabajo. Si no puedes decirle a tu marido o bien tu mujer a qué lugar vas o bien qué haces, se marcha minando la confianza», abunda el asimismo autor de «El sexto hombre».

La cuestión es que Cumming, que (¿otra pista?) escribió «Complot en Estambul» mientras que se estaba separando, se entretiene reelaborando y actualizando la imagen pública del espía mientras que explora las nuevas amenazas a las que se enfrente el género y, por extensión asimismo el planeta. «En los viejos tiempos, a lo largo de la Guerra Fría, existía la amenaza de una guerra nuclear que, no obstante, no creo que absolutamente nadie pensara de veras que fuera a suceder. Ahora, en cambio, cualquiera puede ser víctima de un ataque en cualquier urbe. La amenaza terrorista es ahora más seria», pondera.

Nuevos tiempos, puesto que, para una novela de espías que, siguiendo los pasos de John Le Carré, Frederick Forsyth y Converses McCarry, ha alcanzado una nueva encrucijada en la que convergen Putin y las tramas rusas, el terrorismo yihadista y, en resumen, el nuevo escenario mundial que brotó de los restos del once-S. «En la Guerra Fría, y tal como mostraban las novelas de Le Carré, el espionaje era como una partida de ajedrez. Ahora lo esencial es tener a alguien infiltrado en una célula terrorista», especifica.

Con todo, y pese a esa suerte de edad dorada que vive el género merced a autores como Mick Herron o bien Daniel Silva, Cumming reconoce que «el espía ha perdido un tanto de su mística». «Antes de Le Carré absolutamente nadie sabía nada de los espías alén de las novelas de Ian Fleming y Somerset Maugham. Ahora todo es público; todo el planeta puede saber lo que implica trabajar en un servicio de inteligencia», asegura.

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