David Lagercrantz: «En el poder hay demasiada testosterona»Educación 

David Lagercrantz: «En el poder hay demasiada testosterona»

A David Lagercrantz (Solna, Suecia, mil novecientos cincuenta y dos) se le ve apacible. Y, créanme, eso es mucho decir tratándose de él. De espíritu inquieto, es un hiperactivo de libro. Mas estos días su rictus está relajado. Tiene la cara con la que uno vuelve al trabajo tras el reposo vacacional. Solo que, en su caso, las vacaciones van a ser perpetuas. Por lo menos en lo referente al mayor reto de su carrera: la continuación de «Millennium», una de las sagas literarias más triunfantes de los últimos tiempos. Firmó para sumar una nueva trilogía a la que dejó escrita Stieg Larsson, y de esta manera ha sido. El punto y final de su periplo con Lisbeth Salander y Mikael Blomkvist se titula «La chavala que vivió 2 veces» (Destino) y llega el día de hoy a las librerías españolas. ABC charla en exclusiva con el escritor sueco mientras que recorre, por última vez, los escenarios primordiales de la serie en Estocolmo.

¿Qué supone tener que poner el punto y final a una saga como la de «Millennium»? Me imagino que va a ser una gran responsabilidad…

Sí, era una responsabilidad comenzar y asimismo lo ha sido terminarla.

Prácticamente más, eso de tener la última palabra…

Sí, conforme iba escribiendo me iba dando cuenta de que me aproximaba al final y me ponía poco a poco más inquieto.

¿Y está orgulloso de lo logrado?

Ahora me encuentro en un estado en el que me siento satisfecho con el final, mas conforme van pasando los días comienzo a dudar.

¿Qué clase de dudas le brotan?

Las dudas van con el oficio de escritor, las dudas te hacen ser un autor más serio, un mejor autor.

Tal vez en este último libro es donde se percibe menos crítica social, semeja que se ha centrado más en divertir al lector, no tanto en la demanda.

Es curioso, pues es una cosa que me afirman todos y cada uno de los periodistas…

Bueno, por algo va a ser, entonces…

Yo sí creo que en la novela hay bastante crítica social sobre esta sociedad que está repleta de patrañas. Mas, de todas maneras, la finalidad última es que haya una historia que enganche al lector.

Que le entretenga.

Sí, mas que le haga meditar, que le produzca dudas. No solo hay que redactar algo que sea como un dulce que te comes y ya; ese dulce debe repetirse un tanto, debe dar que meditar.

En la novela están muy presentes las noticias falsas, esos «trolls» capaces de orquestar campañas de desinformación para desacreditar a personalidades públicas, e inclusive de inclinar los resultados de unas elecciones. Vivimos unos tiempos emocionantes desde la perspectiva de la ficción, como materia narrativa, mas horribles para vivirlos…

La realidad es la enorme inspiradora de la ficción, de ahí salen las ideas. Por otro lado, esa era la esencia de Stieg Larsson. Como autor, siempre y en toda circunstancia debes buscar un equilibrio entre la actualidad y las cosas atemporales, lo que siempre y en toda circunstancia está ahí.

Con una diferencia respecto a Stieg Larsson: nuestra realidad, ahora, es considerablemente más convulsa.

Mi sensación es que la democracia jamás ha estado tan expuesta ni tan conminada como ahora, y sus primordiales amenazas son los populismos y lo políticamente adecuado. Tenemos a Trump, un presidente de E.U. completamente irracional que afirma que los cronistas son los contrincantes del pueblo. Están Hungría, Polonia, China, Rusia… Hay muchos ejemplos, actualmente, que patentizan que la democracia está expuesta, conminada. Es realmente preocupante.

¿Le pasa a como a Mikael, que está «harto de las noticias y del lamentable desarrollo político del mundo»?

Me desespera. ¿De qué forma posiblemente tanta gente pueda pensar en cosas que son una insensatez?

¿Y qué nos ha pasado en los últimos tiempos a fin de que populistas y extremistas hayan conseguido tanto estrellato, tanto poder?

Los primordiales culpables son las redes sociales, que producen unas campañas de odio tremendas. Asimismo estamos muy enfadados con las elites desde la crisis del dos mil ocho. Además de esto, la inmigración que procede de Siria, esencialmente, ha provocado mucha tensión.

¿Podemos hacer algo para revertir esa situación?

Hay que batallar por la libertad de expresión y contra las campañas de desinformación, las «fake news». Si asfixiamos la libertad de expresión, vamos a ser considerablemente más víctimas de las redes sociales. Semeja que ahora tenemos una capacidad tremenda para seleccionar a líderes desastrosos. Deben dejar de atraernos esos perfiles narcisistas. En el poder, en la política, hay demasiada testosterona, precisamos a más mujeres.

Ya antes ha citado a Trump. Es curioso, pues en el libro el personaje de Engelman me recuerda un tanto a él y Klara a Melania…

(Ríe) Un poco… No lo pude eludir, me sentí tentado y no lo pude eludir. Prosigo mucho la política estadounidense y se coló ahí.

Ahora que habla de testosterona, una de las demandas que sí se sostienen en la novela es la de la violencia contra las mujeres. Podríamos decir que Lisbeth Salander es uno de los grandes personajes feministas de la literatura en las últimas décadas, una superviviente de ese planeta lleno de testosterona.

Completamente, Lisbeth es una luchadora feminista. El feminismo, el ardor por la lucha feminista, siempre y en toda circunstancia fue uno de los baluartes de Stieg Larsson.

Y tomó su testigo.

Desde hace bastante tiempo, creo que cuando nacieron mis 2 hijas, lo viví como un encargo, como una misión que me habían encomendado, era lo que debía hacer.

Y, desde esa situación, ¿qué opina de la violencia contra las mujeres?

Es una lacra horrible. Hay que enseñar a las mujeres a fin de que afirmen que no, mas sobre todo instruir a los hombres dónde se encuentra el límite. Por fortuna, el movimiento #MeToo ha hecho que las cosas cambien mucho. Estamos en el buen camino cara una sociedad igualitaria.

Ojalá…

Soy optimista, mas sí, ojalá…

En el libro habla de «un Estocolmo nuevo y roto» al que «todo el planeta se ha habituado en poquísimo tiempo». ¿De qué manera ha sido el cambio experimentado por esta urbe, que ya antes era la envidia de toda sociedad que aspirase a ser ejemplar?

Es una señal de que algo se ha roto en la sociedad. La primera vez que vi a un mendigo solicitar en la calle, tenía 12 años. Ahora, todo ha alterado mucho, pues en cualquier una parte de Estocolmo ves a gente pidiendo. Suecia era la sociedad del bienestar, nos cuidábamos unos a otros, era una sociedad ejemplar, y eso es una cosa que duele mucho en el ánima del país.

¿Y por qué razón ha pasado eso, a qué se debe ese cambio?

Ahora los inconvenientes de la sociedad se ven más… Tenemos el inconveniente de la inmigración… No sé qué ha podido ocurrir… Tenemos un sistema de salud mental que falla… No lo sé, mas algo se ha roto y ha hecho que todos y cada uno de los inconvenientes sean más visuales. Las diferencias sociales han aumentado de forma trágica.

Tanto Lisbeth como Mikael han alterado, han evolucionado. En el libro, a ella se le ve más humana y a él más sosegado, aun los dos están prestos a enamorarse. ¿Ha alterado asimismo con ellos?

(Ríe) Desde entonces, todo este viaje me ha alterado.

¿Le ha hecho mejor escritor?

Sí, naturalmente. Yo fui cronista y toda esa presión de la herencia de Stieg Larsson me ha motivado, me ha hecho mejor escritor. A lo largo de todo este tiempo he recibido muchos puntos de vista nuevos, mucha información.

¿Se le ha aparecido mucho el espectro de Stieg Larsson durante estos años?

Completamente. Mas ahora me marcho a liberar, saldré al planeta por mí. Como bien ha dicho, me he tolerado el lujo de mudar tanto a Lisbeth como a Mikael, esa ha sido mi huella.

Y, una vez acabada su trilogía, ¿qué le distingue de Stieg Larsson y qué le acerca a él? ¿Piensa que ha conseguido crear su cosmos, su planeta en los cimientos que puso?

El ánima de Stieg Larsson está en lo político, en la demanda social, y estoy más centrado en lo sicológico, ahí está mi sello. Como soy más enclenque, más neurótico, los personajes son más neuróticos asimismo, más frágiles.

A propósito, en esta novela Mikael lee a Elizabeth Strout. ¿Usted a quién lee?

A Elizabeth Strout (ríe). Cuando leí «Mi nombre es Lucy Barton» (publicado en España por Duomo) creí que era completamente refulgente. Volví a leerla y se la aconsejé y obsequié a bastante gente. Es tan buena que debía mentarla en el libro. Es un cambio, pues ya antes Mikael leía novela negra…

Al final, sin desvelar nada a los lectores, tanto Lisbeth como Mikael llegan a la conclusión de que están ya listos para comenzar nuevamente, para encarar algo nuevo. ¿Usted asimismo?

Sí, sí, sí, ahora voy a iniciar algo nuevo.

¿Y de qué manera se desprende un escritor de un planeta tan poderoso como el de «Millennium»?

Ya escribo nuevamente, conque estoy muy pendiente a fin de que nada se cuele, que no se contamine. Deseo crear algo nuevo, personajes extremos mas de otro modo.

¿Puede adelantar de qué se trata?

Una de las ideas que estoy barajando es escribirlo tal y como si fuera una mujer, y eso es un reto bastante grande. Las mujeres que me rodean deberán decirme si es una insensatez o bien no.

¿Estamos frente al final terminante de «Millennium»?

Para mí es el final, claramente, indudablemente, desde entonces. Y deseo aprovechar mi energía para iniciar algo nuevo.

ARTICULOS RELACIONADOS

Leave a Comment