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El de España Kilian Jornet marca un nuevo récord en su cuarta victoria en el mítico Ultra-Trail de Mont Blanc

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Ni el mejor de los guiones hubiera preparado un resultado tan idóneo para el de España Kilian Jorne t , que tras una genuino viacrucis se proclamó por cuarta vez vencedor del Ultra-Trail de Monc Blanc, monumento del atletismo de montaña, un genuino ogro de ciento setenta y uno quilómetros y más de diez metros de desnivel que, a veces, se transformó en un ser inofensivo contra el de España, totalmente liberado Jornet, que no solamente se llevó la prueba sino aun la concluyó en tiempo récord, el único atleta que lo ha hecho en menos de veinte horas (diecinueve horas y cuarenta y nueve minutos). Y todo ello con Covid, si bien asintomático. «Desde la salida no ha habido un instante en el que no haya sufrido», declaró ya en la meta. Recobra Jornet a sus treinta y cuatro años un trono con el que siente un magnetismo singular. No se encaraba a los Alpes desde dos mil dieciocho, y en aquella ocasión fue la montaña la que venció. El de España se retiró a los ochenta y cuatro quilómetros debido a unos inconvenientes estomacales que le había provocado una picadura de avispa en la línea de salida. No fue así esta vez. El atleta perseveró contra todo y contra todos y solo el francés Mathieu Blanchard se erigió como una amenza, mas el de Sabadell lo dejó atrás en los últimos veinte quilómetros de recorrido y sumó su cuarto entorchado (fue vencedor en dos mil ocho, dos mil nueve y dos mil once), igualando el récord de François D’Haene, que asimismo suma 4 victorias en Chamonix. A pesar de las inclemencias meteorológicas y los afilados contrincantes, el enorme oponente de Jornet fue el Covid. En verdad, su participación en la prueba estuvo pendiendo de un hilo hasta el último instante, puesto que dio positivo hace solo una semana y, si bien sin síntomas, se confió a las recomendaciones médicas para disputar o no la dura carrera alpina. «Me siento bien, no tengo ningún síntoma, no tengo fiebre y el médico me ha dado el ok para competir. Voy a ser inteligente en carrera», aseguró ya antes de despegar. Su increíble actuación corroboró sus palabras. «Cuando paso de mi umbral, noto una presión en los pulmones, no puedo respirar bien y comienzan los calambres en las piernas», le comentó a su médico en una de las paradas técnicas, en Champex Lac, en el quilómetro ciento veintiseis y cuando aún era tercero, con el estadounidense Jim Walmsley en la cabeza de carrera. Con la noche ya entrada y con los abandonos multiplicándose por todas partes, Jornet empezó a apretar si bien con el hándicap físico acechándole en todos y cada esquina de las pedregosas e infernales sendas alpinas. «Sabía que no podía pasarlo por el hecho de que si lo pasaba apreciaba síntomas. Era ir ahí, lo más veloz sin pasar ese umbral. Cuando Jim (Walmsday) se ha ido he intentado proseguirlo un minuto, mas enseguida, todo roto. Era estar allá y quedarme en ese límite», comentó ya como vencedor. No obstante, sostuvo el tipo y nuca perdió de vista a Blanchard, que en los últimos quilómetros se transformó en su único opositor. En ese final épico a más de dos mil metros de altitud, un uno contra uno digno de ‘La bóveda del trueno’, Jornet se vació, superó el umbral, más bien lo resquebrajó, y se fue a solas, irrefrenable, cara la línea de meta, cojeando de su pierna izquierda si bien con el triunfo y el tiempo récord al alcance de su mano. Aun en un día con tantos inconvenientes y con su frecuente fluidez desaparecida a lo largo de muchos tramos, el de España logró hacer historia por partida triple. Un día más en la oficina para el monstruo Jornet.

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