Educación Richard Firth-Godbehere: «Estamos perdiendo la diversidad emocional»

Richard Firth-Godbehere: «Estamos perdiendo la diversidad emocional»

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Si bien el término de «emoción» es parcialmente reciente, pues no fue elaborado hasta el siglo XIX por el pensador y médico inglés Thomas Brown , su presencia y peso en la evolución de las sociedades ha sido determinante. No obstante, hasta tiempos muy recientes no había justo el interés de los historiadores. Algo que busca solventar Richard Firth-Godbehere en su libro ‘Homo emoticus’ (Salamandra), que hoy presentará en el Hay Festival de Segovia. Para el creador, seguramente absolutamente nadie se lo había tomado de verdad pues no dejó de ser un fruto tardío de la Ilustración, un intento de clasificar el comportamiento humano y, así, reducirlo a las manejables coordenadas de la razón. Mas, sin comprender las emociones, es imposible entender a los grandes líderes de la historia, como Alejandro Magno o Kennedy : «Si un líder no comprende lo que sienten sus regidos, y es capaz de influir en ello, jamás va a poder hacer grandes cosas». Un caso clarísimo es las diferentes emociones que provoca viajar a la Luna. En mil novecientos sesenta y nueve, «se trataba de una demostración de superioridad de los E.U. en frente de la odiada Unión Soviética, una combinación del amor por la patria con un odio cara el oponente, algo que definió la Guerra Fría». Por el contrario, los inconvenientes actuales de la misión Artemis, cuyo primer lanzamiento tiene graves contrariedades para ser llevado a cabo, nos charlan de un contexto sensible muy distinto: «Se tiene la impresión de que va a ser un negocio para personas como Elon Musk, mas se trata de unas motivaciones muy diferentes. Ya no existe la necesidad de probar nada». «Pretender quitar emociones que, si bien puedan ser desapacibles, son precisas, es un error» Quizás deba ver que vivimos en un instante en el que tendemos a dejar a un lado las emociones tildadas como negativas, como el temor. Mas eso es un fallo, pues la eterna obsesión por la dicha perpetua desgasta a las sociedades: «Si estoy al filo de un precipicio, me va a ayudar considerablemente más sentir temor que dicha. Pretender quitar emociones que, si bien puedan ser desapacibles, son precisas, es un error». El estudio de las emociones se ha enfrentado, además de esto, al inconveniente de un cierto colonialismo. Los estudios de las emociones se fundamentan en pautas no ya eurocéntricas, sino más bien de forma directa anglocéntricas, y eso se filtra aun en una tecnología que acepta esos prejuicios: «Ahora mismo, hay criminales en Vietnam que, cuando son grabados a lo largo de los interrogatorios con cámaras que emplean software de reconocimiento facial, han aprendido a engañarlo imitando las expresiones occidentales». Y cuando nuestro reloj inteligente nos afirma que estamos tristes o alegres, lo hace interpretando inflexiones en nuestra voz que proceden de pautas extrañas a nuestra cultura. «Estamos perdiendo la diversidad emocional». Y uno de los síntomas es la extensión de los emojis, que terminarán expresando exactamente los mismos estados anímicos en todas y cada una de las etnias. A la vez, el pretender explicar las emociones solo desde la neurociencia y la química lleva asimismo a la simplificación extrema: «Solo en casos clínicos puede tener sentido». «En Irlanda del Norte el enfrentamiento solo se resolvió cuando las dos partes fueron capaces de dejar de lado sus emociones» «Las emociones son el motor de la historia». Por servirnos de un ejemplo, el deSeo del lujo impulsó el descubrimiento de América cuando los otomanos bloquearon la Senda de la Seda, y los europeos proseguían anhelando sus condimentas. Entenderlas puede asistir a solucionar enfrentamientos, como ocurriría si comprendiéramos las emociones enfrentadas de cada bando en la guerra de Ucrania. «Fue lo que ocurrió en Irlanda del Norte: el enfrentamiento solo se resolvió cuando las dos partes fueron capaces de dejar de lado sus emociones y se impuso una nueva, la necesidad de lograr un pacto que dejase atrás el sufrimiento. Las emociones pueden generar problemas, mas asimismo solucionarlos». Pues no son unívocas, son considerablemente más complejas de lo que pretenden, en muchas ocasiones, hacernos pensar los políticos.

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