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El PEN Català como un ejemplo de la ingeniería cultural independentista

Fundado en mil novecientos veintidos, el PEN Català es el día de hoy un engranaje más de la ingeniería cultural independentista. El tándem formado por el director del PEN Internacional en la ciudad de Londres, Carles Torner, y la filóloga Carme Arenas (presidente de la sección catalana entre dos mil diez y dos mil dieciocho) ha propagado el alegato de una Cataluña donde se vulneran los derechos de la lengua catalana en una España que refrena la libertad de expresión.

Torner, para más señales curriculares, fue el responsable del controvertido programa literario con el que la cultura catalana desembarcó en Fráncfort en dos mil siete sin rastro de autores en español. «Ellos tienen el poder y lo han instrumentalizado», destaca el presidente del PEN España, Basilio Rodríguez Cañada, quien apunta de manera directa a Torner como responsable de la deriva ideológica de una organización internacional que, recuerda, nació como entidad «plenamente apolítica».

Tampoco ayuda la guadianesca y errante singladura del PEN España, disuelto cuando comenzó la Guerra Civil y refundado a trompicones en múltiples ocasiones desde los años setenta y siempre y en todo momento, demanda Rodríguez Cañada, bajo el «acoso» de la filial catalana. «Quieren que tiremos la toalla», demanda. Rodríguez Cañada pone como un ejemplo el congreso que se festejó en dos mil diecisiete en Ucrania y al que, asegura, no se les dejó asistir aduciendo inconvenientes estatutarios y de morosidad con las cuotas. «Sacaron una nota de prensa diciendo que en España había deterioro democrático y ataques a la libertad de expresión, algo que si hubiéramos estado ahí no podrían haber hecho», narra.

Fundamentalismo
Sirva asimismo de ejemplo la «actualización» en clave nacionalista de la declaración Universal de Derechos Lingüísticos de mil novecientos noventa y seis, subscrita al lado del Ciemen y el Club Amigos de la Unesco. El decálogo, conocido como el «Manifest de Girona» (dos mil doce), resalta la oficialidad de la lengua en el territorio -se comprende, claro está, la catalana en una Cataluña independiente-; la enseñanza escolar de la lengua; y el reconocimiento por las Naciones Unidas al derecho al empleo y protección de la lengua «como uno de los derechos fundamentales».

Ese fundamentalismo lingüístico explica la reiterada confusión en el PEN Català de lengua con cultura y de cultura con nacionalismo. O bien el apoyo a entidades como Somescola en defensa de la inmersión lingüística. Asimismo explica que en el congreso internacional del PEN en la ciudad de Pune (India), la nueva presidente del PEN Català, Àngels Gregori, transmitiese a cien representantes la versión independentista del «deterioro de la libertad de expresión» en Cataluña y España.

Torner -nudo amarillo en la solapa-, Gregori y la presidente del PEN Internacional, Jennifer Clement, visitaron el martes a «los Jordis» en la cárcel. Del encuentro brotó un comunicado «sobre los líderes de la sociedad civil y los escritores presos» en el que se insta «a las autoridades españolas a retirar los cargos contra Sànchez y Cuixart y liberarlos inmediatamente». De nuevo, el argumentario victimista: «Últimamente los catalanes han sido víctimas, sin precedentes desde la dictadura franquista, de persecuciones por diferentes manifestaciones artísticas que atacan de pleno al derecho a la libertad y a sus diferentes formas de expresión artística». Una prosa tan controvertible como el poema de Torner «On tot acaba» («Donde todo acaba»): «Mentre et canvien els bolquers / infant d’un món sense temença/ cauen els murs de Lledoners». (Mientra te cambian los pañales/ pequeño de un planeta si temor/ caen los muros de Lledoners»). Tal desvelo ternurista contó con las firmas de escritores frecuentes como Erri de Luca, Suso de Toro, o bien Colm Tóibín.

Unas palabras que, aparte de la concluyentes contestación de Mario Vargas Llosa, quien renunció a la presidencia honorífica del PEN Internacional por su respaldo a «los golpistas catalanes», han encendido asimismo las alarmas de la Asociación Escolar de Escritores (ACE), entidad para la que la visión del PEN Internacional refleja «un profundo desconocimiento de la realidad española». «España es una democracia europea a la perfección afianzada en la que la libertad de expresión está protegida por los tribunales de justicia», destaca la entidad en un comunicado en el que afea a la organización internacional su «nulo interés» por «contrastar» las creencias «claramente alineadas con una situación anticonstitucional» que le ha trasladado el PEN Català.

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