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Ildefonso Falcones: «El cáncer no enseña nada ni sirve para nada. No tiene nada positivo»

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Sin tiempo que perder mientras que entraba y salía del quirófano y se trataba de un cáncer que le diagnosticaron en dos mil diecinueve, Ildefonso Falcones (Barna, mil novecientos cincuenta y nueve) decidió que había llegado el instante de recobrar toda la información que había amontonado sobre la Cuba esclavista del siglo XIX. Granjas de mujeres obligadas a engendrar futuros esclavos, pequeñas secuestradas de su Guinea natal, familias españolas que hicieron fortuna merced a la mano de obra cautiva de la colonia… Falcones deseaba redactar sí, mas no deseaba dedicar horas y más horas a investigar y documentarse. Por fortuna, ya tenía una buena parte del trabajo hecho. Así que, cuando los pinchazos en los dedos se lo dejaban, se puso a redactar, a teclear, lo que ahora llega a las librerías bajo el título de ‘Esclava de la libertad’ (Grijalbo), una novela que narra de forma paralela las historias de Kawaka, una esclava forzada a servir en el ingenio azucarero La Merced en mil ochocientos cincuenta y seis, y Lita, una joven mulata que trabaja en el la capital de España de dos mil diecisiete en un banco propiedad de una familia aristocrática procedente de Cuba. Una novela que el creador de ‘La catedral del mar’, palpablemente mejorado, ha terminado prácticamente contra cualquier pronóstico y asimismo contra los elementos. «Durante esta novela he tenido 4 intervenciones: me han cortado medio hígado y me han quitado 3 pedazos de pulmón. Ha sido complejo, sí», explica. -¿De qué forma pasamos de la Barna modernista de ‘El pintor de almas’, su última novela, a la Cuba esclavista de ‘Esclava de la libertad’? -Era un tema que me interesaba y ya tenía estudiado. No es preciso que te recuerde de qué forma estaba en el dos mil diecinueve, y mi objetivo era redactar, no regresar a estudiar algo que no sabes si va a llegar a publicarse. Así que recobré todo cuanto tenía. En verdad, en ‘La reina descalza’ ya toqué un tanto este tema. -«España fue la última potencia occidental en derogar la esclavitud en sus colonias, y siempre y en toda circunstancia me ha impresionado meditar que la generación de mis abuelos fue contemporánea a unas situaciones execrables», escribe. -Es una realidad que está poco tratada y poco estudiada, sí. Y la bestialidad era tremenda. Estaban desquiciados. Trabajaban veinte horas al día. A latigazos. Sin ningún género de esperanza. -¿De dónde brota Keweka? -Precisaba un personaje femenino. El que usasen a las mujeres como ganado para alumbrar más esclavos fue determinante. Además de esto, en aquella temporada se cogieron navíos pequeños y veloces, los clípers, para poder burlar a la armada británica, lo que implicó que en vez de hombres transportara pequeños y mujeres. -Entonces está, en el la villa de Madrid del siglo veintiuno, Lita, la otra protagonista de la novela. ¿De qué manera ha sido esto de trabajar tan pegado al presente y a la actualidad? -A mí asimismo me agrada redactar sobre el presente, lo que sucede es que la editorial no me deja, desea que escriba novela histórica (ríe). Es mi registro y me encuentro cómodo, mas ha sido un salto interesante. -En la novela viajamos de la esclavitud en el XIX al racismo en el XXI. ¿Existen paralelismos? -En lo más mínimo, no. Pueden haber símiles a la esclavitud como la trata de blancas o la explotación de pequeños, mas la diferencia radica en que la sociedad frente a lo aceptaba y ahora no. En la España del siglo XIX había abolicionistas mas asimismo gente que la defendía. Cuba era la que más rentaba, la que más aportaba a la metrópolis. -¿Qué tienen en común Lita y Keweka? -Que no luchan por ellas, luchan por la libertad del resto. -Un tanto a lo Espartaco. -Es una cuestión épica, sí -Los villanos son acá los marqueses de Santadoma, banqueros de pasado esclavista. ¿Están inspirados en alguna familia específicamente? -Yo no entraré en eso, mas hay suficientes libros que prosiguen las señales que han ido dejando estas fortunas que se crearon en el esclavismo. Ahí están. Mas escojo unos banqueros que pueden ser cualquier persona. -Mediante Lita introduce el problema de la restitución. -Si, de de qué forma indemnizar o arreglar. Es realmente difícil, desde entonces, arreglar a todos y cada uno de los afrodescendientes, mas quizás sí que pudiese haber una reparación más genérica o un reconocimiento más explícito. Eso es lo que piden todas y cada una de las convenciones de la ONU. -Aparte de estrenarse con el presente, asimismo tantea una especie de realismo mágico por medio de la religión Yoruba. -Es que no se podía tratar la esclavitud sin charlar de la religión. En el momento de oponerse a los amos, los esclavos tenían el aborto cuando les forzaban a parir; el suicidio, que era bastante común; y la fuga. Entonces, además de esto, estaba la religión, que les dejaba retornar a sus raíces. -Se afirmaría que lo propio es reescribir la historia desde la perspectiva de los maltratados. -Lo intento, sí. La meta es ver de qué forma lo vivieron. No reescribir, ojo, por el hecho de que no soy historiador. Mas sí que me resulta de interés el humilde. El que debe batallar. -¿Es buen instante para la novela histórica? –Siempre ha estado bien, marcha por el hecho de que es un cobijo para los lectores. Hallas historias emocionantes y llegas a evadirte. Si lees una novela actual el agobio que tienes en tu vida lo ves reflejado. En estas, en cambio, debes echar el freno de mano. -¿Ha sido un cobijo la lectura a lo largo de la enfermedad? –Siempre, sí, lo que ocurre es que fatigaba mucho. Tal vez te vuelves un tanto más exigente. En verdad, me agradaría hacer un llamamiento a fin de que los autores y argumentistas dejen de emplear el cáncer toda vez que desean matar a alguien. ¡Es que siempre y en toda circunstancia se muere todo el planeta de cáncer! Hay mil formas de morirse, mas todos se mueren de cáncer. -¿De qué manera están las cosas con Hacienda? -Ya hay dos resoluciones que me dan la razón, así que… ¡Y me solicitaban 9 años! Confío que la apelación se desestime y se sostenga la sentencia. Desde ahí, a ver de qué manera se soluciona lo demás, que son 7 años ya… MÁS INFORMACIÓN nueva No Exculpado de fraude a Hacienda Ildefonso Falcones -Tras todo, ¿la enfermedad ha sido un acicate para redactar? -No, el cáncer es una mierda. El cáncer ni enseña nada ni sirve para nada. No es que endurezca, es que te fuerza. No tiene nada positivo ni bueno.

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