«El ángel del olvido»: ¿Quién soy ?, ¿A qué sitio pertenezco?Cultura 

«El ángel del olvido»: ¿Quién soy ?, ¿A qué sitio pertenezco?

Maja Haderlap (Eisenkappel-Vellach mil novecientos sesenta y uno), perteneciente a la minoría eslovena de la zona austriaca de Carintia, fronteriza con la vieja Yugoslavia, es la autora de un embriagador y poético libro, de viso autobiográfico, «El ángel del olvido», que bucea en las raíces más dolorosas de su pequeña comunidad. Unas bolsas de cultura propia y de lengua diversa a la mayoritaria, en un caso así el alemán, con fuerza preservadas en ciertos lugares de la Europa central. En Austria, las preciosas montañas de Carintia, cobijan una comunidad de campesinos eslovenos desde la noche de los tiempos, que asimismo es el caso de la comunidad germana del Banato, en Rumanía, remembrada de forma magistral por la premio Nobel Herta Müller. Unas sociedades rurales, de férreas identidades y de costumbres propias, encerradas en sí, que marcarían a los suyos desde pequeñísimos, con sus relatos, sus historias oídas, sus espectros de la guerra y sus obstinadas fidelidades a lo propio.

Magnífico libro de memorias contado en sus principios por una pequeña que siente veneración por su abuela, internada de joven en el campo de concentración de Ravensbrück, «El ángel del olvido» consiguió esenciales galardones como el premio Ingeborg Bachmann. En Griffen, Carintia, asimismo nacería, en mil novecientos cuarenta y dos, uno de los más grandes escritores de nuestros días, Peter Handke, cuya madre pertenecía a la minoría eslovena. A ella, tras su suicidio, le dedicaría su obra Desgracia impeorable. Handke aprendió el esloveno, al comienzo obligatoriamente, en la posguerra, mas entonces por resolución propia. Frecuentando con frecuencia ese territorio de la niñez en obras como «La repetición», o bien en otras consideradas polémicas como «La noche del Morava», Handke asimismo ha traducido a autores eslovenos.

Deber de la memoria
«El ángel del olvido» está habitado sobre todo por el desencanto. Por el sentimiento de ser olvidados como insignificantes apéndices de la historia general, o bien al sentirse claustrofóbicamente encerrados en un «mundo extranjero» dentro del propio país: «Por culpa de esa frontera, que a ojos de la mayor parte en nuestra zona solo puede ser una frontera nacional y también idiomática, me veo obligada a explicarme y también identificarme. ¿Quién soy , a qué sitio pertenezco, por qué razón escribo en esloveno o bien hablo alemán?».

Traducida de forma espléndida por José Aníbal Campos, esta obra ahonda en los laberintos angustiosos, muy frecuentemente traumáticos, de la pertenencia. El deber de la memoria se inculca desde prontísimo. Las familias austriaco-eslovenas de la posguerra, como es el caso de la familia de la narradora, llevan de excursión desde pequeños a sus descendientes a «lugares de la peregrinación», así sean la Virgen María en Brezje o bien los campos de Ravensbrück y Mathausen. Unos lugares que combinarán una profunda religiosidad con el pasado de lucha contra los nazis, donde los partisanos eslovenos hicieron una dura resistencia: «En nuestros vales, la guerra se retiró al bosque, transformó en escenario de combates prados y cultivos, colinas y pendientes, laderas y arroyuelos».

«El ángel del olvido». Maja Haderlap
Narrativa. Periférica, dos mil diecinueve. doscientos ochenta y ocho páginas. diecinueve euros

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