El ladrillo se erige en líder incontrovertible de la inversión extranjera en el último quinquenioEconomía 

El ladrillo se erige en líder incontrovertible de la inversión extranjera en el último quinquenio

Con mucha diferencia, el ámbito inmobiliario es el destino preferido por los extranjeros que deciden invertir en este país. En el último lustro, dos mil catorce-dos mil dieciocho, el negocio del ladrillo ha concentrado el veinte por ciento de toda la inversión extranjera que ha llegado a España. En cifra absoluta, veintinueve y ciento once millones de euros. Y en el primer semestre de dos mil diecinueve ha sumado otros mil ochenta y seis con cuatro millones.

De dos mil catorce a dos mil dieciocho, ninguna otra actividad le ha hecho sombra en el ranking de inversiones extranjeras. La segunda que más dinero ha recibido ha sido la relativa al almacenaje y actividades anejas al transporte –el planeta de la logística–, que ha concentrado un once con tres por ciento de todo el dinero foráneo que ha aterrizado en este país. Y el tercer negocio preferido por la inversión extranjera, con un diez con dos por ciento , ha sido el del suministro de electricidad y gas.

Que el ladrillo se transforme en lo más atrayente de un país para los inversores foráneos, ¿es buen síntoma? El economista y maestro del IESE José Ramón Pin estima que, ante todo, es una situación lógica frente al contexto en el que se ha estado moviendo la economía de España. «Con la crisis, particularmente la inmobiliaria, se generó una enorme bajada de costes, al punto que aun hubo inmuebles que llegaron a servir menos de lo reflejado en su ficha catastral.Y, en esas circunstancias, es obvio que el ámbito inmobiliario de España ofrecía una esencial ocasión de negocio en el ámbito inmobiliario».

Eso explica que se disparase el interés de los inversores extranjeros por el ladrillo de España, pues «lo que se busca es invertir en aquello que ofrece posibilidades de desarrollo de la plusvalía». Mas Pin agrega otro factor más: «España asimismo es un país atractivísimo para la inversión inmobiliaria por las condiciones de vida que ofrece: calidad de vida, seguridad, sol, acervo cultural…».

De dos mil once a dos mil quince, el negocio del ladrillo tuvo poco a poco más peso en la inversión extranjera que recaló en este país. Desde dos mil quince, la cantidad se ha moderado. Aquel año, los extranjeros invirtieron un total de ocho mil seiscientos cincuenta y nueve con cuatro millones de euros en edificar, adquirir y hacer negocio con inmuebles en este país. Concentró el treinta y cuatro con nueve por ciento de la inversión foránea que llegó a España en dos mil quince. Desde entonces, la cantidad ha ido progresivamente a menos. Todavía de este modo, el ladrillo prosigue ocupando los primeros puestos en el ranking de la inversión extranjera en España.

A lo largo del primer semestre de este dos mil diecinueve, ha sido el tercer mayor destino del dinero foráneo que ha aterrizado en este país. En dos mil dieciocho, fue el segundo, tras monopolizar el catorce con ocho por ciento de todo el capital extranjero que se puso en España.

Pierde fuelle
¿A qué se debe este progresivo retroceso? En una gran parte –explica Pin– a la lógica del mercado: los costes de los inmuebles se han recuperado, han crecido significativamente desde el instante en que tocaron fondo con la crisis, y eso hace que las esperanzas de rentabilidad que ofrecen ahora son menores de las que mostraban años atrás.

Mas, aparte de los costes, otro factor es el de la inestabilidad a nivel político y las incertidumbres económicas, apunta Rafael Pampillón, catedrático de Economía de la Universidad CEU San Pablo y maestro del IE Business School. Las incertidumbres políticas –déficit de gobernabilidad y también independentismo catalán– «acaban pasando factura y también influyen en la adquisición de inmuebles por la parte de los inversores extranjeros: la gente no se vivirá a un sitio cuya economía no saben de qué manera va a evolucionar, y tampoco lo harán los fondos de inversión inmobilaria».

A pesar de todo, es obvio que, desde hace unos años, el negocio del ladrillo es un destino preferente de la inversión extranjera que llega a España. Y cuando ha comenzado a perder atrayente, el cómputo global de esa inversión exterior se ha comenzado a resentir, pues no hay otros campos o bien ramas de actividad que hayan tomado el relevo o bien sean una opción alternativa clara para ese segmento de inversión foránea.

En el periodo dos mil catorce-dos mil dieciocho, el veinte por ciento de inversión extranjera que concentró el negocio del ladrillo contrasta con el dos con ocho por ciento que recaló en la industria de la nutrición –4.056 millones en cifra absoluta– o bien el flaco 0,8 por ciento que llegó a la industria automovilística –1.216,5 millones de euros–, a pesar de ser un genuino puntal del campo secundario nacional.

Eso sí, esta pequeña cifra hay que relativizarla, a juicio del economista José Ramón Pin: «Igual que es lógico que las actividades relacionadas con la logística tengan un elevado peso en la inversión extranjera que llega a España, por la situación geográfica estratégica de este país, asimismo es lógico el escaso porcentaje que parará a la industria automovilística, pues está muy afianzada y está en un instante en el que precisa menos inversión y más imaginación para sacar mayor desempeño a las estructuras productivas de las que dispone».

Entre dos mil dieciseis y dos mil dieciocho, la inversión extranjera en el campo inmobiliario madrileño se disparó un ciento treinta y tres por ciento – ABC
la capital de España, líder absoluto del negocio inmobiliario frente al declive catalán
la capital de España acapara la mayoría de la inversión extranjera que llega a España en busca del negocio inmobiliario, así sea la construcción de edificios o bien la adquisición y administración de activos. Ese poderío madrileño ha ido cada vez a más, al tiempo que el de Cataluña ha ido tajantemente a menos. Entre dos mil dieciseis y dos mil dieciocho, la inversión extranjera en el ámbito inmobiliario madrileño se disparó un ciento treinta y tres por ciento . En Cataluña, no obstante, se cayó un sesenta y uno por ciento . En dos mil dieciseis, los extranjeros pusieron en el negocio del ladrillo en Cataluña mil ciento seis millones de euros, al paso que en dos mil dieciocho la cantidad se había hundido hasta los cuatrocientos veintinueve millones. En la capital española, no obstante, se pasó de apenas dos mil setecientos ochenta y tres de inversión en dos mil dieciseis, a unos seis mil quinientos millones de euros en dos mil dieciocho. En el lustro dos mil catorce-dos mil dieciocho, la Comunidad de la villa de Madrid acaparó el sesenta y cuatro con cinco por ciento de todo el dinero extranjero que aterrizó en España en el negocio del ladrillo, tanto en construcción de edificios como en adquiere y administración de activos inmobiliarios. Y, a pesar de que se han disparado los costos en la capital de España, es –con mucho– el mercado más valorado por los extranjeros que invierten en el campo de España del ladrillo.

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