«Los terranautas»: Boyle recluído doblementeCultura 

«Los terranautas»: Boyle recluído doblemente

¿Es Los terranautas la Gran Novela Americana del Confinamiento Local ya antes del Confinamiento Planetario? Es posible, mas… ¿Por qué razón conformarnos con una etiqueta tan limitada cuando se la puede delimitar compleja y simplemente como una/otra novela de T. C. Boyle?

Ya se sabe: Thomas Coraghessan Boyle (Peekskill, New York, mil novecientos cuarenta y ocho), definido como «el Frank Zappa de la literatura de USA» y con ese look de posible mejor amigo de Jeff «The Dude» Lebowski. Alguien que centrifuga tradicional ambición decimonónica con vértigo de Thomas Pynchon & Co. y tramas que acostumbran a partir de inverosímiles hechos reales -The Telegraph lo festejó como «indiscutible profesor de lo que podría clasificarse como ficción biográfica»- para llegar a sitios solo posibles en el planeta Boyle.

«The Telegraph» lo festejó como el incontrovertible profesor de la ficción biográfica

Si bien, en su libresco territorio tan diverso y también impredecible sí puede rastrearse una incesante geográfica-mental: la afición por confinar a sus personajes reales. De este modo sustrato histórico en granja familiar en El fin del mundo; psiquiátrico cariñoso de Encierro en Riven Rock; pequeña isla con samurái en East is East o bien en desgracias dinásticas en las Channel Islands en el díptico When the Killing is Done y San Miguel; decadente colonia acuariana de Drop City, reformatorio napoleónico de El pequeño salvaje; casas tomadas de Frank Lloyd Wright en Las mujeres; spa surrealista de El balneario de Battle Creek; laboratorios locos de Alfred Kinsey y Timothy Leary en The Inner Circle y Outside Looking In…

Anfitrión salvífico
Con Los terranautas (dos mil dieciseis), Boyle lleva esta pulsión suya al extremo absoluto. Lo que recrea ahora es la aventura familiar-agobiante-galáctica en Tierra de los participantes en aquel «experimento» tan promocionado a mediados de los años noventa que fue la Biosfera 2: ciento veinti mil metros cuadrados a un costo de 150.000.000 dólares estadounidenses y experimento y ensayo para posible colonia extraterrestre en el marciano desierto de Arizona. Y -al poco tiempo y conforme la gaceta Time- considerada una de las 100 peores ideas del siglo veinte.

De esos barros, la pantanosa Los terranautas con 4 hombres y 4 mujeres entrando en la rebautizada Ecosfera para no salir por un rato largo (un par de años) y a ver qué sucede. Y pasa de todo por obra y gracia y desgracia de otra incesante en la literatura de Boyle: el anfitrión salvífico -acá el eco-soñador Jeremiah «Dios Creador» Reed- planteando algo que se supone gran estudio antropológico para derivar cara una especie de
reality-espectáculo
telenovelesco.

Aire de «sitcom»
Enseguida, ahí dentro, todos y todas y cada una contra todas y cada una y todos. Lo de Boyle respira un aire de sitcom derivando lenta a inexorablemente cara una atmosfera digna de reportaje friky de Werner Herzog y alegoría de Jonathan Swift. De esta manera, comida y sexo y el narcisismo absoluto del sentirse escogidos mutando al qué he hecho yo para merecer esto. Pronto, las afables risas envasadas mutan a aullidos envasados al vacío y la única ley que rige es la de Murphy. Sobre todos -Reed incluido- Boyle tira de los hilos y confirma lo que sabíamos: los surrealistas sueños de su razón lo han consagrado -adentro y afuera- como el más monstruoso y regocijante narrador asociado-realista de su generación.

«Los terranautas». T. C. Boyle
Narrativa. Trad.: Ce Santiago. Impedimenta, dos mil veinte. quinientos sesenta y dos páginas. veinticinco con noventa y cinco euros

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