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No hay duda, los neandertales pintaron la gruta de Ardales

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Una investigación publicada en la gaceta ‘Science’ en dos mil dieciocho revolucionó el planeta de la arqueología al sugerir que las muestras de pintura rupestre más viejas del planeta, una serie de puntos, líneas y manos en negativo halladas en 3 grutas españolas -La Pasiega en Cantabria, Maltravieso en Cáceres y Ardales en Málaga-, habían sido creadas por neandertales hace sesenta y cuatro años. No obstante, el anuncio asimismo tuvo opositores que vacilaban de la metodología empleada y de que esa especie humana extinta, a lo largo de tanto tiempo considerada ramplona y ruda, fuera capaz de dejar su impronta en las paredes.

Un equipo de estudiosos asegura haber erradicado cualquier duda a este respecto con una «garantía científica definitiva». Usando diferentes técnicas, ha analizado la antigüedad de los sedimentos, las herramientas y los restos de fauna de la gruta de Ardales y, de hecho, las datas de ocupación coinciden con las de las pinturas en las paredes. Esto confirma, conforme publican en la gaceta ‘PLOS One’, que solo los neandertales pudieron ser los autores de las marcas, ya que los humanos anatómicamente modernos no llegaron al sitio hasta miles y miles de años después. En suma, la gruta estuvo ocupada a lo largo de cincuenta.000 años.

Las dataciones se efectuaron con dos técnicas punteras. Por una parte, el material orgánico fue analizado con carbono catorce por ultrafiltraciones, «que deja datar un tanto más viejo y afina mucho», explica José Ramos Muñoz, de la Universidad de Cádiz y uno de los autores del estudio. Se hicieron cincuenta dataciones de ese tipo. Por otro, 12 dataciones de uranio-torio examinaron las capas calizas que se amontona en la gruta (el espeleotema, la gota que va cayendo en todas y cada una de las grutas y forma una película desde un milímetro hasta centímetros de espesor). Los resultados señalaban que la ocupación de la gruta coincidía con la autoría de las pinturas.

Identidad humana
Hace entre sesenta y cinco y cuarenta y tres años, los neandertales se establecieron en la boca de la gruta y usaron amarillento para dejar marcas prefigurativas en su interior: puntos hechos con las yemas de los dedos, máculas pulverizadas con un aerógrafo, marcas de manos… Muchas de ellas se hallan en las profundidades de las galerías.

«Esos individuos ya tenían la capacidad de hacer algo indeleble, destinado a durar. Cuando encuentro una pieza arqueológica no está hecha para mí. Por la razón que sea, alguien la abandonó y miles y miles de años después tenemos la fortuna de localizarla. Mas la mano en la pared está puesta ahí a fin de que la mire, sí está hecha para mí», medita Pedro Cantalejo, estudioso senior en Ardales. «No sabemos interpretar esta clase de arte, no sabemos qué nos quisieron decir, mas alguien lo hizo a fin de que otro pudiese verlo. Eso nos lleva al término de identidad humana», medita.

Las dos fases artísticas en la gruta de ArdalesRamos reconoce que es «difícil» llamar arte a estas pinturas, mas sí son «manifestaciones gráficas que hasta hace no mucho se consideraban una capacidad cognitiva exclusiva de la humanidad moderna. Y ese avance, cuando menos como un sistema de comunicación, ya lo tenían los neandertales». Sea arte o no, estos homínidos eran «más avanzados de lo que se había pensado. Las marcas están en pasos estrechos, en gateras, semejan indicaciones en un plano. Vivían en el umbral de la gruta y en el exterior, mas entraban para pintar», apunta.

Después, la gruta se abandonó a lo largo de milenios hasta el momento en que llegaron los sapiens hace treinta y seis años y la usaron como cobijo ocasional hasta hace ocho mil años. Neandertales y humanos modernos jamás se hallaron allá.

Representación del planeta
Una vez establecidos, los sapiens dejaron arte figurativo, prácticamente mil dibujos, que representan en su mayor parte a los animales de su entorno: corzos, caballos, cabras, peces… Para Cantalejo, no se trataba de un santuario, sino más bien de «una representación ecológica de ambiente, como una exposición del ‘National Geographic’ sobre una zona específica. Vemos su ecosistema, su socioeconomía», afirma. Curiosamente, asimismo existen muchas figuras femeninas.

«Es tal y como si vemos un bodegón de Juan Sánchez Cotán de hace múltiples siglos. No lo valoramos solo como una obra pictórica, sino asimismo se aprecia la nutrición, la vajilla que se utilizaba… En un caso así como en las pinturas rupestres se ve reflejado un mundo», agrega Cantalejo.

En el neolítico, hace unos seis mil cuatrocientos años, la gruta pasó a ser usada como un panteón funerario colectivo, un osario, tal y como si fuera una suerte de dolmen natural. No hay restos humanos completos, sino más bien bultos de huesos. La patentiza de actividades familiares es exageradamente pobre, lo que sugiere que los humanos no vivían en la gruta.

Los resultados confirman la relevancia de la gruta de Ardales como yacimiento de alto valor simbólico y los estudiosos piensan que puede haber considerablemente más en la península con manifestaciones neandertales.

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