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Noé Expósito: «Ortega es, antes de nada, un pensador, y solo desde sus tesis filosóficas cabe comprender con rigor sus otras propuestas»

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Tras haber leído ciertos textos de Ortega y Gasset al cursar Filosofía en Granada, Noé Expósito Ropero se acercó verdaderamente a la obra del pensador y ensayista de España a lo largo de sus estudios de Máster de la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Fue definitiva la lectura de 2 libros que motivaron y sentaron las bases de su investigación: ‘Figuras de la vida buena. Ensayo sobre las ideas morales de Ortega y Gasset’ (dos mil seis), de José Lasaga, y ‘La fenomenología de Ortega y Gasset’ (dos mil doce), de Javier San Martín. Fue con los dos autores y profesores con los que efectuó su trabajo de fin de máster y su tesis, de donde procede el libro ‘La moral de Ortega y Gasset. Del deber al imperativo biográfico’ (Universidad Nacional de Educación a Distancia dos mil veintiuno). Un texto que asimismo plantea un diálogo abierto de filosofía de España moderna.

– ¿Qué le atrajo de la filosofía de Ortega y Gasset?

Fue exactamente su carácter principalmente práctico lo que más me atrajo de su pensamiento, su concepción de la filosofía «como una resolución de sostener la serenidad frente a los inconvenientes pavorosos», conforme leemos en múltiples pasajes de su obra; o sea, la praxis filosófica entendida como un «imperativo de veras, lucidez y autenticidad» arraigado —aunque escondo y adormecido— en cada uno de ellos de nosotros, de ahí el punto de inicio de su filosofía: la vida humana de cada quien, individual y también irreducible a cualquier colectivismo, concebida como «realidad radical», conforme la propia expresión orteguiana. Semejantes son las ideas que recorren y articulan su obra, ya desde su primer libro, ‘Meditaciones del Quijote’ (mil novecientos catorce), donde hallamos un esencial apartado titulado, exactamente, ‘La luz como imperativo’. Ortega es, por lo tanto, antes de nada, un pensador, y solo desde sus tesis, conceptos y también ideas filosóficas cabe comprender con rigor y precisión, esto es, sin tergiversación, sus propuestas estéticas, políticas o bien sociológicas, por refererir ciertas disciplinas en las que asimismo ha tenido —y prosigue teniendo— una enorme repercusión.

– ¿Qué aporta este libro al estudio de la obra de Ortega y Gasset? 

El propósito central del libro es ofrecer una panorámica general de la moral de Ortega, tomando como hilo conductor la fenomenología de los valores y la ‘ciencia estimativa’ esbozada por nuestro pensador entre mil novecientos trece y mil novecientos veintitres, o sea, en la primera etapa de su pensamiento. Recordemos que Ortega comienza a publicar en la primera década del siglo veinte y muere en mil novecientos cincuenta y cinco. De esta manera, atendiendo a su trayectoria biográfica y también intelectual, acostumbra a considerarse que su ‘filosofía primera’, su obra de madurez y más estrictamente articulada, nos la ofrecería solo desde mil novecientos veintinueve, en la etapa que mismo consideró como su ‘segunda navegación’, plasmada en escritos tan insignes como ‘¿Qué es filosofía?’ (mil novecientos veintinueve), ‘Pidiendo un Goethe desde dentro’ (mil novecientos treinta y dos) o bien ‘La idea de principio en Leibniz’ (mil novecientos cuarenta y siete). De conformidad con esta idea de las 2 ‘navegaciones’, ha sido frecuente entre sus intérpretes, ya desde el primer libro dedicado a su moral, publicado en mil novecientos cincuenta y ocho por José Luis L. Aranguren, partir en sus investigaciones de estos textos de madurez, prestando menos atención —incluso desatendiendo o bien desconsiderando— sus primeros escritos. No obstante, lo que intento enseñar en mi libro es que Ortega basa su moral, aun su filosofía siguiente, en la citada ‘ciencia general del valor’ o bien ‘ciencia estimativa’, como la llama. En palabras del propio Ortega, «Ética y Filosofía del Derecho, Estética y en cierta forma la Sociología deberán reordenarse partiendo de la Estimativa o bien ciencia general del valor», conforme aseveraba en su esencial Alegato para la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas de mil novecientos dieciocho, un texto clave en toda esta problemática que, no obstante, quedó nuevo hasta dos mil siete, tras su publicación en el tomo VII de las nuevas Obras completas en la editorial Taurus/Fundación José Ortega y Gasset. De ello no hemos tenido notica hasta muy últimamente, gracias asimismo a la publicación en Gaceta de Estudios Orteguianos entre dos mil dieciseis y dos mil diecisiete de las esenciales ‘Notas de trabajo sobre Estimativa’, editadas por Javier Echeverría y Dolores Sánchez, ignotas hasta ese momento. Todo esto nos prueba que el estudio filosófico, técnico y estricto de los valores, lo que técnicamente se llama «axiología», juega un papel central en su moral, en contraste a lo que ha sido generalmente asumido por la mayor parte de sus intérpretes, ya desde el convocado libro de Aranguren, quien, en determinada medida, sentó las bases o bien, como acostumbramos a decir, el ‘paradigma’ interpretativo predominante hasta nuestros días.

– ¿Qué implica en el estudio de la obra del pensador de España este cambio de paradigma? 

Para entender el alcance de este cambio de paradigma en la obra de Ortega debemos referirnos, siquiera escuetamente, a una cuestión compleja y muy discutida entre los intérpretes, ya desde la publicación de otro libro esencial, ‘La voluntad de aventura: aproximamiento crítico al pensamiento de Ortega y Gasset’ (mil novecientos ochenta y cuatro), del maestro Pedro Cerezo, quien puso de manifiesto la angosta relación de Ortega con la fenomenología, fundada por Edmund Husserl (mil ochocientos cincuenta y nueve-mil novecientos treinta y ocho), una de las corrientes filosóficas más esenciales del siglo veinte, afianzada a nivel internacional y totalmente actual hoy en día, a la que se adscriben ciertos pensadores contemporáneos más relevantes, nombres como Martin Heidegger, Max Scheler en Alemania o bien Maurice Merleau-Ponty, Jean-Paul Sartre, Emmanuel Lévinas o bien Paul Ricoeur en Francia, por refererir solo ciertos más conocidos. Ortega, tras una primera etapa de capacitación en Alemania, entre mil novecientos cinco y mil novecientos doce, sumergido, como mismo nos narra, en la filosofía neokantiana, predominante en la llamada Escuela de Marburgo, donde estudió con ciertos de sus más esenciales representantes, acepta en mil novecientos trece, año en que Husserl publica una de sus obras centrales, ‘Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica’, un cambio de paradigma filosófico en el que cuajará desde ese momento su pensamiento. Este cambio de continente filosófico, asumido de manera expresa por Ortega, va a tener consecuencias definitivas en todas y cada una de las dimensiones de su filosofía, desde su teoría del conocimiento, reelaborada en un significativo texto de ese año, ‘Sensación, construcción, intuición’ (mil novecientos trece), hasta sus ideas políticas, sintetizadas en la conocida conferencia ‘Vieja y nueva política’ (mil novecientos catorce), pasando, como es natural, por una revisión profunda de su procedimiento, de su forma de hacer filosofía, de ahí la tesis central del maestro San Martín conforme la que la fenomenología es la filosofía de Ortega, tesis de la que parto en mi investigación y trato de aplicar en el estudio de su moral. Esto implica, o bien nos demanda, por una parte, una esencial revisión de la obra del propio Ortega, procurando extraer todas y cada una de las consecuencias filosóficas de ese cambio de paradigma, y, por otra parte, una discusión crítica de los diferentes trabajos dedicados hasta la data a esta temática. En verdad, durante los 9 episodios que componen el libro voy exponiendo y discutiendo las diferentes lecturas que los intérpretes nos han ofrecido de la moral orteguiana a lo largo de las últimas décadas, con lo que, en determinada medida, el libro plantea asimismo un diálogo abierto de filosofía de España moderna.

– ¿Qué se descubre de Ortega y Gasset al leer su obra desde esta nueva perspectiva?

Yo resaltaría 2 cuestiones que me semejan fundamentales, que me limito acá meramente a enunciar, sin poder detenerme en ellas. La primera debe ver con las 2 formas que nos plantea Ortega de hacer filosofía. Una sería la manera ‘literaria’, basada en metáforas, figuras oratorias, etcétera, y otra sería la manera ‘técnica’, esto es, «el alegato sucinto, abstracto y riguroso», conforme sus palabras. Las dos tienen sus ventajas y sus inconvenientes, mas, para Ortega, esta última sería «la única forma satisfactoria», pues sería la que nos deja elaborar con precisión y sin vaguedades nuestros conceptos, que son, realmente, el material de trabajo del pensador. Ortega cultivó fabulosamente las dos formas, mas en no pocas ocasiones se pierde de vista, tras la hojarasca literaria, sus ideas y formulaciones más técnicas y rigurosamente filosóficas, por eso muchos lo hayan considerado un escritor, ensayista o bien cronista ya antes que pensador. En frente de esta idea, creemos que Ortega es un pensador de primera importancia, y este se nos revela, mejor que de ninguna otra forma, siendo leído desde el paradigma fenomenológico, esto es, desde la manera técnica y precisa en la que el propio Ortega cuaja su pensamiento. La segunda cuestión esencial, de manera estrecha ligada a la precedente, debe ver con la fundamentación de su filosofía, en nuestro caso, de su moral. Esta podría parecer una cuestión menor, mas, de igual forma que un cronista o bien un juez se ven forzados a revisar, justificar y legitimar sus fuentes, puesto que de ello dependen su autoridad y su verosimilitud, lo mismo sucede en el caso del pensador con los conceptos que emplea. En el caso de la moral, Ortega advierte, por poner un ejemplo, que resulta prácticamente imposible charlar de moral sin emplear la noción de ‘valor’ no obstante, nos afirma, son pocos quienes se incordian en ofrecer una mínima definición de semejante noción, y no afirmemos ya una fundamentación estricta. Tal es, justamente, la labor del pensador, de ahí la relevancia de la citada ‘ciencia general del valor’ o bien ‘ciencia estimativa’, clave de cúpula, puesto que, de la moral de Ortega y, realmente, podemos incorporar, de toda moral. Se trata, realmente, del discute, de forma plena actual, entre relativismo y universalismo, entre una moral que rechaza cualquier fundamentación y se resigna al relativismo, o bien una moral que, reconociendo las diferencias y los deberes o bien imperativos que Ortega llama ‘subjetivos’, propios de cada individuo, persigue, con todo, una justificación y fundamentación que supere el relativismo. Ortega aboga por esta última opción.

– ¿Qué obra de Husserl, el creador de la fenomenología, nos aconseja para entender la relación entre la moral de los dos pensadores?

Sin duda, las lecciones de ‘Introducción a la ética’, dictadas por Husserl en los semestres de verano de mil novecientos veinte y mil novecientos veinticuatro, últimamente traducidas a nuestra lengua por los profesores Mariano Rizado, Luis R. Rabanaque y Mariana Chu, publicadas en una espléndida edición en la reputada Editorial Trotta. Estas lecturas de Husserl, Ortega y, en la medida de mis posibilidades, del libro que presentamos, creo que pueden ofrecerle al lector una panorámica general de la moral que reclamamos desde la filosofía fenomenológica.

Ficha del libro

Título:  La moral de Ortega y Gasset. Del deber al imperativo biográfico.

Autor: Noé Expósito Ropero

Editorial Universidad Nacional de Educación a Distancia

Año de edición: dos mil veintiuno

Libre en Editorial Universidad Nacional de Educación a Distancia

Libre en Unebook

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