Robert Walser, música y golpesCultura 

Robert Walser, música y golpes

Los textos recogidos acá están tomados de un enorme corpus de fragmentos aparecidos en diferentes medios, y hay en ellos poemas, muchos de ellos muy bellos, reflexiones musicales que son algo como fantasías inspiradas por conciertos o bien representaciones operísticas y asimismo pequeños relatos, ciertos tan fantásticos como «Brentano. Una fantasía», un sorprendente cuento romántico.

Robert Walser es uno de esos escritores que aparecen envueltos siempre y en toda circunstancia en un aura de fascinación. Jamás me ha resultado simpático. Claro que es un enorme escritor, mas hay en su obra una pasión por la sumisión y el castigo que brotan de las formas más variadas y que no me complacen. Por poner un ejemplo, lo que más admira del Don Giovanni de Mozart es el aria de Zerlina Batti, batti o bien bel Masetto, en la que la pobre campesina le solicita dulcemente a su marido que la golpee para resarcirse. Hay textos sorprendentes que son puro Walser, como «El hombre», por servirnos de un ejemplo, una página excelente, o bien «Dar golpes», una defensa de los golpes (siempre y en toda circunstancia) y del estruendos. En cuanto al resto, su visión de la música es bastante superficial. Lo que le agrada de ella es que es algo cautivador que hace soñar. Asevera que no quiere saberlo todo, que lo que le caracteriza, en verdad, es la carencia de curiosidad, y que de ahí que le agrada la música, pues es, de todos, el arte más «irreflexivo».

Mas lo más pasmoso de este volumen no son las extrañezas de Walser, sino más bien el epílogo de los editores, una alucinante pieza de incomprensión y tergiversación. Pues prácticamente nada de lo que afirman sobre las ideas de Walser es cierto, y pues procuran imprimir, en unos textos bastante vagos y muy imaginativos y también imprecisos, todo género de ideas «críticas» que son las que tienen y las que les agradaría que Walser tuviese. No lo lean, o bien léanlo para reírse. Aseveran, por servirnos de un ejemplo, que no le agrada Beethoven (Walser escribe: «Algo se estremece en mi interior al escuchar el simple nombre del gran Beethoven») y que «critica con dureza el texto de La flauta mágica por su acción irracionales y su duración», si bien Walser acaba con esta frase: «A ciertos oyentes les relucían en los ojos lágrimas de emoción, ocasionadas quizás pues la obra es un reflejo de la vida». Asimismo es surrealista relacionar estos escritos absolutamente principiante con Schönberg, Debussy, Honegger o bien, normalmente, la música de vanguardia de la temporada. Qué insensatez más grande, Dios santo.

Lo mejor que sé decir sobre la música
. Robert Walser. Traducción: Rosa P. Blanco. Siruela, dos mil diecinueve. doscientos seis páginas. diecinueve con noventa y cinco euros.

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