Cultura La verdad descubierta de Conrado del Campo

La verdad descubierta de Conrado del Campo

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Valoración Crítica4

Proyecto Conrado

Fundación Juan March, la capital de España

Vonrado del Campo: Cuartetos tres y cinco, ‘Intermezzo-Scherzo sobre el apellido Mi-la-nés’. Intérpretes: Cuarteto Diotima. Lugar: Fundación Juan March, la capital española. Fecha: veintisiete de abril

Habría que comenzar a a desterrar la opinión de que Conrado del Campo (mil ochocientos setenta y ocho-mil novecientos cincuenta y tres) es un músico olvidado, como aún se escribe. Por lo menos si se considera la tarea de promoción que desde hace unos años viene desarrollando la Fundación Juan March, encargada de proteger a lo largo de un tiempo su legado reportaje antes que quedase claramente depositado en el Centro de Documentación y Fichero (Cedoa) de la SGAE. En su escenario se han escuchado los tríos de cuerda, múltiples cuartetos y, más cerca en el tiempo, el quinteto con piano ‘Episodio de una vida combatida y dolorosa’, las óperas de cámara ‘Fantochines’ (que había sido editada ya antes en formato facsimilar) y ‘El pájaro de dos colores’… Se publicó aun en mil novecientos ochenta y seis un catálogo de obras firmado por Miguel Alonso. Cada cierto tiempo, la March recuerda la música de Conrado del Campo, lo que se se une a otras ideas, por servirnos de un ejemplo en el terreno sinfónico merced al apoyo ocasional de múltiples orquestas que han dejado huella en diferentes grabaciones discográficas.

Curiosamente, todas y cada una estas experiencias, lejos de acortar la distancia a la obra de Conrado del Campo, han acentuado la sensación de que el conocimiento crítico es demasiado imperfecto. El corpus de los cuartetos de cuerda es un caso inmediato puesto que se prosigue difundiendo como uno de los más esenciales de la música de España del siglo veinte pese a ser un repertorio que se propaga de forma muy parcial, aun imperfecta. Desde esta idea nace el ‘Proyecto Conrado’, dedicado a la interpretación de la integral de los cuartetos de cuerda en la sede madrileña de la March en congruencia con la publicación de exactamente los mismos a razón de un concierto y dos volúmenes anuales. Terminan de presentarse los dos primeros ejemplares dedicados a los cuartetos primero y cuarto, y quedan once más y una adenda con movimientos sueltos e incompletos. El proyecto editorial está firmado por Fundación March, la Sociedad De España de Musicología y la Fundación SGAE, y cuenta con un comité editorial formado por Miguel Ángel Marín, Tomás Garrido y Juan Antonio Rodríguez.

Al profesor Conrado del Campo se le reconoce por ser un músico de forma decidida inabordable en el estilo (asociado a corrientes centroeuropeas), dominante de la técnica y devoto del oficio hasta el punto de garabatear sin denuedo cientos y cientos de páginas con una escritura de dificultad pasmosa. «Se han escrito grandes obras con una caligrafía realmente terrible», explicaba en mil novecientos noventa y seis el directivo Jonathan del Mar al empezar la edición de la sinfonías de Beethoven con el fin de recobrar las pretensiones del autor y liberar las obras de postizos incorporados por la tradición. «A Tippett le pregunté en una ocasión: ‘Michael, ¿habría de ser un fa o un sol?’. A lo que respondió: ‘No sé, querido, haz lo que creas mejor’». Emulando el relato de Del Mar, Aldo Mata, Tomás Garrido y Garazi Echeandia han asumido la proeza de editar los cuartetos tres y cinco y el ‘Intermezzo-Scherzo sobre el apellido Mi-la-nés’, que terminan de escucharse en la sede madrileña de la March, en el Sala de Reestrenos. Conrado del Campo «componía a vuela pluma, deslavazado», insiste Garrido, más preocupado por la obsesión de reflejar sobre el papel el aluvión de ideas que de depurar el trabajo tratando de dejar para la posteridad partituras con comodidad reproducibles.

El planeta musical actual es más transparente, inmediato y aprensivo que el que vivió Conrado del Campo y estas ediciones tan impecablemente efectuadas intentando dejar al intérprete papeles limpios reservando la montonera de observaciones filológicas al apéndice a fin de que no manchen el texto musical, se identifican realmente bien con la refinada interpretación que termina de ofrecer el Cuarteto Diotima. En un caso y en el otro, el principio de calidad opera de una forma inmediata, tal como se verificó el miércoles, tras un concierto en el que arreciaron los aplausos. Al lado de las valoraciones que puedan extraerse de mundos estéticos tan contrastados como los que proponen las 3 obras del programa, la excepcional interpretación del cuarteto francés logró más adeptos para la causa conrradiana que mil declaraciones de principios.

Asimismo el orden del programa operó en favor del éxito caminando, desde la espesura aplastante e inabordable del cuarteto tres a la más sutil transcripción literaria de quinto basado en rimas de Bécquer. En medio estuvo el ‘Intermezzo-Scherzo’, ocurrente construcción, justa de gracia (no era don Conrado un músico con singular inclinación a la guasa) mas donde opera el ingenio musical con una solvencia incontrovertible. Indudablemente, es desconcertante el primer movimiento del cuarteto 3, apoyado en una narración musical que no deja de autogenerarse hasta edificar un excelente, enorme e inacabable caudal del música. bastante difícil de aprender. Es ahí donde se identifica al severo y barroco Conrado del Campo del que la historia ha hecho una descripción solemne. Esta reconcentrada ‘piecita’ de música responde a una voluntad que halla su compensación en el segundo tiempo desarrollado con una calidad tímbrica excepcional dejando en el aire una obra que probablemente quedó descuidada y sin terminar.

El Diotima es un cuarteto con músculo, entrenado en la música actual más compleja. Y aún así se admira que fuesen capaces de sostener a lo largo de todo el concierto semejante grado de concentración, desde las primeras notas del 3 hasta las últimas del cuarteto 5, ‘Caprichos románticos’, presentado en su versión nueva en 6 movimientos de carácter ‘literario’. La obra de Conrado del Campo es particularmente poderosa cuando se relaciona con imágenes textuales. Las de Bécquer son una sugerencia realmente sentida lo que lleva la música cara espacios sugerentes, alcanzables, gramáticamente zahoríes y formalmente cómodos. Las próximas ediciones del Proyecto Conrado dejarán descubrir otros cuartetos, mas parece obvio que el quinto, el más interpretado a lo largo de años de todo el corpus, es una obra suficiente para delimitar lo mejor de su autor; uno de los realmente grandes de la historia musical de España de la primera mitad del siglo pasado. El Proyecto Conrado lo defiende abiertamente y comprometida.

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