La Comisión Científica del Pacífico, la última gran aventura de España en el Nuevo PlanetaCiencia 

La Comisión Científica del Pacífico, la última gran aventura de España en el Nuevo Planeta

Tras medio siglo de vagancia, en mil ochocientos sesenta y dos la reina Isabel II ordenó, de forma apurada, la puesta en marcha de una expedición que atravesase los océanos con el objetivo de recabar información en diferentes áreas del conocimiento –zoología, botánica, biología, arqueología y geología–, y que, además de esto, retratase poblaciones y gentes.

Con esta epopeya se procuraba recuperar el espíritu de la tradición científica de España de finales del siglo XVIII, con figuras y expediciones tan recordables como las efectuadas por Sessé y Mociño en la Nueva España; Hipólito Ruiz y José Pavón en Perú; Celestino Mutis en Nueva Granada o bien la más famosa, la llevada a cabo por Bustamante y Malaspina.

Formó el último intento para encerrar la naturaleza exótica americana entre las vitrinas de nuestros muSeos. Un anhelo por hallar lo genuino, desprenderse de la cotidianidad y de las sombras de la vulgaridad, un esmero por hallar en escenarios salvajes los ideales que habían desaparecido de la península.

A lo largo de 3 años (mil ochocientos sesenta y dos-mil ochocientos sesenta y cinco) los comisionados –profesores de ciencias naturales– recorrieron una gran parte de Sudamérica, América Central y California.

La última importante empresa de ultramar
El diez de agosto de mil ochocientos sesenta y dos partió del puerto de Cádiz la famosa como «Expedición Científica del Pacífico», bajo el mando militar del contraalmirante Luis H Pinzón y con una irrelevante dotación: una goleta (Covadonga) y 2 fragatas (Resolución y Triunfo).

Los expedicionarios cruzaron el Cabo de Hornos, atravesaron la pampa argentina, el desierto de Atacama, estudiaron restos arqueológicos andinos y mandaron más de 82 mil ejemplares a España, todos ellos con su pertinente nomenclatura científica.

Un periplo inspirado, indudablemente, en la figura de Alexander von Humboldt, un explorador prusiano, hijo del romanticismo, que examinó llanuras, volcanes y ríos de Sudamérica.

En múltiples ocasiones la expedición se fragmentó para hacer más provechosa la recogida de las muestras. Entre la multitud de tesoros que se trajeron a España resaltan diamantes de Brasil, pepitas de oro de California, cobre nativo del desierto de Atacama, corteza de quina, osos hormigueros…

Dibujante, fotógrafo y cronista
Uno de los aspectos más renovadores de la gesta fue la integración de un dibujante a la expedición –Rafael Castro y Ordóñez–, que además de esto hacía las veces de cronista y de fotógrafo.

Lo cierto es que se ignora si Rafael Castro tenía conocimientos de fotografía en el instante de adscribirse a la Comisión Científica del Pacífico, mas sí nos consta que a lo largo de semanas recibió instrucciones del fotógrafo más reputado de la temporada, el británico Converses Clifford, establecido en la capital madrileña.

De las fotografías que efectuó se preservan hoy en día más de quinientos, en donde se nos enseña las gentes, las urbes y la naturaleza americana en su grandiosidad.

En mil ochocientos sesenta y seis tuvo lugar una exposición en el Real Jardín Botánico, en donde se presentó miles y miles de objetos traídos del Nuevo Planeta, que después se desunieron en múltiples instituciones de la Corona. Así se hacía evidente, de nuevo, el desequilibrio entre el ahínco organizativo de las expediciones y sus resultados científicos, que quedaban aparcados en la esquina del olvido.

Lejos de percibir los laurales por un trabajo bien hecho, los 7 comisionados originarios (Castro y Ordóñez, Almagro, Martínez y Sáez, Isern, Amor, Jiménez de la Espada y Membiela) perdieron su vida, bien a lo largo de la investigación o bien a consecuencia de exactamente la misma. ¿Quién recuerda ahora de ellos?

Pedro Gargantilla es médico internista del Centro de salud de El Escorial (la capital de España) y autor de múltiples libros de divulgación
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