La que se aproxima...Economía 

La que se aproxima…

Empieza dos mil veintiuno con el pesado lastre de una pandemia que ha hecho estragos no solo en el terreno sanitario. La economía mundial por norma general, y la de España, particularmente, se han enfrentado a una situación nueva que ha castigado con dureza a muchos ámbitos económicos, mas singularmente a ciertos en los que España es líder, como el turístico. Y si bien la llegada de las vacunas introduce una dosis de optimismo para el medio y largo plazo, la verdad es que por el momento el año comienza con malos datos de contagios y más hospitalizaciones y fallecimiento en el campo sanitario en toda Europa. Y al lado de las malas cifras sanitarias, asistimos asimismo a la imposición de nuevas limitaciones de movilidad o bien ampliaciones de toque de queda que se traducen en el cierre, cuando menos temporal, de muchos negocios.

Poco queda ya para llegar al primer aniversario del estallido de la pandemia en Europa y lo que en un primer instante se interpretó como un golpe fuerte a la economía mas muy limitado en el tiempo, se ha ido prolongando y medidas que se tomaron con carácter inusual para un periodo cortísimo se han ido propagando durante meses. El interrogante es si esas medidas que indudablemente eran buenas para 2, 3… 6 meses, prosiguen siendo válidas cuando los inconvenientes se prolongan. Es el caso de los ERTE, cuya prórroga, ahora por lo menos hasta mayo, prosiguen negociando empresarios, sindicatos y Gobierno. En el planeta económico absolutamente nadie duda de que este instrumento para regular provisionalmente la utilización es un salvavidas para empresas y trabajadores en el momento en que una compañía pasa por apuros temporales. La cuestión ahora es exactamente en qué compañías esos apuros se pueden transformar en estructurales y los ERTE, en vez de una solución, pueden ser una forma de exender la agonía.

A fin de que esta figura de flexibilidad laboral prosiga siendo útil para sostener los puestos, se debe hacer un buen análisis de qué empresas tienen posibilidades de subsistir y regresar a un nivel de actividad afín al que tenían ya antes de la pandemia y, por ende, van a poder continuar dando trabajo a sus empleados; cuáles subsistirán mas solo con ajustes de costos, incluidos de empleados, y cuáles se van a ver abocadas al cierre. Es verdad que no es sencillo hacer ese diagnóstico ahora, mas es la única forma de asegurar que no se desperdician recursos públicos sosteniendo empleo de forma artificial y, lo que es peor, que no se fuerza a compañías a sostener puestos impidiéndoles hacer los ajustes precisos para subsistir. No hay duda de que, por más que duela, ciertos ERTE se transformarán inevitablemente en ERE y la obligatoriedad de no despedir para beneficiarse de las ayudas públicas debe incluir salvedades para eludir todavía más quiebras. Eso sí, las compañías han de ser suficientemente responsables para no abusar de estos instrumentos creados para quien verdaderamente lo precisa, y la Administración debe arrancar todos y cada uno de los mecanismos y sanciones que estén en su mano para eludir los posibles abusos.

Otro de los lastres de la pandemia con el que vamos a cargar este año y los venideros es la pesada loseta de la deuda. Para hacer frente al pago de los ERTE, a los rescates de empresas, al incremento de los gastos sanitarios y a la caída de colecta por la mengua de la actividad necesitaremos acrecentar la emisión de deuda pública. Conforme anunció el pasado viernes el Tesoro, este año emitirá prácticamente doscientos noventa millones de euros, doce millones más que en dos mil veinte. Se va a marcar de este modo un nuevo récord de emisión de deuda, con cifras no solo superiores a las de dos mil veinte sino más bien por encima de las emisiones de la burbuja financiera, cuando las emisiones no llegaron a superar los doscientos cincuenta millones de euros. De estos prácticamente trescientos millones, ciento noventa millones de euros van a ser para hacer en frente de vencimientos de la deuda y otros cien millones auxiliares de deuda van a ir a financiar todo el déficit público del Estado y de la Seguridad Social. La laxa política monetaria del BCE evitará que, por el momento, se engrose en demasía la carga de intereses de la deuda que paga el Estado, mas no hay duda de que es una bomba de relojería que hay que desactivar antes que vuelva una nueva era de tipos más altos.

El nuevo año se estrena, además de esto, con ciertas subidas de impuestos, como el de las primas de seguros, o bien los recortes a las deducciones por planes de pensiones que, como el tiempo probará, no se acomodan a lo que la coyuntura económica requiere.

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