El campo de España perdió quince.000 trabajos y dos mil cuatrocientos millones de euros de renta en dos mil diecinueveEconomía 

El campo de España perdió quince.000 trabajos y dos mil cuatrocientos millones de euros de renta en dos mil diecinueve

Las cuentas del campo de España se hundieron nuevamente en dos mil diecinueve, y van 2 seguidos de recorte de la renta agraria nacional. Conforme las estimaciones oficiales del Ministerio de Agricultura, la renta agropecuaria – que representa el valor generado por la actividad de la producción- fue dos mil cuatrocientos millones de euros menor en dos mil diecinueve que en dos mil dieciocho. Y, conforme los datos de contabilidad nacional, el ámbito agropecuario perdió el año pasado el equivalente a quince.000 trabajos a tiempo completo.

Estos registros profundizan en el alarmante contexto que atraviesa este campo, que prosigue de pie de guerra, movilizado para demandar soluciones a la crítica situación que golpea particularmente a pequeños y medianos productores.

La renta agraria es el primordial indicador de de qué manera andan las cuentas de la agricultura y la ganadería españolas. Desde las organizaciones agrarias advierten, no obstante, que no reflejan con precisión la realidad que se da a pie de campo, por el hecho de que tras la cantidad de conjunto se ocultan múltiples y dispares situaciones. De forma frecuente -señalan-, en años en los que el valor de la renta agraria aumenta sobre el papel, las cuentas de los productores se han desplomado: una cosa es la enorme cifra de conjunto y otra la del productor de base, apuntan desde las organizaciones agrarias. Siendo eso de esta manera, de lo que no hay duda es que cuando la renta agraria de conjunto cae, la situación del pequeño y mediano productor empeora de forma considerablemente más acusada.

«Dos mil cuatrocientos millones de euros menos es mucho dinero, se aprecia enormemente en el sector», explica a ABC el presidente de Asaja, Pedro Asequible. Asevera que el hundimiento de la renta agraria a lo largo del último año se ha debido, esencialmente, a 2 grandes circunstancias: «una acusada caída de costos en múltiples ramas del campo agropecuario y unos costos de producción que se han disparado».

En dos mil dieciocho, la renta agraria de España cayó en quinientos millones de euros, a los que se han sumado los dos mil cuatrocientos millones que se difuminaron en dos mil diecinueve

«El año dos mil diecinueve ha sido un desastre, se ha llevado por delante ámbitos fundamentales como el del aceite de oliva o bien el de las frutas y hortalizas, mientras que los ganaderos llevan perdiendo poder adquisitivo desde hace diez o bien 12 años como mínimo», se protesta el secretario general de la Unión de Pequeños Labradores (UPA), Lorenzo Ramos.

«Estamos atados de pies y manos, pues quienes nos venden los productos que utilizamos para nuestra actividad nos marcan los costes, que suben en qué momento se encarecen las materias primas, mas entonces no podemos fijar el costo de nuestras producciones, que nos vienen fijados por los que nos las compran», asevera a ABC el secretario general de la UPA.

En dos mil dieciocho, la renta agraria de España cayó en quinientos millones de euros, a los que se han sumado los dos mil cuatrocientos millones que se difuminaron en dos mil diecinueve. Radical caída del desempeño, mas no de los costos, que han seguido incrementando. Los consumos intermedios -como semillas, fertilizantes, energía o bien piensos- han aumentado en más de dos mil trescientos millones de euros en el último bienio. Se han encarecido un diez con seis por ciento , al tiempo que en dos mil diecinueve el valor de la producción agropecuaria de España se depreció un tres por ciento de promedio.

Impuestos en alza
Curiosamente, a pesar de que el desempeño del campo se recorta, la Administración cada vez colecta más en impuestos directos sobre la actividad agrícola y ganadera. Esa colecta tributaria ha pasado de apenas doscientos cuarenta y ocho millones en dos mil nueve, a más de cuatrocientos cuarenta millones en dos mil diecinueve. El caso del último año es ejemplificador: a pesar de que la renta del campo cayó en dos mil cuatrocientos millones, la Administración cobró por impuestos trece millones de euros más que en dos mil dieciocho.

Y todo eso sin contar el repunte de los costos salariales, derivado del fuerte impacto que ha tenido la escalada del Sueldo Mínimo Interprofesional desde el año pasado. No solo acarrea un aumento de la nómina, sino más bien asimismo de la cotización a la Seguridad Social que lleva aparejada. Los costos salariales del campo de España rondan los cinco mil trescientos millones de euros anuales.

«Desde mil novecientos noventa, el coste de los fertilizantes se ha disparado entre un ochenta por ciento y un cien por ciento ; el de las semillas, un ciento diez por ciento ; no obstante, muchas de nuestras producciones agrarias se pagan a costes de hace veinte o bien 25 años», critica el presidente de Asaja.

La consecuencia es una pérdida paulatina de pequeños y medianos labradores y ganaderos -lo que afecta de lleno a la despoblación del medio rural- y un peso cada vez menor de este campo en la economía nacional. Hace veinte años, la renta agraria suponía más del cuatro por ciento del Producto Interior Bruto español; en dos mil diecinueve fue del dos con siete por ciento . O sea, en veinte años el peso de la renta agropecuaria en el Producto Interior Bruto de España se ha desplomado un treinta y siete por ciento .

Cadena de costes
«La patata la pagan los usuarios a uno con veinticinco euros el kilogramo, cuando el labrador cobra quince o bien diecisiete céntimos», apunta como un ejemplo el secretario general de la UPA para resaltar la situación que se da en el campo y la necesidad de supervisar la cadena comercial. «En Alemania no hallas un kilogramo de tomate de España a menos de 6 euros, y acá lo más que puede conseguir el productor son sesenta o setenta céntimos el kilo», asevera.

Lorenzo Ramos cuenta asimismo de qué forma un camión cargado de fresas que salió de Huelva cara Europa vio encarecerse su mercadería un sesenta por ciento en plena senda, ya antes de llegar a su destino: mientras que iban por la carretera, esas fresas cambiaron múltiples veces de manos, de intercesor. «No puede haber tanto especulador aplicando márgenes exagerados y que el productor sea el último en saber cuánto va a cobrar», destaca Lorenzo Ramos, que insiste en que debe actuarse sobre la cadena de costes para resguardar al productor.

El reto de ganar tamaño a fin de que los productores sean más competitivos
Las organizaciones agrarias coinciden en que una de las medidas que hay que promover para hacer más competitivo al campo es conseguir estructuras productivas más grandes, que logren conseguir mayores rendimientos por volumen de producción y poder operar mejor en el mercado. Desde Asaja, Pedro Económico insiste asimismo en la necesidad de acrecentar la capacitación de labradores y ganaderos, promover su unión con apuestas como el cooperativismo y las inversiones para lograr explotaciones más grandes. «El pequeño o bien mediano labrador, o bien se hace grande o bien va a resultarle imposible», asevera Pedro Económico.

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