La salida del túnel es la bellezaCultura 

La salida del túnel es la belleza

Uno de los principios más tremendos del cine es el de una película bastante poco famosa titulada Blast of Silence, Explosión de silencio, dirigida por Allen Baron en mil novecientos sesenta y uno. Empieza en la obscuridad total, con una voz en off que afirma «naciste en la mitad de la obscuridad y del dolor», y después va narrando las contrariedades de un parto. Escuchamos los chillidos de la madre, a la que la voz calma con determinada ironía desapegada, y después el lloro del recién nacido. Y todo el rato baila ante nosotros un punto de luz en la mitad de la negrura, que poquito a poco va medrando de tamaño hasta el momento en que entendemos que se trata de la boca de un túnel, y que nos hallamos en un tren que avanza por este túnel a toda velocidad. Y cuando el pequeño nace, el tren sale del túnel y empieza de esta forma una vida, hecha de velocidad y de manera perfecta encaminada en un cairel del que es imposible salir.

Enseguida el tren llega a una estación subterránea en Manhattan. El pequeño ha natural de un túnel, ha surgido del túnel y del túnel ha llegado a otro túnel. Hay una insinuación de que esta urbe en la que estamos, Manhattan, está toda hecha de túneles. Probablemente todas y cada una de las urbes no son otra cosa que túneles que perforan la obscuridad, si bien los túneles se eleven en edificios, en palacios, en terrazas. Asimismo la capital española está hecha de túneles, y ahora más túneles, y aún más túneles. Somos seres tristes los humanos, dedicados a cavar túneles como los topos ciegos, cuando no somos topos y no somos ciegos. Cuando podríamos hacer tantas otras cosas. Por servirnos de un ejemplo, buscar una salida de este laberinto en el que, sin darnos cuenta, nos hemos metido. Pienso en La cautivadora de víboras de Rousseau. Recuerdo la primera vez que vi este cuadro. Solo era un pequeño, y no me podía opinar tanta belleza. Recuerdo que miraba el cuadro con incredulidad, con maravilla, como diciéndome, «ah, mas esto ¿puede hacerse?». Ahí, en esa belleza, ahí está la salida. No hay otra salida que esa belleza. Fuente de sabiduría, camino y lámpara.

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