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Los 'Diarios' de Patricia Highsmith, un evento editorial que tiene data de publicación

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El pasado diecinueve de enero, Patricia Highsmith, la enorme dama del misterio, con permiso de Agatha Christie, habría cumplido 100 años. Eso desea decir que en este dos mil veintiuno, año aún pandémico –y lo que nos queda–, se festeja el centenario de su nacimiento. Un festejo que va a llegar a su culmen el próximo dieciseis de noviembre, data en la que se publicarán, en E.U. y R. Unido, sus controvertidos ‘Diarios’, que van a llegar a España unos meses después, en la primavera del próximo año y de la mano de Anagrama.

Definido como ‘acontecimiento editorial’ por ‘The Guardian’, el libro ha continuado nuevo desde el momento en que los cuadernos fueron descubiertos, en mil novecientos noventa y cinco, poco tras la muerte de la escritora, entre su ropa de cama y sus toallas en la casa que tenía en Suiza. La obra, que engloba más de 6 décadas de febril escritura personal, ha estado al cargo de Anna von Planta, editora y cómplice de Highsmith y encargada de escoger los aspectos más relevantes de las más 8 mil páginas y cincuenta y seis gruesos cuadernos de espiral que rellenó la autora de ‘El talento de Mr. Ripley’.

«El resultado es una visión inigualable de una de las psiques más icónicas, complejas y fascinantes del siglo XX», aseguró en un comunicado Lettice Franklin, directiva de Weidenfeld & Nicolson, la editorial británica que publicará los diarios. Liveright Publishing lo editará en U.S.A., y Anagrama, con Silvia Sesé a la cabeza, va a hacer lo propio en España y América Latina. Todas y cada una debieron negociar con la editorial suiza Diogenes Verlag, poseedora de los derechos de Highsmith en el planeta.

El editor Jorge Herralde, creador de Anagrama, y Patricia Highsmith

ABC
Los diarios y cuadernos, presentados en un volumen de más de novecientos páginas, engloban toda la vida adulta de la escritora estadounidense, que murió en Locarno (Suiza) el cuatro de febrero de mil novecientos noventa y cinco. En ellos, Highsmith medita sobre sus tumultuosas relaciones cariñosas, sus círculos sociales, que incluían a John Gielgud, Truman Capote y W. H. Auden, entre otros muchos, sus viajes por el planeta y su fascinación por la vida de deportado, como sus ambiciones literarias. A juicio de Lettice Franklin, «con su encarnizamiento con los USA de la era McCarthy, su punzante menosprecio del arte moderno, su obsesión por el amor y la escritura, y los prejuicios que siempre y en todo momento se filtran, Highsmith revela las raíces de su sofocación y agudeza psicológicas».

«Sus diarios ofrecen una visión inigualable y también imborrable de su vida y de sus pensamientos, así sea sobre el bien y el mal, la soledad y la amedrentad, la sexualidad y el sacrificio», prosigue la editora de Weidenfeld & Nicolson, que resalta de qué manera en una de las entradas de los cuadernos, fechada en mil novecientos cincuenta, Highsmith escribió: «Matar es una forma de hacer el amor, una forma de poseer». «Los diarios ofrecen todos y cada uno de los placeres de sus excepcionales novelas: su prosa deslumbrante, su agudeza sicológica, su narración y su estilo, y sé que van a ser un auténtico tesoro para sus muchos, muchos lectores», remata Lettice Franklin.

Por su lado, Anna von Planta resalta que lo que más le «asombró y conmovió al profundidzar en los diarios y cuadernos fue descubrir la voz cruda y desmandada de la joven Pat: apocada en sus primeros cuadernos, en los que inventó sus primeros cuentos; sus diarios charlan de usuales angustias, resoluciones bastante difíciles, triunfos profesionales conseguidos con esmero y una vida social formidablemente acelerada. Fue como presenciar el doloroso devenir de Patricia Highsmith».

Polémica
La nueva de que los ‘Diarios’ verían por último la luz no estuvo exenta de polémica. Fue ‘The New York Times’ el responsable de adelantar la exclusiva, en el mes de noviembre de dos mil diecinueve, sin poner data, entonces, para la publicación de la obra, que se anunciaba para dos mil veintiuno. Highsmith era antisemita, racista y misógina, y de esta forma lo reflejó en sus diarios y cuadernos. En declaraciones al «Times», Von Planta aseguró que no censuraría esas creencias, puesto que la publicación no busca ofrecer una versión edulcorada de la escritora.

En ciertas de esas páginas, todas y cada una escritas a mano, Highsmith no oculta el enfrentamiento que le produjo sentirse atraída sexualmente por otras mujeres. «No estoy en nada abochornada de mi homosexualidad», llega a confesar, si bien reconoce que fue a terapia «para estar en condiciones» de casarse, conforme extractos a los que tuvo acceso «The New York Times». En otro pasaje, describe de qué manera llegó a ofuscarse, sexualmente, con una cliente del servicio de un centro comercial neoyorkino y la prosiguió hasta su casa.

El libro incluye un extenso abanico de encuentros y relaciones íntimas, como la que sostuvo con Arthur Koestler, que Highsmith describe como «episodio miserable, triste». Asimismo medita sobre su enamoramiento de sus personajes, especialmente de Carol, de quien afirma haber caído «locamente enamorada»: «¿Qué mejor cosa se puede hacer que dedicar lo mejor de mi fortaleza a su creación día a día? Y de noche, estar exhausta. Deseo pasar mi tiempo, todas y cada una mis noches con ella». Un tiempo que, desde el dieciseis de noviembre, sus lectores van a poder ahora pasar con ella.

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