El ahorro familiar, esperanza para la restauraciónEconomía 

El ahorro familiar, esperanza para la restauración

La tasa de ahorro de los hogares se ha disparado a lo largo del confinamiento. Pese a que muchas son las familias que han visto reducidos sus ingresos, la mayor parte de las inmersas en ERTE, puesto que la prestación pública no cubre las rentas salariales que se dejan de percibir, el caiga del consumo se ha traducido de manera automática en un aumento del ahorro, que conforme el Instituto Nacional de Estadística, superó los tres mil millones de euros en el primer trimestre del ejercicio, que solo incluye 15 días de confinamiento. Un hecho inducido no solo por el hecho de que el confinamiento reducía sensiblemente las posibilidades de consumir (no se podía viajar, ni ir a bares, ni a restaurants, ni a tiendas, no se podían hacer obras en casa…), sino más bien asimismo por la inseguridad generada por la situación y el temor al futuro. Y que puede suponer asimismo un impulso a la restauración en la que estamos inmersos.

Si a lo largo de los meses de abril y una buena parte de mayo el grueso del consumo familiar se ha centrado en la nutrición, poquito a poco la reapertura ha ido diversificando el gasto, mas no cabe duda de que ni ha vuelto ni seguramente volverá en el periodo estival a los niveles de años precedentes. Si bien muchas familias procurarán hacer alguna escapada, nada que ver con los planeados viajes de ejercicios pasados. Seguramente va a ser la en otros instantes olvidada España rural la que más apreciará este verano la afluencia de visitantes de grandes urbes que años atrás escapaban a la costa o bien al extranjero. Y es obvio que es más asequible veranear en el pueblo, que en la ciudad de Nueva York, París o bien Roma. Además de esto, si bien se ha acabado el estado de alarma y las fronteras se han abierto por lo menos a ciertos países, aún muchas son las limitaciones actuales que complican regresar a nuestra vieja vida e inclusive consumir como lo hacíamos ya antes de la maldita pandemia, lo que va a suponer que seguramente en estos meses proseguiremos incrementando nuestro ahorro.

Hay quien afirma que la pandemia ha probado que una buena parte de nuestro consumo es inducido. Y seguramente tengan razón. Asimismo apuntan que este tiempo nos ha ayudado a percatarnos de que no precisamos tanto, de que podemos vivir de manera perfecta sin adquirir ni tanta ropa, ni tanta colonia, ni tanto maquillaje,ni, ni, ni… que se puede tomar una cerveza en casa, o bien una buena comida… Honestamente, creo que la pandemia cambiará ciertas cosas, mas la mayor parte de nuestros hábitos de consumo y de socialización se sostendrán. Por consiguiente, este ahorro embolsado puede ser una buena ocasión para reactivar el consumo si los nubarrones que se ciernen sobre nuestra economía logran despejarse o bien, por lo menos, reducir. En contraste a la crisis financiera de dos mil ocho, esta coge a las familias menos endeudadas y mejor preparadas que lo estaban entonces para encarar la que se nos viene encima. Otro cantar es lo que pasa con las compañías, que han disparado su solicitud de créditos a lo largo de estos meses, y qué decir de las Administraciones Públicas, que, conforme el Banco de España, pueden llegar a disparar sus números colorados hasta el ciento treinta por ciento del Producto Interior Bruto. Mas eso da para otro artículo.

Las cifras: conforme el Instituto Nacional de Estadística entre enero y marzo, con solo quince días de confinamiento, los hogares aumentaron su renta libre bárbara un uno con dos por ciento , hasta ciento setenta y seis mil trece millones, y su gasto en consumo se situó en diecisiete mil doscientos cincuenta y uno, un cinco con dos por ciento menos, de manera que ahorraron tres mil cuarenta y tres millones, en frente de los ocho mil quinientos cincuenta y uno que se endeudaron en el primer trimestre de dos mil diecinueve.

El ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, Jose Luis Ábalos – EFE
Ábalos arrastra los pies con el campo aéreo
Mientras que nuestros primordiales asociados europeos (Francia, Alemania, Italia y Portugal) han destinado ya más de veinte millones de euros a resguardar y asistir a sus aerolíneas, el Gobierno de Sánchez se lo prosigue pensando. Esta semana ha ido el ministro de Transportes, José Luis Ábalos, a Bruselas a charlar del tema con la comisaria del ramo y a pedir un fondo de solvencia común para el ámbito, que está realmente bien. El inconveniente es que, como toda vez que se trata de nuestras empresas, el Gobierno va arrastrando los pies, y mientras que Europa pone o bien no en marcha ese fondo, las compañías aéreas alemanas, francesas, italianas o bien lusas cuentan con ayudas de las que las españolas carecen.

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