El nacimiento de Joselito, el rey de los torerosCultura 

El nacimiento de Joselito, el rey de los toreros

Lo que va de Gelves a Talavera, una cuarta parte de siglo que marcó claramente la historia del toreo. En el mes de mayo, la vida y la muerte; en el mes de mayo, la luz y la tiniebla. El ocho de mayo de mil ochocientos noventa y cinco nació en el pueblo hispalense de Gelves quien por derecho propio alcanzó el trono de la tauromaquia. Y lo hizo joven, muy joven, que en plena juventud y habiendo sembrando los pilares por los que tendría que discurrir el toreo, llegó la tarde del dieciseis de mayo de mil novecientos veinte. Talavera, las astas de «Bailador», la muerte, España convulsionada, y la Macarena de luto.

No podía haber un entorno más taurino del que se vivía en la Huerta del Algarrobo a fines del siglo pasado. Toreros por la parte de su padre, el señor Fernando, y de su madre, la señá Gabriela. Su padre se ganó la vida en los ruedos y le dio las primeras lecciones en la placilla que tenían al lado de su casa. Sus hermanos mayores, Fernando y Rafael, compañeros en los escarceos.

Con apenas 13 años vistió por vez primera el traje de luces. Fue en Jerez de la Frontera en una becerrada en la que solo pudo enfrentarse al primero de los 2 añojos, puesto que el público impidió que lidiase el segundo, que lucía un exagerado trapío. Cuentan que, lejos de sentir alivio, el muchacho lloró de saña al quedarse sin torear.

A partir aquel instante empieza una carrera meteórica. Su nombre como novillero se marcha ampliando cada día. La presentación en la capital de España en la época de mil novecientos doce es un evento, y con vitola de figura, a los diecisiete años, toma la opción alternativa en Sevilla el veintiocho de septiembre de aquel año. Su hermano Rafael El Gallo le cede la muerte «Caballero», un toro de Moreno Santamaría, y 3 días después, el 1 de octubre, se repite la liturgia en vieja plaza de Madrid. En aquella ocasión el Divino Pelado le cede la muerte del toro «Ciervo» de Veragua.

Ya está en primera fila. Y en la época siguiente empieza la competencia con las figuras. Lo encaran a Bomba, a Machaquito, a Vicente Pastor, al mexicano Gaona. Y prueba que marcaba una nueva temporada del toreo, que llegó de forma terminante en el duelo progresivo que vivió con Juan Belmonte. La Edad del Oro protagonizaron los 2 hispalenses, cada uno de ellos leal a sus conceptos, tan diferentes y tan complementarios al unísono.

La pareja capitalizó la Celebración. Sus nombres señalaban todas y cada una de las ferias. Las temporadas de mil novecientos quince, mil novecientos dieciseis y mil novecientos diecisiete Joselito superó las 100 corridas al año. Algo impensable con los medios de la temporada. Bajó el listón en mil novecientos dieciocho al resentirse de una cornada recibida en Zaragoza, mas sostuvo en todo instante a una afición en tantas ocasiones hipnotizada por su poder y su inteligencia frente a los toros. Matador completo, de las zapatillas a la montera.

Matador asimismo fuera del ruedo, en tanto que tuvo la visión sobre el futuro de la Celebración. Se implicó en edificar plazas monumentales, con grandes aforos para captar más público. Lo hizo en su Sevilla con la Monumental que inauguró el seis de junio de mil novecientos dieciocho, que tuvo poca vida, y que tantas cavilaciones le generó por la competencia con la Maestranza. Vivió de cerca la creación de la Monumental de Barna, y sentó las bases de lo que habría de ser la futura plaza madrileña de Las Ventas.

No obstante, los públicos le demandan cada días un poco más. Si nos marchamos a las páginas del Cossío, la enciclopedia del toreo: «Gustaba de torear al natural en redondo, y en estos pases habituaba a asistirse levemente apoyando el estoque en la muleta. Esta circunstancia, en aquellos años de apasionamiento, le fue echada en cara como defecto». Y esa demanda que vivía día a día en las plazas se fue agriando a lo largo de el inicio de la época de mil novecientos veinte, hasta tal punto de vivir una tarde de profunda amargura el quince de mayo en la capital de España. Al día después, le aguardaba «Bailador» en Talavera…

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