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Emmanuel Carrère: «Nunca me he autocensurado, mas cada vez existen más peligro de tener que hacerlo»

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Ha sido uno de los últimos premiados en llegar a Oviedo y de los que más expectación ha generado, puesto que se le aguardaba un tanto con ansia, en tanto que el de las Letras es uno de los galardones más queridos y valorados de cuantos entrega de año en año la Fundación Princesa de Asturias. Mas Emmanuel Carrère (París, mil novecientos cincuenta y siete), preso de una agenda tan endemoniada como ciertos razonamientos de sus ‘novelas de no ficción’, no pudo ni ser recibido por el tradicional conjunto de gaitas cuando entró, durante la noche del jueves, en el Hotel de la Reconquista, donde se alojan todos y cada uno de los premiados. Su semblante, de forma tradicional agotado, ojeroso, reflejaba la prisa de una agenda que el día de hoy le va a llevar de un acto a otro, comenzando por la conferencia de prensa, siguiendo por la audiencia de los Reyes, la Princesa de Asturias y la Infanta Doña Sofía a los premiados del año en curso y acabando con la liturgia de entrega en el Teatro Campoamor, donde además de esto pronunciará uno de los alegatos.

Vestido con chaqueta y camisa vaquera, advertido, probablemente, del cambio de climatología que, de la noche a la mañana, ha sufrido Oviedo, Carrère empezó su comparecencia frente a la prensa hablando sobre su último libro, ‘Yoga’ (Anagrama), con el que se quedó a las puertas del premio Goncourt en una parte por la polémica surgida con su exmujer, Hélène Devynck, que le acusó de engañar en él. Una obra en la que el escritor francés confiesa su admiración por «los pocos hombres» que saben que vinieron a la tierra solo para contemplar el cielo, como su amigo Hervé Clerc. Él, conforme confesó, asimismo aspira a ser uno de esos hombres, si bien con matices, como su literatura. «Existe una categoría de gente que aspira a la unidad, que su vida solo aspira a eso. Yo, no obstante, soy una persona muy dividida. Ese fue un tanto el tema del libro, la forma en la que podemos aspirar a esa unidad pese, y asimismo, merced a nuestras divisiones, que son el sino más bien del ser humano».

Un sino, en los últimos tiempos, concretados en años, semeja derivar implacablemente cara lo políticamente adecuado, cuando menos en lo que a la opinión pública se refiere. ¿Ha llegado Carrère al extremo de la autocensura? «Me semeja que hasta el instante no lo he hecho… No, en ningún instante. Mas creo que, cuanto más pasa el tiempo, más se plantea el peligro de tener que hacerlo. Es cierto que existen muchos juicios hechos por grandes escritores, por grandes pensadores, que hoy día se condenarían. Lo cierto es que, hasta el instante, no me he encontrado en la situación de tener que tener precaución. A lo mejor debe ver con lo que escribo… ‘Yoga’ es un relato autobiográfico y ahí aparecen aspectos pocos halagadores de la experiencia humana. Quizá debería haber sido más prudente, no lo sé, no lo creo. No sabemos lo que nos deparará el futuro».

El juicio de Bataclan
Su porvenir inmediato, cuando menos en los próximos diez meses, está vinculado al juicio por los atentados terroristas en la sala Bataclan de la ciudad de París, perpetrados el trece de noviembre de dos mil quince por suicidas islamistas y en los que murieron ciento treinta personas y cuatrocientos quince resultaron heridas. Carrère lo está cubriendo en la capital francesa y cada semana publica una crónica del proceso. «Es una actividad de dedicación plena. Es más que un proyecto, es una actividad que probablemente va a dar sitio a un libro, mas no tengo por qué razón decidirlo de manera inmediata, ya vamos a ver. Un juicio es una dramaturgia realmente fuerte, algo aun adictivo. Los cronistas judiciales, los cronistas que prosiguen los juicios no cambiarían su actividad por nada del mundo». Quizá para prepararse, el francés ha vuelto a un texto tradicional, ‘Eichmann en Jerusalén’, en el que Hannah Arendt estudia las causas que favorecieron el Holocausto y del que brotó el término de la ‘banalidad del mal’.

En mil novecientos noventa y seis, Carrère cubrió el juicio contra Jean-Claude Romand, que asesinó a su mujer y también hijos para conservar una falsa identidad que sostenía desde hacía años y al que el creador francés ‘retrató’ en su libro ‘El adversario’ (Anagrama). «Es muy, muy diferente. El juicio de Romand era un juicio penal y estaban en juego unas relaciones humanas, sicológicas, entre personas que se conocían, y exactamente ese vínculo tan fuerte es lo que está tras esa historia tremenda. Los atentados de Bataclan están en las antípodas, pues no hay vínculo entre los asesinos y los asesinados, no solo no se conocían, sino los asesinados no podían ni imaginar la existencia de los asesinos. Esa es la definición de terrorismo. No existe ninguna razón, por muy pequeña que sea, que pueda explicar el crimen, no hablo ya de justificarlo».

Cineasta eventual, aparte de escritor, mañana se presentará en la Factoría de Armas de La Vega, en Oviedo, su última película ‘En un muelle de Normandía’, que se presentó universalmente en el Festival de Cannes y en la que Juliette Binoche comparte estrellato con actrices no profesionales. ¿Es más simple dirigir a los actores o bien enfrentarse a los personajes de un libro? «Los personajes de un libro obedecen sin chistar, mas el género de libro que escribo tiene personajes que no acostumbran a salir totalmente de la imaginación, y brotan cuestiones bastante similares a cuando diriges a actores». Siendo de esta forma las cosas, Carrère confiesa que la vuelta literaria a la ficción «no forma parte» de sus «proyectos inmediatos», si bien nada es imposible. Respecto a la pandemia como material creativo, el francés asegura que para él «no está a la orden del día, mas no hay duda de que es un reto para todos y cada uno de los que desean hacer una representación realista del planeta y la realidad. Aún no ha salido ninguna película, ninguna novela, ninguna obra artística, mas probablemente va a llegar, un evento mundial de esta clase en algún instante se representará».

Etiquetas
Hablando de representaciones, de ellas siempre y en toda circunstancia cuelgan las etiquetas, las definiciones abstractas, en suma. A Carrère se le asocia, por poner un ejemplo, al llamado ‘nuevo periodismo’, ese que comenzaron a concretar Tom Wolfe y compañía y que, a base de usos y abusos, como el amor, ha terminado por deformarse. «¿’Nuevo periodismo’? Sí, ¿por qué razón no? En Francia, y no sé si en España asimismo, bajo el título del libro se acostumbra a poner otro título, como ‘novela’, por poner un ejemplo. Yo llevo un buen tiempo sin poner ‘novela’. Para mí se trata de novela, ficción, no ficción, ‘nuevo periodismo’, autoficción… Mas prefiero no etiquetar. Son libros».

Confeso seguidor de la filosofía budista, Carrère mantiene que esta oración refleja, a su juicio, una de las verdades más esenciales de la existencia: «El hombre que se cree superior, inferior o bien aun igual a otro no conoce la realidad». «Es una oración que contiene una enorme verdad. Semeja que hay una jerarquía en los logros humanos, semeja que es obvio, mas tras esa cosa obvia está asimismo esa verdad». Y, siguiendo con las citas, el escritor recurre a Freud, que mantenía que una persona saludable mentalmente es aquella que es capaz de querer y trabajar. «Es algo muy contundente y muy práctico. Freud asimismo afirma que la salud psíquica es pasar de la desdicha neurótica a la corriente, que
es una cosa que no se puede eludir, puesto que es parte de la existencia humana. La desdicha neurótica es lo que uno mismo se fabrica, y eso es lo que de entrada, de forma ideal, el psicoanálisis puede abordar».

Si bien, en la realidad que habitamos, hay algo intratable, por irremediable, y que además de esto nos afecta a todos. «Lo que más me impropia es el alcance increíble de la desdicha, de la desgracia, la desdicha social. Está clara la desgracia en frente de la que no se puede hacer nada, como los desastres naturales, mas entonces está la desgracia relacionada con la desigualdad, con la miseria económica y política. Me impropia lo mismo que a cualquier ciudadano que lee la prensa. La diferencia entre lo que uno podría solucionar y lo que no».

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