Gregorio Corrochano, el cronista de conjuntosCultura 

Gregorio Corrochano, el cronista de conjuntos

Gregorio Corrochano, único Papa de la Crítica Taurina, tiene arranques literarios de una belleza céliniana (para los novísimos: de Céline, no de Cela). Por ejemplo:

–Andábamos en ABC cuidando mucho la información de la guerra del catorce cuando murió Dulzuras, nuestro revistero de toros.

Dulzuras (que, realmente, muere 4 meses ya antes de la guerra) es Manuel Serrano García Vao, que lleva en ABC el cuento de los toros, que se cuentan de uno en uno y por su orden. Es un trabajo sin firma, y Corrochano va de pinche a la grada del nueve con Dulzuras, que le enseña (no es ninguna tontería) a continuar con la vista al toro, puesto que donde está el toro está la corrida. Fallecido Dulzuras, don Torcuato llama a su despacho a Corrochano para encargarle la sección de Toros.

Cuando los diarios eran grandes, había un momento sagrado, ese vértigo que se abre frente al primerizo cuando la mano del directivo (dirigir, recuerda Corrochano, es algo más frágil que expedir) se posa sobre tu hombro con la fórmula «tuyos son los toros» (o bien «tuyo es el fútbol», como me afirmó a mí Ansón) y sales de allá en globo y con aspecto de pianista precoz.

–A mí con que no me confunda dos banderillas con una estocada, me basta. Usted va a ser cronista de toros –dice don Torcuato a Corrochano, que hace el relato que es la enorme lección del triunfo periodístico.

Al comenzar, se siente avizorado por aquellos demandantes «que jamás supe quiénes fueron». Y un día, en una nota de una corrida de provincias, hay una errata. Dice: «Picando se distinguió Gamero». Un periódico taurino arremete contra el nuevo y dice: «Cómo se ve que al frente de la sección taurina de ABC no está ya Dulzuras. ¿No sabe , señor Gorrochano, que el picador lleva por nombre Camero y no Gamero?» El mencionado contesta: «Sí lo sabía, y a fin de que no vuelva a caer en exactamente la misma errata que , le hago saber que tengo por nombre Corrochano y no Gorrochano».

–Lo que se me resistía era ir pasito a pasito con la corrida. Mas no me atrevía a romper las reglas tradicionales de ABC. Hasta el momento en que un día llegué a la Redacción y le afirmé al articulista-jefe, el imborrable José Cuartero: «He perdido las notas de la corrida y no puedo hacer toro por toro». Cuartero, masticando el puro, me dijo: «Haga una crónica de conjuntos». No aguardaba otra cosa ni otra ocasión para cambiar el estilo de la gaceta de ABC.

Había nacido la crítica de toros literaria, cosa que escapa a un inteligente como Neville («Realmente los críticos taurinos han llegado a un grado de ñoñería fantástico. De esto tuvo un tanto la culpa don Gregorio Corrochano; mas este, cuando menos, tenía mucho talento»).

Por la noche siguiente, entra don Torcuato a la Redacción y dirigiéndose primero a Cuartero, como siempre y en toda circunstancia, pregunta: «¿Quién ha hecho el día de hoy la crónica de toros?» «Corrochano», responde.

–Y viniendo a mi mesa don Torcuato, me dice: «Muy bien. Prosiga haciendo crónicas y fírmelas. Ya le afirmé que sería cronista de toros».

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