Educación Paolo Cognetti: «La naturaleza nos ayuda a razonar»

Paolo Cognetti: «La naturaleza nos ayuda a razonar»

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Paolo Cognetti (Milán, mil novecientos setenta y ocho) conjuga el aire cargado de la laboriosa Milán con el aire puro de los Alpes italianos. Tras ‘Las 8 montañas’, premiada con el premio Strega, nos lleva en la ‘Felicidad del lobo’ (Literatura Random House) hasta el pueblo alpino de Fontana Fredda, cobijo de montañeros y asimismo de personajes heridos por la vida.

El título, advierte, es un homenaje a ‘La llamada de lo salvaje’ de Jack London, uno de sus autores de cabecera. Lo salvaje «acaba siendo homónimo de dicha, si bien no soy un hombre primitivo, solo un tanto asilvestrado», ironiza.

Los árboles y los lobos representan 2 formas de existencia que el creador describe con alegórica belleza: «El árbol vive donde ha caído su semilla, y para ser feliz debe arraigarse allí». Si los árboles «no pueden buscar la dicha desplazándose a otro sitio», el lobo es inquieto y errabundo: «Llegaba a un val, donde a lo mejor hallaba mucha caza, mas por la razón que fuera no se quedaba y de súbito abandonaba todas y cada una esas exquisiteces y se iba a buscar la dicha a otro lado…».

Cognetti ha experimentado la intranquiliza dicha del lobo, mas al final, desde su condición de budista practicante, se identifica con el árbol: «Vivimos en una sociedad que solo comprende aquello que una parte de un sitio para ir a otro, me siento bien allá donde esté».

El creador de ‘La dicha del lobo’ nació y medró en Milán, mas su relación con la montaña se remonta a 4 décadas: «En la urbe tengo a mis amigos, mas las mejores ideas brotan en la montaña: el lenguaje me lleva a la emoción», destaca.

Cognetti salva el olvidado glosario de la botánica y la zoología. «Cada palabra indica una estética: la ciencia deriva en una poética: el alba, el crepúsculo… La naturaleza nos ayuda a razonar».

En ‘La dicha del lobo’ el cobijo de montaña cumple una doble función, material y simbólica: resguarda de la intemperie a los protagonistas de la novela y es el sitio de reconciliación con la tierra contra los males de la existencia. Preguntamos al escritor milanés si el silencio de la soledad absoluta en la cima le ha dado miedo: «He tenido más temor al despertarme en plena noche en mi casa de Milán que en la alta montaña: allá no siento temor por el hecho de que estoy rodeado de vida. El correr del tiempo es diferente al que percibimos de forma convencional: he visto rocas y árboles que prosiguen allá desde el primero de los días que los contemplé hace cuarenta años: equiparada con la Naturaleza, nuestra vida es breve como la de una mosca. En la montaña la muerte no se esconde; su proximidad ya no genera angustia».

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