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La Feria del Libro de la villa de Madrid, anulada

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La Feria del Libro de la capital española no festejará, por último, su edición de dos mil veinte, que iba a celebrarse en el mes de octubre tras ser postergada por la crisis sanitaria del coronavirus, conforme han confirmado a ABC fuentes de la comisión organizadora del acontecimiento literario más esencial de España, formada por editoriales, librerías y distribuidoras.

En declaraciones a ABC, fuentes del Gremio de Librerías de la capital española explican que, «a pesar de todos y cada uno de los sacrificios hasta el último instante, aun habiendo efectuado el sorteo de casetas, es una resolución lógica por cautela y responsabilidad con todos y cada uno de los trabajadores del ámbito y los lectores, a quienes nos debemos». Estas fuentes mencionan, asimismo, a «las complejas esperanzas que, por desgracia, se proyectan las próximas semanas en la capital de España». Y rematan: «No había otra medida posible».

Por su lado, la Asociación de Editores de la villa de Madrid prefería no hacer declaraciones y aguardar al comunicado conjunto que la dirección de la Feria del Libro iba a hacer público el jueves próximo anunciando la resolución, que el día de hoy ha sido adelantada en los medios; ese día, el veintisiete de agosto, estaba prevista una sesión entre la Dirección General de Salud Pública de la Comunidad de la capital de España y la comisión organizadora de la Feria. Dicho comunicado llegaba, por último, pocas horas una vez que saltara la nueva. En exactamente el mismo se explica que la resolución de anular la edición del actual año ha sido «muy dolorosa» y se ha adoptado «unánimemente», en «un ejercicio de responsabilidad y cautela frente a la bastante difícil situación derivada en las últimas semanas por la pandemia del coronavirus y las esperanzas que se proyectan para septiembre».

La dirección de la Feria mantiene que, «en el marco del plan de contingencias» con el que trabajaba, ha aguardado hasta una data próxima al principio del montaje en el Retiro, previsto para el dos de septiembre, para «efectuar una serie de consultas con la autoridad sanitaria». En este sentido, «la resolución se adopta tras valorar pausadamente las circunstancias que la pandemia prosigue provocando al día de el día de hoy, y examinando las esperanzas sociosanitarias de septiembre y octubre».

Para «sostener viva la marca de la Feria», la dirección de exactamente la misma va a poner en marcha, a lo largo de las datas en las que iba a festejarse de forma presencial en el mes de octubre (entre el dos y el dieciocho), un proyecto llamado FERIA EN DIRECTO, consistente en «un conjunto de actividades virtuales que se van a hacer públicas dentro de poco». El comunicado se cierra con un agradecimiento a todos y cada uno de los «patrocinadores, empresas cooperadoras, y medios» y, especialmente, «al Municipio y a la Comunidad de la villa de Madrid por su apoyo en instantes tan difíciles». Por último, la dirección emplaza «a toda la sociedad lectora a toparnos del veintiocho de mayo al trece de junio de dos mil veintiuno para festejar la ochenta edición de la Feria del Libro de la capital española» y se despide con un significativo «Annus horribilis» bajo la data en la que está datado el comunicado.

Precedentes
El pasado nueve de julio, y frente a las entendibles dudas respecto a su celebración, la comisión organizadora de la Feria hizo público un comunicado en el que confirmaba la cita en su tradicional y también histórico escenario, el PaSeo de Vehículos del madrileño Parque del Retiro. Mas, por último, la realidad poco a poco más alarmante de la evolución de la pandemia en este país se ha impuesto a los deSeos del campo, que tenía sus ilusiones depositadas en el acontecimiento tras el duro golpe que supuso para la industria el parón de la actividad editorial a lo largo del estado de alarma.

En el mentado comunicado, fechado hace mes y medio, la comisión defendía que era «inevitable regresar a una normalidad» y estimaba que «arrancar la industria del libro» era «más esencial que jamás, mas siempre y en todo momento con la mayor seguridad y responsabilidad». En aquella sesión se decidió que la Feria se rigiese «por rigurosos controles de seguridad» y «siguiendo los protocolos», con la meta de asegurar «la salud de montadores, repartidores, expositores y visitantes va a estar garantizada por los protocolos de medidas que se activarán».

Para posibles eventualidades, sobre todo la cancelación ahora confirmada, la comisión organizadora de la Feria consiguió, en su instante, un patrocinio singular de trescientos euros de la Comunidad de la villa de Madrid, montante que va a hacer más simple la comprometida devolución, por la parte de la cita, del «dinero pagado por los expositores para su participación».

En un encuentro con los medios festejado por vía telemática a inicios de julio, Miguel Barrero, presidente de la Federación de Gremios de Editores de España, expresaba el deSeo de los editores de «que hubiera Feria». Como primer motivo, Barrero mencionaba a la necesidad de «no perder el contacto con los vecinos de la villa de Madrid» y, seguidamente, «pues la meta de la Feria no es solo comercial, es asimismo una ocasión magnífica de instruir el fondo, no solo las novedades» editoriales.

La verdad es que la celebración de la setenta y nueve edición de la Feria del Libro de la villa de Madrid, cuyo cartel es obra de la artista Nuria Riaza y contaba con Colombia como país convidado, estaba en el aire desde el momento en que, a mediados de marzo, se decidiese, debido a la Covid-diecinueve, postergar su celebración, que de forma tradicional tiene sitio entre finales de mayo y principios de junio. En aquel instante, su directivo, Manuel Gil, reconocía a ABC que la resolución, tomada «de mutuo acuerdo», de postergar la Feria hasta octubre era «un golpe para la industria», mas «un acontecimiento con esa extensión de público (en diecisiete días, unos un par de millones de personas) debía respaldar a toda la política pública de sanidad». «La responsabilidad debe quedar sobre cualquier otra consideración», afirmó entonces Gil a este periódico.

Desde ese momento, las asambleas entre libreros, editores y distribuidores se fueron sucediendo con el ánimo de permitir su celebración. No obstante, no siempre y en todo momento hubo concordia en las negociaciones. Fuentes del campo aseguran que el inconveniente de base es que siempre y en todo momento ha existido un disconformodidad entre la percepción que los libreros tienen de la Feria, a la que consideran un punto de venta, y la de los editores, que la ven como un escaparate.

Cifras y pérdidas
En dos mil diecinueve, la Feria del Libro de la capital de España cerró sus puertas con un cómputo más que satisfactorio, en tanto que el total de ejemplares vendidos rondó los quinientos cincuenta, cantidad que supuso una colecta de diez millones de euros. La cita reunió entonces en el madrileño parque del Retiro a más de dos,3 millones de personas. Conforme las cantidades facilitadas por la organización, en la edición del año pasado hubo más de mil ochocientos autores repartidos en las trescientos sesenta y uno casetas de librerías, editoriales, distribuidores y también instituciones que estuvieron en la Feria.

La nueva ha caído como un jarrón de agua fría en el campo. Fuentes del mismo explican que, a lo largo del confinamiento, la caída de la facturación fue «increíble», y si bien se mostraban ilusionados, puesto que «el rencuentro de los lectores con el libro es bueno», la cancelación terminante de la Feria del Libro de la capital de España pinta el horizonte editorial aún más obscuro.

Conforme los datos más recientes de la Federación de Cámaras del Libro (Fedecali) de España, que reúne a editores, libreros y distribuidores, el campo espera perder este año, debido a la crisis deribada de la pandemia de la Covid-diecinueve, en torno a un veinticinco por ciento de la facturación del comercio interior (unos seiscientos millones) y cerca del sesenta por ciento del exterior (en torno a doscientos setenta y seis millones); o sea, prácticamente novecientos millones de pérdidas para una industria próxima a los tres mil millones de euros y que supone alrededor del 0,8 por ciento del Producto Interior Bruto de España.

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