Cultura 

Roberto Carlos: «Esperamos mucho de Bolsonaro, hay que darle tiempo»

¿En qué momento fue la última vez que le afirmó a alguien «te quiero» en persona, que no sea cantando? El interrogante sorprende a Roberto Carlos (Cachoeiro de Itapemirim, mil novecientos cuarenta y uno), que se queda en silencio múltiples segundos, como midiendo sus palabras. Uno de los múltiples miembros de su equipo presente en la habitación presidencial del Hotel Intercontinental de la capital española asimismo suspira. Por último, el vocalista brasileiro arranca: «¡Ay, qué pregunta más bastante difícil y peligrosa! Dejémoslo en que hace unos meses… y fue a una mujer». Sonríe.

Resulta curioso el pudor para contestar a esa pregunta del hombre que lleva cantándole al amor y grabando música romántica desde el momento en que los Beatles se llamaban Quarrymen y Elvis Presley estaba en el ejército. «Sigo haciendo lo mismo, sí, cantando exactamente las mismas canciones y contando exactamente las mismas historia amorosa desde hace sesenta años. Y espero proseguir haciéndolo cada vez mejor», reconoce el cantautor más renombrado de la historia de Brasil. Un trono logrado merced a éxitos como «Lady Laura», «Un millón de amigos», «La distancia», «El gato que está triste y azul» y otros seiscientos temas más.

En mil novecientos setenta y dos, reconocía en ABC que no había aportado nada a la música brasileira. ¿Lo prosigue pensando tras transformarse en el intérprete que más discos ha vendido de América Latina, con más de ciento cuarenta millones?

Sí, lo pienso. Es cierto. No creo que musicalmente haya contribuido mucho, la verdad. En el sentimiento es posible que sí, mas mis canciones son todavía sencillísimas y , con sinceridad, no soy ningún especialista en música.

¿Siente que la crítica no le ha tratado con exactamente el mismo respeto y seriedad que a artistas como Caetano Veloso, Gilberto Gil o bien João Gilberto?

Todos esos artistas con un lenguaje más complejo y un aspecto más intelectual que el mío siempre y en toda circunstancia han tenido más espacio en la prensa que . Siempre y en todo momento sentí que mi música, más fácil, impresionaba menos a los críticos, quienes no la recibían igual que el público. Mas, por otra parte… bueno, vendía más discos [risas]. La diferencia entre las cantidades de Caetano, Gilberto y João y las mías era muy grande. De ahí que jamás me dolía.

Jobim, el «maestro»
Roberto Carlos ríe con sencillez y se emociona al charlar de otros artistas como el enorme Antonio Carlos Jobim, el hombre que internacionalizó la bossa nova en los sesenta, mientras que se decantaba por las baladas románticas. «Él era un profesor. La sencillez, el buen gusto y la sensibilidad con la que hacía sus canciones eran increíbles. Siempre y en toda circunstancia le respeté mucho, como a los otros, mas siempre y en toda circunstancia deseé hacer las cosas a mi manera», resalta el vocalista, que bromea de manera frecuente, habla suave y se muestra muy próximo para ser una estrella de su talla.

Todo parecería dentro de lo común si uno hace oídos suecos al pequeño revuelo entre los miembros de la prensa, que salen de la entrevista hablando de la excentricidad del protagonista. O bien si uno no se fija en las zapatillas azul cielo de sus guardaespaldas, ni en las prendas del mismo color con que viste su equipo y los cronistas que asisten a la cita. Ya nos habían avisado: «Mañana escoge tonos azules y blancos para ir vestido y evita los zapatos marrones». Una solicitud inusual que responde al trastorno obsesivo apremiante que padece el vocalista desde hace décadas y que le fuerza a viajar con su moblaje en las giras, eludir dar conciertos en el mes de agosto, firmar contratos en luna menguante y utilizar palabras como «mentira», «gafe» o bien «infierno». «Me agradaría no hacerlo, mas el trastorno es una cosa muy difícil. Quienes lo tenemos, sabemos que carece de sentido, mas lo hacemos simplemente», confesó en Univisión hace 4 años.

No es el único obstáculo con el que el «cantante del millón de amigos» ha debido lidiar en sus setenta y ocho años de vida, hasta llegar ahora a la capital española y Galicia para ofrecer sus primeros conciertos en España en veinticinco años. El objetivo: presentar «Amor sin límite» (Sony, dos mil dieciocho), su último trabajo, con la cooperación de Alejandro Sanz y Jennifer López. A los 6 años fue arrollado por un tren de vapor mientras que jugaba en la estación de su pueblo y debieron cercenarle una pierna, algo que se percibe cuando se incorpora poco a poco con su prótesis para dar la mano. Eso no le impidió continuar combatiendo por su sueño: «A los diecisiete años precisaba un empleo y recorrí los bares hasta hallarlo en Río de Janeiro: un night club en el que cantaba todo género de música. Después logré que me dejasen una investigación por medio de Carlos Imperial y José Abelardo “Chacrinha”, 2 populares comunicadores de T.V. que me asistieron a grabar mi primer disco, todo de bossa nova».

Pudo ser otro Caetano Veloso o bien Jobim, entonces. ¿Qué pasó, no tuvo mucho éxito?

No es que no tuviese mucho éxito, es que ¡no tuvo ninguno! Yo creo que vendí doscientas copias como mucho.

¿Qué hizo después?

Me patee todos y cada uno de los estudios a fin de que me diesen otra ocasión, hasta el momento en que el último admitió. Le afirmé a Carlos Imperial: «Amigo, ayúdame, solo me queda este intento». Siendo conocido, llamó a la CBS y logró que me admitieran con un disco más variado: bossa nova, canciones románticas y hasta un bolero. ¡Ahí despegó mi carrera! Después vino mi temporada iê-iê-iê, esa mezcla de rock brasileiro y los Beatles que llamaron el Movimiento de la Joven Guarda. Pronto me percaté de que esa música tenía ritmo, mas hacía letras románticas. Con lo que grabé la canción «Como É Grande o bien Meu Amor por Você», que fue un éxito.

Un triunfo que Roberto Carlos vivió siempre y en todo momento acompañado de un enorme dolor a raíz de la desgracias, las que le provocaron una enorme depresión que le llevó a dejar la música a lo largo de una década cuando estaba en lo más alto. «Siempre digo que el amor rima con dolor. No habría de ser de esta manera, mas de esta manera es, y he tenido muchas alegrías con el amor, mas asimismo he sufrido mucho… Y al final he sobrevivido», confiesa. María Lucila Torres, la mujer con la que sostuvo un intenso romance con veinticinco años murió de cáncer de mama un par de días tras reconocer al hijo que tuvieron juntos. En mil novecientos noventa, otro cáncer le quitó a su primera esposa, Cleonice Rossi, con quien tuvo 3 hijos más, uno de los que terminó ciego a raíz de un tumor en la retina. Su tercera mujer, un amor de juventud que se rencontró en la madurez, la pedagoga María Rita Simoes, perdió asimismo su batalla contra el cáncer a los 3 años de relación.

Siendo muy fiel, ¿jamás has sentido que Dios le abandonaba?

Eh… bueno… sí, he meditado mucho sobre eso en estos años de tristeza y extremo dolor que he vivido. Mas no, jamás he llegado a creérmelo completamente. Al final siempre y en todo momento creí que la vida es de esta manera y que debemos superar todos y cada uno de los obstáculos para proseguir viviendo.

A lo largo de su carrera, Brasil ha vivido desde dictaduras a gobiernos democráticos de izquierdas y derechas, aproximadamente corruptos. ¿De qué manera ha eludido siempre y en toda circunstancia charlar de política y posicionarse?

Pues la política es una cosa muy difícil y siempre y en toda circunstancia intento ser positivo. En Brasil vivimos ahora el principio del Gobierno de Bolsonaro y, lógicamente, aguardamos mucho de él. Los inconvenientes viejos son muchos y tiene contrariedades para solventarlos. Espero que lo logre, mas creo que hay que darle tiempo, es muy temprano para opinar.

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