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La era sanitaria de la telemedicina

En el último mes del año de dos mil diecinueve prácticamente absolutamente nadie había oído charlar de la ciudad de Wuhan. Solo los especialistas conocían la existencia de una neumonía de origen ignoto, que después probó ser ocasionada por el Sars-CoV-2: el coronavirus. De lo que el planeta sí había oído charlar a lo largo de largo tiempo es que la telemedicina era un recurso para prosperar la accesibilidad a la sanidad a nivel global: Hollywood se adelantó a la realidad con la medicina recóndita de la ciencia ficción, mas asimismo hemos visto los factores más básicos de salud de los astronautas controlados a distancia desde el principio del programa Apolo, y el control de cientos y cientos de factores de los bólidos de Fórmula 1 en tiempo prácticamente real para ganar por milésimas de segundo carreras mareantes con puntas de velocidad de más de trescientos km por hora.

Vivimos en un planeta en el que más del cincuenta por ciento de la población tiene conexión a internet, con por lo menos un terminal por persona, y paradójicamente, existen zonas recónditas con escasa cobertura sanitaria o bien zonas de enfrentamiento permanente que podrían tener programas de sanidad por medio de la red. En España, en un ambiente tecnológico con más del noventa por ciento de habitantes con conexión a internet, debería poder accederse a más servicios expertos en la llamada España vaciada, o bien progresar la asistencia y cobertura de pacientes y cuidadores con contrariedades de movilidad.

Mas este escenario en que la telemedicina podría asistir a mucha gente jamás ha sido aprovechado. El Covid-diecinueve cambia el planeta como un malo de película y le obliga a hacerse mejor. Al vernos encerrados en un confinamiento imprescindible, nos hemos puesto cara la pantalla. El empleo de tecnología comenzó siendo un mal preciso adoptado a toda prisa, y ya es el estándar. Cuando comience el desconfinamiento (que aguardemos sea pronto, mas todo señala que va a ir para largo, a la espera de posibles recidivas y de una vacuna que se retardará largos meses) y la distancia social sea de obligado cumplimiento, no se alterarán substancialmente nuestros hábitos.

A lo largo del confinamiento, y mientras que padecemos por las UCI y los fallecimientos por la nueva enfermedad, asimismo se ha dado un salto de años prospectivo en telemedicina. Por último podemos aseverar que asistimos a la uberización que se aguardaba de la medicina, o sea la de última milla. El campo privado se ha reconvertido, comenzando por las ideas ya preparadas de empresas de seguros vanguardistas como Sanitas, que han pasado de doscientos cincuenta televisitas cada día a más de cinco mil, y tantas otras arrancan a toda velocidad. Asimismo están participando en este cambio las «startups» del ámbito, como Doctoralia, capaz en quince días de crear herramientas de telemedicina desde cero para sus médicos y profesionales sanitarios subscritos, tirando de músculo tecnológico y conocimiento del ámbito, y poniendo más de dos mil profesionales a predisposición de los pacientes españoles de forma telemática.

Como sociedad, hemos aprendido que la sanidad, todavía y gratis directo, tiene recursos limitados. Un costo alto de recursos reduce la disponibilidad de exactamente los mismos en el caso de urgencia como es el caso de esta pandemia. Los pacientes, poco a poco más reticentes a acercarse a servicios de emergencias de centros de salud, que han sido La Meca de peregrinación al menor signo de inconveniente físico o bien mental grave, ya tienen quien les valore a distancia. Esto es esencial, pues el comportamiento de evasión de los centros de salud puede provocar demoras en la atención médica, a veces, imprescindible.

Tenemos la solución en la telemedicina, y de ahí que vive un auge: en Cataluña ya hay más visitas virtuales a la sanidad primaria pública que presenciales, conforme reflejan las estadísticas de su software eCAP. La telemedicina puede aportar un control visual del paciente por la parte del profesional, no solo para el llamado triage de emergencias, sino más bien asimismo para el futuro control de pacientes crónicos a través de la utilización de dispositivos médicos conectados. Sin se preciso un control en milésimas de segundo, puede disponerse de uno diario de factores específicos capaces de adelantar cambios que requieran ajustes de tratamiento.

De esta forma se sostiene a los pacientes más débiles lejos de las camas hospitalarias. Esto podría reducir el número de emergencias en un ochenta por ciento , y acomodar considerablemente más toda la asistencia que se presta al ambiente de cada persona. Pues la medicina adaptada no es solo genética, sino debe tener en consideración la realidad tanto social como mental de las personas. Esta pandemia asimismo ha puesto en relevancia la necesidad de un mayor control sanitario en las residencias de jubilados, y por ende debería imponerse una modernización de los centros: las herramientas digitales de monitorización y control de la salud física y mental, aparte del ejercicio preciso, van a ser el requerido cordón umbilical entre el personal de las viviendas y los responsables sanitarios de exactamente las mismas.

La trazabilidad, digna de los Fórmula 1, va a tener un enorme fin en los mayores, que van a poder continuar conectándose a familias y amigos vía on line. Seguramente esa tan señalada brecha digital por edad no sea ya tan pronunciada tras los tiempos del coronavirus. Estos cambios, que suceden de forma observable y admitida por ciudadanos y profesionales, marcan los comienzos de una nueva era, de igual manera que la presentación en dos mil siete del iPhone por la parte de Steve Jobs marcó el comienzo de la transformación digital. La cultura, que conforme Peter Drucker se come la estrategia para desayunar, se ha tragado de un mordisco los inconvenientes que la tecnología iba a dar a todos y cada uno de los colectivos implicados. Es la nueva era de la telemedicina: conectémonos para una mejor salud y calidad de vida.

Frederic Llordachs es asociado y cofundador de Doctoralia

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