EducaciónEnrique Vila-Matas: «La autoficción no existe; es una redundancia»

Enrique Vila-Matas: «La autoficción no existe; es una redundancia»

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Enrique Vila-Matas (Barna, mil novecientos cuarenta y ocho), igual que su París, jamás se termina. Se convierte y se reinventa, en ocasiones aun renace, para terminar cayendo en exactamente la misma losa tras una triple zapateta. Siempre y en toda circunstancia exactamente el mismo, siempre y en todo momento diferente. «Siempre he escrito ficción desde un espacio que acostumbran a ocupar los ensayistas, el de un literario perceptible. Lo que se representa es un ensayista relatando bajo el avatar el de un escritor», defiende. De ahí ha nacido obras como ‘El mal de Montano’ y ‘Doctor Pasavento’, y desde ahí ha tramado asimismo las páginas de ‘Montevideo’ (Seix Barral), novela que remite a una urbe, sí, mas, sobre todo, a un estado anímico en el que ficción, realidad y literatura se enmarañan hasta transformarse en una sola cosa. «De habitación en habitación, puerta por puerta, rodando por los mundos, me fueron llevando hasta la puerta nueva que exactamente daba, se asomaba, a estas páginas», que le hace decir el escritor barcelonés al narrador, un aspirante a escritor que terminará encerrado en una habitación en la que repiquetean oraciones de todo cuanto ha escrito. De Bartleby a Cortázar Ya antes de eso, y en un intento por imitar a sus héroes literarios, viaja a París para transformarse en narrador de la vieja escuela, estilo «años veinte», si bien la cosa no sale exactamente como estaba planeada. «Para desmontar el ‘París no se termina nunca’, en vez de en escritor se convierte en delincuente», desliza Vila-Matas en referencia a uno de sus títulos más populares. Peor suerte corre ‘Bartleby y compañía’, otra de sus novelas más jaleadas. «El narrador lo detesta por el hecho de que lo considera un libro que le persigue. Bueno, le persigue la oración conocida, ese ‘prefiero no hacerlo’ que está en camisetas y que se ha puesto de tendencia en las oficinas como acto de resistencia pasiva», explica. Escritor de escritores y autor de novelas que alojan en su interior, como Matrioshka literaria, infinidad de instrumentos narrativos, Vila-Matas explica que el origen de ‘Montevideo’ está, en una buena parte, en ‘La puerta condenada’, el cuento que Julio Cortázar escribió tras alojarse en el Hotel Cervantes de Montevideo. «Ese cuento lo escribió Cortázar y, al tiempo, Bioy Casares hizo otro muy semejante. Una amiga me explicó esa historia y se me quedó esa coincidencia en la memoria», narra. Desde ahí, agrega, comenzó a tirar de la manta fabuloso de aquella historia de puertas anexas cara lo ignoto y lloros de bebé inexistentes en un intento por, una vez más, «saber si realidad y ficción son lo mismo o prácticamente lo mismo». «Me dije: voy a ubicarme en la habitación de Cortázar y en la habitación real, mas asimismo en el sitio en el que se entra en lo fabuloso mediante la puerta», agrega. Más extraño que la ficción Un manuscrito, una pandemia y una intervención quirúrgica después, Vila-Matas prosigue buscando contestaciones, si bien alguna idea aproximadamente clara sí que ha sacado. «La conclusión, como la novela, es equívoca. La imposibilidad de la escritura viene de que no puedes reflejar la realidad. La literatura es paralela a la realidad, y se mezclan a veces. Al ordenar el planeta con palabras, la literatura distorsiona la realidad», ilustra. Y la ficción, agrega un autor al que se le amontonan las máscaras y que habitúa a confundirse con sus narradores «expulsa a la autoficción». «La autoficción no existe. Es una redundancia. Aun está en las Sagradas Escrituras. Es un término anticuado que en España se prosigue usando para injuriar con menosprecio ciertas novela», medita. Vila-Matas posa para los fotógrafos ADRIán quiroga En esa encrucijada, siempre y en todo momento al filo del abismo, se ubica un escritor que, recién salido de un trasplante de riñón –su mujer, explica, se lo ha dado; «una experiencia extrema» que hasta ese instante le parecía digna de un razonamiento de ciencia ficción–, reconoce habérselo pasado como jamás escribiendo ‘Montevideo’. «Cuando entré en un registro fabuloso comencé a tener temor. Y me lo he pasado a lo grande teniendo miedo», confiesa. Así, siguiendo al fantasma de Cortázar y de esa habitación que es hoy una lumínica suite, Vila-Matas viaja por medio de Cascais, Montevideo, Reikiavik, Sankt Gallen, Bogotá y del París de los atentados yihadistas de dos mil quince («sobrepasaron, tan de largo, la tímida idea que sobre el terror se había ido instalando en mí desde Montevideo que quedé muy superado por lo sucedido», escribe) para terminar concluyendo que, realmente, ‘Montevideo’ es un «tratado sobre la vaguedad moderna» y un libro sobre la busca de una «habitación auténtica». MÁS INFORMACIÓN nueva Si Estos son los libros que van a marcar el otoño editorial de dos mil veintidos nueva Si Amor Towles: «Los humanos somos una especie provinciana» «Es la historia de un hombre a la busca de una cuarta parte propio a lo Virginia Woolf», resume Vila-Matas. «Lo que es bastante difícil es saber qué es lo que significa exactamente», agrega misterioso.

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