CienciaEl plan secreto de Nixon para anunciar la muerte...

El plan secreto de Nixon para anunciar la muerte de los astronautas del Apolo once

-

Ni el gobierno de los U.S.A., ni la NASA, ni como es natural los propios astronautas de la misión Apolo once estaban totalmente seguros de poder regresar a casa sanos y salvos. Despegar de la Luna y acoplarse de forma exitosa al módulo de mando, que continuó a la espera en órbita lunar con Michael Collins a los mandos implicaba, de hecho, una serie de maniobras que eran considerablemente más complejas y frágiles que las del propio aterrizaje.

De ahí que, y en el caso de que todo saliese mal, el entonces presidente de Norteamérica, Richard Nixon, tenía preprado un «plan secreto» que no vería la luz hasta 3 décadas después.

Conforme explica la gaceta Live Science, cuando Neil Armstrong y Buzz Aldrin se transformaron, aquel histórico veinte de julio de mil novecientos sesenta y nueve, en los primeros humanos en pisar la Luna, Nixon pasó a ser, asimismo, en el primer humano en llamar telefónica a un planeta extraño a la Tierra. Una llamada que hizo, a propósito, desde el mismísimo despacho oval de la Casa Blanca.

En aquella charla, Nixon les afirmó a los astronautas que todo el planeta estaba orgulloso de ellos y que «debido a lo que habéis hecho, los cielos se han transformado en una parte del planeta de los hombres».

Al tiempo, no obstante, el presidente tenía preparada otra llamada muy, muy diferente, esta vez a las esposas de Armstrong y Aldrin, para comunicarles que estaban a puntito de transformarse en viudas.

La situación, desde entonces, era de lo más frágil. E inclusive tras el triunfante aterrizaje del módulo lunar, nada garantizaba que Armstrong y Aldrin lograran después volver al módulo de mando, que les aguardaba en órbita, lo que les habría condenado irremediablemente a fallecer en la Luna. Con esa idea en la psique, Nixon le solicitó a su «escritor de discursos» William Safire un plan alternativo para arrancar en caso de que se generara un «desastre lunar».

Tal como explicó el propio Safire en mil novecientos noventa y nueve, año en que el documento vio la luz por vez primera, poner el módulo de descenso nuevamente órbita a fin de que se encontrase con el módulo de mando fue una de las partes más peligrosas y peligrosas de toda la misión. Se trataba de un reto sin precedentes para los astronautas del Apolo once. «Si no hubiesen podido lograrlo -afirmó entonces Safire- habría que haberlos descuidado en la Luna, dejarlos fallecer allá. Los astronautas habrían debido fallecer de apetito, o bien suicidarse».

En caso de que eso hubiese sucedido, la NASA habría cortado inmediatamente las comunicaciones con los astronautas condenados, y al presidente se le habría encomendado la frágil labor de contarle al planeta lo sucedido. El dieciocho de julio de mil novecientos sesenta y nueve, apenas un par de días ya antes del histórico alunizaje, Safire mandó su plan secreto a HR Haldeman, jefe de personal de Nixon. En él había instrucciones precisas sobre de qué forma el presidente habría debido llamar, primero, a las viudas de los astronautas, y vocalizar, después, un alegato a la nación explicando de qué forma «el destino ha preparado que los hombres que fueron a la Luna a explorar en paz, se van a quedar en la Luna para reposar en paz. Estos valientes, Neil Armstrong y Edwin Aldrin, saben que no hay esperanza alguna de recobrarlos. Mas asimismo saben que en su sacrificio sí hay una esperanza para la Humanidad».

El alegato, que reproducimos al lado de estas líneas, afirmaba asimismo que más hombres proseguirían los pasos de la tripulación del Apolo once, y que «seguramente hallarán el camino a casa». Mas Armstrong y Aldrin «fueron los primeros, y proseguirán siendo los primeros en nuestros corazones. Cada humano que mire a la Luna en las noches venideras va a saber que hay una esquina de otro planeta que va a ser por siempre de la Humanidad».

En los días siguientes al alegato, los astronautas recibirían una sepultura simbólica en el mar, en un ritual público a lo largo del que se confiarían sus ánimas, conforme las instrucciones de Safire, «a las profundidades más profundas».

The Richard Nixon Presidential Library and Museum
Este es el alegato alternativo con el que Nixon habría debido anunciar al planeta el descalabro de la misión Apolo once

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Últimos...

Más artículos...RELACIONADOS
Recomendados