La Moncloa, pendiente de un rebrote del CEC-veinteEconomía 

La Moncloa, pendiente de un rebrote del CEC-veinte

el Gobierno Sánchez-Iglesias no afirma toda la verdad, si afirma alguna, mas la cuestión es que no lo hace al 100 por ciento cuando asevera que trabaja para «minimizar las críticas» contra su forma de expedir. En el dorso de esa falsa moneda se oculta la clave: disminuir al mínimo las críticas… para poder hacer lo que considere preciso. ¡Faltaría más! Y es que este Ejecutivo de la desmesura –¡no les abochorna sostener la mastodóntica estructura creada para dar cobijo a tanto cargo inútil con lo que están aguantando el resto de ciudadanos españoles!– no se ha llevado por delante a Locke, Montesquieu y al mismísimo «El espíritu de las leyes» en dos meses, a fin de que nada ni absolutamente nadie les adelante ahora por la derecha en su ataque al cielo. ¡Con lo que ha costado la conquista y también invasión!

La pandemia ha dejado en los huesos al tejido productivo patrio, con la mitad de nuestras empresas pidiendo ayudas desesperadamente y la otra mitad asimismo a la agobiada y sin ayudas. La situación la pintan calva a fin de que un Gobierno de marketing y publicidad como este se cuele por detrás en las compañías bandera de España y encima deban solicitar perdón por darle la espalda. Ya saben, donde unos ven peligro otros hallan ocasiones. Si no que le pregunten al el día de hoy vicepresidente por obra y gracia del Espíritu Sánchez, Pablo Iglesias, y su travesía desde Vallecas a las páginas del «Finantial Times», ¡sea todo por la causa!

Resulta que hasta los oídos de Iván Redondo ha llegado la nueva de un virus, si no tan temido por sus horribles efectos económico-sanitarios como el Covid-diecinueve, sí inquietante para su particular juego de tronos: el CEC-veinte. Una mutación, una cepa nueva más peligrosa que aquel Consejo Empresarial para la Competitividad que entre dos mil once y dos mil diecisiete se llevó por delante una buena parte de los principios de funcionamiento institucionales de España.

En La Moncloa prosiguen de cerca la curva de este rebrote de gobierno en la sombra, examina los movimientos empresariales al microscopio para determinar al «paciente cero», al Adán que pretende darle un bocado a la manzana de su paraíso corporativo. Sabe de buena tinta que hay mucho asintomático agazapado.

Banca, Energía y Telecomunicaciones, por este orden, figuran en la plan de actuación del manual de todo conquistador, y dentro del Ejecutivo ya tienen cuando menos las coordenadas de entrada de tan espléndida amenaza. No están prestos a que absolutamente nadie les arruine sus planes, ahora que se hallan de enhorabuena con el asentimiento de Bruselas. ¡Ahí es nada! ¡Y exactamente ahora! cuando los europeos pensábamos puesto que aquello de entrar como elefante «público» en una cacharrería «privada» se había acabado se nos echa encima la mayor crisis sanitaria de dimensiones planetarias que podríamos imaginar a esta altura, y reaparecen ideas en las instituciones del populismo más infame y peligroso que ha conocido hasta el momento la democracia de España. A las cavernas económicas derechitos al menor desatiendo.

La cuestión es que en La Moncloa no están prestos a que absolutamente nadie les arruine sus planes sobre Bankia y Banco Bilbao Vizcaya Argentaria, que el PNV es ahora más preciso que jamás –miren si se ha cobrado ya una parte de su apoyo con el visto bueno a el País Vasco a poder desplazarse entre provincias– y no sobran exactamente comodines en la baraja de concesiones de legislatura. Grandes nervios hay asimismo en Cataluña y el resto del levante de España, donde las entidades están entre la espada del independentismo y la pared de intervencionismo estatal. Tampoco semeja preparado el ala oeste, donde habita Pablo Iglesias, a que ningún particular avispado le levante la cartera nacionalizadora de alguna energética de bandera, puesto que qué mejor renta básica que te obsequien el recibo de la luz, y todo vestido de verde y sustentable. Poco van a poder hacer los que ahora se apuran a acercarse a la ministra de la cuestión, Teresa Ribera, pidiendo árnica y mucha visión en un largo plazo.

Y qué decir de las telecomunicaciones. Esta semana se daba a conocer la mayor operación corporativa en la historia de Telefónica, un requiebro de su presidente, José Mª Álvarez-Pallete, en plena pandemia para proyectarse en el mercado anglosajón y dar un golpe en la mesa del atrofiado empresariado patrio. Mas es conveniente tener muy presente que en España el éxito es lo único que no se excusa, y mientras que cuaja la coalición no van a faltar los adeptos a echarle el guante a una compañía que ahora es más deseable que jamás y que no vacilarán –no dudan– en forzar la cerradura de la reputación para colarse hasta la cocina. Va a haber que rememorar que no se puede ser tan de los otros que no se sea de uno mismo.

Y de esta forma está el patio del ya antes conocido como selectivo Ibex, en riesgo de salir de las brasas y caer en las llamas, de eludir la alargada mano nacionalizadora del Ejecutivo para finiquitar en el bolsillo de varios desocupados. Hay siempre y en todo momento que poner más cuidado a un final feliz que a una jaleada entrada. Y, entonces, dejar hacer a los que hacen. Para ello sí que no hay cura. Espero que Europa lo ate todo bien en corto, si no ¡abróchense los cinturones!

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