Cultura 

Fernando Domecq Solís: Esencia del campo bravo

La esencia del toro bravo en su sangre. Su abuelo, Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio formó una ganadería que ha marcado, con sus ramas, la historia del toreo desde el primer tercio del siglo pasado. Fernando Domecq, nieto, hijo y hermano de ganaderos, no podía ser otra cosa que criador de toros de lidia. Por tradición y por una afición desaforada por el campo, por lograr un toro noble y bravo, que conmoviera con sus embestidas a apasionados y toreros. Lo consiguió, y su legado prosigue vivo en muchas ganaderías de la actualidad.

Desde mil novecientos setenta y cinco y hasta mil novecientos ochenta y seis dirigió la divisa de Jandilla, y por año siguiente formó la suya propia con la parte que le correspondió, al dividirse con su hermano Borja. Se hizo con el histórico hierro de Zalduendo, y si bien sostuvo hierro, señal y divisa, los nuevos ejemplares nada debían ver con los míticos astados navarros.

Profundizó en la sangre Domecq, eligió en la busca de la excelencia, de un animal con casta, de bella lámina, con las hechuras indispensables para llevar en sus arrancadas todo cuanto comprendía que debía trasmitir un toro bravo, su bonhomía asimismo.

Hasta mil novecientos noventa y dos no lidió su primera corrida con el nombre de Zalduendo, y desde ahí se puso como figura incontrovertible de los ganaderos. Los zalduendos de Fernando Domecq eran poco a poco más codiciados, demandados por las figuras, indispensables en las ferias más esenciales. Son innumerables los toros señalados, mas como un ejemplo de de los mejores esta, indudablemente, «Jarabito», un astado que inmortalizó
Emilio Muñoz
en la Maestranza sevillana en de las mejores faenas de su carrera. Fue el veinte de abril de mil novecientos noventa y nueve, y cuenta la crónica abecedaria que «el ejemplar de Zalduendo, muy completo a lo largo de toda la lidia, entregó sus orejas a Muñoz con sus largas y francas embestidas».

En dos mil catorce, tras una larga reflexión, decidió desprenderse de la ganadería, que pasó a las manos del empresario mexicano Antonio Bailleres. Él declaró que lo dejaba por el hecho de que no se sentía valorado como ganadero. Y siempre y en todo momento el toro bravo en la sangre: «Nunca afirmaré que he fallecido como ganadero. El futuro es impredecible». Muchos, seguro que recordaron el día de ayer sus palabras a lo largo del minuto de silencio que se guardó en Las Ventas en su memoria, en el sentido homenaje a un ganadero de dinastía.

Biografía

Fernando Domecq Solís nació en Sevilla en mil novecientos cuarenta y seis y murió en la capital de España el día de ayer veinte de mayo de dos mil diecinueve. Ganadero de toros bravos por dinastía y afición dirigió la divisa familiar de Jandilla y en mil novecientos ochenta y siete formó la suya de Zalduendo, que puso entre las más demandadas en las ferias. En dos mil catorce la vendió al empresario mexicano Alberto Bailleres.

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