Dolor y soledad en el corredor de la muerteCultura 

Dolor y soledad en el corredor de la muerte

Una buena parte de los instantes siguientes al cierre de esta novela se pasan meditando sobre por qué razón un tema tan bueno, y una escritura de notable calidad puedan haber sido desaprovechados de forma tan literariamente ingenua. La ingenuidad procede de haber pensado que una trama de tremenda originalidad bastaría sin tomar en consideración que un buen tema no es suficiente, y en muchas ocasiones, como es el caso, puede aun atenazar el desarrollo estético, si no se ha tenido en cuenta la regla de la verosimilitud interna. El razonamiento que Perezagua presenta tiene 2 fuentes de poderosa realidad: la primera, el comercio con órganos humanos que ha amparado la corrupción de cuerpos policiales chinos a lo largo de décadas como resultado comercial de las purgas a un conjunto religioso disidente, al que llevó no solo a su exterminio en salas de tortura sino más bien al aprovechamiento de sus riñones o bien corazón, que eran extraídos estando las víctimas con vida. Ha hecho bien Marina Perezagua en documentarse y ofrecer las fuentes primarias o bien ensayos académicos que le han servido de base.

2 novelas en una
El otro soporte que le arranca las mejores páginas, es la historia que relata en primera persona Robyn, una joven que ha sido condenada a muerte en el Estado de Texas por matar a su madre cuando tenía dieciséis años. A través de ciertos «flash back», por la correspondencia que sostiene con su padre, y sobre todo por declaraciones de ella misma, sabemos la historia que la ha llevado al corredor de la muerte. Mas lo esencial no está en esa historia precedente, sino más bien en las muy agudas reflexiones sobre la vida, la condición humana, el dolor, la soledad, y la demanda de las muchas situaciones de tortura que la condenada ha sufrido sin que la novela ahorre testimonios documentados de formas de vida y ejecución. No solo es que el sistema penitenciario sea el horror, sino la novela consigue trasladar realmente bien, con un dictum entre lírico y onírico, la hipocresía social que mantiene la pena de muerte.

Se denuncian muchas situaciones de tortura y la hipocresia de la pena de muerte

Este personaje y el desarrollo de la situación ha sido un acierto de Perezagua, con múltiples instantes culminantes como la experiencia contada sobre la caja de castigo sin sonido alguno, que hace que el condenado únicamente tenga acceso a los latidos de su corazón. Va a haber imaginado el lector de esta crítica donde reside el problema: en haber querido desposar las dos historias de forma que el tema de los trasplantes se traslada al acuerdo que Robyn establece con su padre, quien por su parte le va a haber prestado a cambio sus ojos, puesto que a lo largo de dieciséis años no había podido ver.

Tanto la deriva paternofilial de la trama como el link con su amado Zhao, es nieto de uno de los chinos torturados, y cuyo corazón, o bien su «chen», es el de Robyn, logra que estos 2 buenos pivotes hayan sido llevados a resultados inverosímiles y también ingenuos, que dejan lastrada la verosimilitud de una novela que ha estado a puntito de ser buenísima. Bastaría que no hubiese querido meter 2 novelas en una, o bien que la literatura fuera alén de la vida posible. Puede hacerlo, claro, mas el lector queda entonces fuera, lamentando que 2 poderosas tramas y una cuidada escritura personal se hayan desperdiciado de tal forma.

«Seis formas de fallecer en Texas». Marina Perezagua
Narrativa. Anagrama, dos mil diecinueve. doscientos ochenta y uno páginas. dieciocho con noventa euros

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