La Academia Sueca se juega a doble o bien nada todo el prestigio del Nobel de LiteraturaEducación 

La Academia Sueca se juega a doble o bien nada todo el prestigio del Nobel de Literatura

A grandes males, ya se sabe, grandes antídotos, conque nada mejor que un 2 por uno para procurar compensar que el año pasado la polémica se comió cualquier posibilidad de celebración. O bien eso debieron meditar los responsables de la Academia Sueca cuando, tras el sonrojo global y el barbecho obligatorio de dos mil dieciocho, confirmaron el mes pasado de marzo que este año se entregrarían no uno sino más bien 2 premios Nobel de Literatura.

Sí, 2 por el coste de uno. Si bien menudo costo. Y no exactamente por los nueve millones de coronas suecas (unos novecientos cuarenta y 5 mil euros) que se va a llevar cada uno de ellos de los ganadores. «Dadas las reformas que se han incorporado y planeado, la Academia Sueca tiene la ocasión no solo de dejar atrás el año pasado, sino más bien asimismo de transformarse en una organización que funcione mejor en el futuro», argüía la Academia en un comunicado que transformaba en vagos eufemismos los escándalos por abusos sexuales y supuestas filtraciones que salpicaron al corporación en dos mil diecisiete. «No va a haber premio de Literatura mientras que la Academia no recobre su credibilidad», afirmó entonces el directivo de la Fundación Nobel, Lars Heikensten.

Era el conclusión a un annus horribilis que arrancó en el mes de noviembre de dos mil diecisiete, cuando veinta mujeres acusaron de violación y acoso al dramaturgo francés Jean-Claude Arnault, marido de la académica Karatina Frostenson y vinculado a la corporación por medio de Forum, un centro cultural financiado en una parte por la Fundación Nobel. El escándalo fue tal que, sumado a las sospechas de que Arnault habría filtrado el nombre de ciertos ganadores de ediciones precedentes para favorecer a casas de apuestas, se tradujo en una crisis histórica: 8 de los dieciocho académicos presentaron su renuncia y el Nobel de Literatura no se entregó por vez primera desde la Segunda Guerra Mundial.

Vuelven los cotilleos
Un genuino polvorín en la casa del inventor de la revienta al que se quiere dar carpetazo desde el próximo diez de octubre. Va a ser entonces, poco tras la una del mediodía, cuando se abran las puertas del despacho del secretario permanente de Academia Sueca y se conozcan los 2 nombres llamados a ocurrir a Kazuo Ishiguro, premiado en dos mil diecisiete. Atrás va a quedar, o bien debería hacerlo, un año para el olvido que la Academia Sueca ha aprovechado para someterse a una rehabilitación interna que desplaza una parte del poder al Comité Nobel, formado por 5 especialistas externos, y apuesta por una mayor trasparencia en todos y cada uno de los procesos.

Por eso, tras el huracán, la prensa sueca, exactamente la misma que comenzó a revolverse y a calificar de «cazadores de selfies» a los académicos cuando Bob Dylan se llevó el premio en dos mil dieciseis, hable ahora de normalidad recuperada en los días anteriores al fallo del premio. «El viejo rumor sobre quién va a recibir el premio Nobel de literatura del actual año en dos semanas se sentía hogareño. ¡Eso es lo que acostumbrábamos a hacer!», podía leerse antes de ayer en una de las crónicas del diario «Expressen» firmadas desde la Feria del Libro de Gotemburgo. Aun un libro como «Swedish Academy. Power, women and money», indagación en la historia y el pasado de la Academia Sueca firmada por los cronistas Christian Catomeris y Knut Kainz Rognerud, ha armado menos revuelo del aguardado frente al empuje de unas quinielas que llegan este año doblemente.

Ahí está, por poner un ejemplo, la sempiterna Marysé Condé, eterna aspirante que, algo es algo, ya se llevó en el mes de octubre de dos mil dieciocho el Nobel alternativo impulsado por la Nueva Academia sueca y dotado con un millón de coronas suecas (unos cien euros). O bien, quién sabe, Margaret Atwood,
veterana de las quinielas que llega al octubre literario más caliente surfeando la ola distópica de «Los testamentos», continuación de la muy triunfante y televisiva «El cuento de la criada».

Asimismo podríamos charlar, golpe de efecto a través de, de la versista canadiense Anne Carson, de la narradora rusa Lyudmila Ulitskaya o bien de la escritora Olga Tokarczu, nombres todos realmente bien posicionados en las casas de apuestas a que vienen a confimar que, en el año de la restauración, el Nobel (o bien los Nobel, si se prefiere) va a ser femenino o bien no va a ser. Tampoco andan lejos el prosista chino Cánido Xue, el keniano Ngugi wa Thiong’o, el rumano Mircea Cartarescu o bien el nipón Haruki Murakami, autores aproximadamente fijos que brindan a la Academia munición más que suficiente para no fallar.

Guerra y paz

Por Claudio Cerdán

Alfred Nobel ideó la revienta, lo que le trajo una gran fortuna y grandes desgracias. Su hermano murió manejando TNT y mismo no terminó igualmente milagro. En su testamento dejó escrito que su fundación entregaría una serie de condecoraciones anuales a grandes figuras de las artes y las ciencias. Un fabricante de armas dotó a nivel económico al mayor premio por la paz. Poco congruente, mas marcha.

A lo largo de los últimos meses la Academia Sueca, encargada de dar los galardones, parecía instalada sobre un polvorín. Sus sólidos cimientos conminaban con saltar por los aires sin precisar explosivos. Solo bastó un hombre.

Absolutamente nadie le preguntó a Jean-Claude Arnault de qué manera había llegado a influir tanto en el ambiente de la Academia Sueca. Lo conocían por sus exclusivas fiestas de Gotemburgo. Bien relacionado y con amigos poderosos, era uno más.

Hasta el momento en que le acusaron de dieciocho agresiones sexuales.

Los cronistas pusieron la lupa sobre él y descubrieron a un fotógrafo de poca monta que había medrado hasta una situación privilegiada en la elite cultural escandinava. Para una corporación sin grieta clara, el escándalo suponía un seísmo incontrolable. La resolución fue dolorosa: el Premio Nobel de Literatura de dos mil dieciocho quedaría desierto.

Los medios sensacionalistas transformaron a Jean-Claude Arnault en un saco de boxeo perfecto. Cuando fue condenado a un par de años y medio por violación, solo aseguró que «esas mujeres fabulan». Absolutamente nadie lamentó su caída. Alfred Nobel creó los premios y Arnault prácticamente los destroza.

Se desató la guerra total entre la Fundación Nobel, que paga la factura, y la Academia Sueca, que debía servir de ejemplo. Más de una cabeza cayó rodando por las escaleras del Edificio de la Bolsa.

La solución que se ha encontrado ha sido muy nórdica: pasar página y mirar cara otro lado. Nuevo comité, nuevos académicos, y el premio de dos mil dieciocho que será entregado en dos mil diecinueve. Una enorme liturgia, música de Dylan y 2 escritores elevados a los altares. ¿Congruente? Quién sabe, mas debe marchar.

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