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Los 13 toros de Palomo Linares en sesión de tarde y noche

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El invierno de mil novecientos setenta y uno no fue simple entre la compañía de la plaza de Las Ventas y los apoderados de uno de los toreros con mayor tirón popular, y al final,
Palomo Linares
se quedó fuera de la feria de San Isidro. No obstante, los hermanos Joven, guías del matador, apostaron por la capital de España con un golpe de efecto: anunciaron a Palomo en Vista Alegre para lidiar 12 toros en un día, 2 corridas a solas en sesiones de tarde y noche.

El de Linares consumó la gesta y hasta obsequió el sobrero en la función nocturna, con lo que fueron 13 los astados estoqueados y 12 orejas y 5 rabos el cómputo triunfante de trofeos. Mas para llegar al diecinueve de junio de mil novecientos setenta y uno pasaron muchas cosas que sumieron la proeza en la inseguridad. Primero se anunció para el veinte de mayo, en competencia con Las Ventas, mas la lluvia forzó a postergar el doble festejo al día veintidos. Palomo lidió exitosamente los 6 toros de la tarde, y el agua suspendió la nocturna.

No obstante, la pretensión del matador era consumar las corridas en un día y volvió a anunciarse para el cinco de junio. Otra vez las inclemencias del tiempo y nueva suspensión. De esta manera hasta el sábado diecinueve en donde todo salió tal y como se quería.

La vieja Ñata
Hubo buena contestación de público, que llenó en más de sus 3 cuartas partes el graderío de la vieja Desnarigada carabanchelera. Cuenta ABC, que por la tarde, vestido de rosa y plata, le cortó las 2 orejas y el rabo al primero de Galache, hubo división de creencias con el de Carlos Núñez, pitos frente al de Victorino Martín, y los máximos trofeos al quinto de Hermanos Núñez y al sexto de Miguel Higuero.

Palomo desplegó su repertorio y el público terminó entregándose. De noche, las crónicas resaltaron que la presencia del ganado estuvo por debajo, y el respetable empezó de uñas. Se dividieron las creencias con los 2 primeros toros, de Juan Pedro Domecq y Atanasio Fernández, mas las tornas cambiaron en el tercero, un ejemplar de Juan Mari Pérez Mesonero, con bravura y poder, al que le cortó, sin discusiones, l
as 2 orejas y el rabo. Al cuarto, de Pérez Angoso lo desorejó, y pasó de puntillas con el de Núñez Hermanos y Sorando.

Por si acaso 12 toros eran pocos, todavía obsequió el sobrero de Núñez, al que le cortó los máximos trofeos. La gesta consumada, entusiasmo liberado en 2 vueltas al ruedo a hombros y la salida final por la puerta grande.

La meta del matador y sus apoderados se vio cumplido y Palomo se sostuvo aquella temporada entre los primeros. Venía del año de ‘los guerrilleros’ con El Cordobés en mil novecientos sesenta y nueve, y de una confirmación de opción alternativa sin fuste en el San Isidro de mil novecientos setenta. Y estaba por venir la enorme tarde del veintidos de mayo de mil novecientos setenta y dos, la del rabo a ‘Cigarrón’, de Atanasio Fernández, el último concedido en Las Ventas a un torero de toros.

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