Rosalía tiene una visión: así es el flamenco del siglo XXI

Para quienes dijeron que Rosalía (Sant Esteve Ses Rovires, Barcelona, 1993) se estaba apropiando del flamenco sin pertenecerle, que se sienten y miren: que vean cómo se queda con todo lo demás. Así parece que van a ser los efectos de «El mal querer», el disco que la catalana publica este viernes y que ha conseguido un torrente de parabienes internacionales y por supuesto domésticos que apuntan a una estrella. El disco, una obra conceptual sobre ese concepto tan universal y tan flamenco de los amores que matan, llegó precedido de algunos adelantos como «Malamente» y «Pienso en tu mirá» que hacían vislumbrar un trabajo metido de lleno en el «trap» o el «hip hop» pero que no se corresponde con el contenido de un álbum flamenco con producción contemporánea. Lo que pasa es que Rosalía está un poco cansada de ciertos escrutinios y no quiere ni pronunciarlo. «Yo no me atrevo muy bien a decir… me cuesta. La producción no es tradicional, pero si consideras la bulería por las melodías y la rítmica, se podría ver así. La segunda canción lo es, por ejemplo. Para mí, habría como un 60 por ciento de cante. Mucha gente me ha dicho que es un disco muy flamenco…», musita. Algunos la tienen harta.

El álbum se estructura en capítulos, es decir, que cuenta una historia. «Es la historia del mal querer, de si nuestra forma de amar hoy en día es tan distinta a otras del pasado». El primer hilo del que tiró la artista catalana es una novela, inconclusa y anónima, del siglo XIII hallada en el sur de Francia y que por algún azar se titulaba «Flamenca». «Es la historia de una mujer joven que se casa con un hombre y este, por celos, la acaba aprisionando», cuenta Rosalía, que se atrapó por la actualidad del personaje femenino, pero que no la adaptó, sino que se sirvió de ella como inspiración para escribir. «El disco tiene que ver con que querer tiene aristas, que hay una parte oscura en el amor, que está la posesión, los celos y en muchos casos la dominación. Eso es lo que quería explorar», cuenta la artista, que presenta mañana el álbum, en la Red Bull Music Academy, en un lugar por desvelarse.

Haikus como seguiriyas

En el proceso de escritura surgieron preguntas. «Para inspirarme, muchas veces leo ”haikus”. Y me di cuenta de que es alucinante cómo se parecen a las quintetas de las seguiriyas. ¡Están escritos de la misma manera! ¡Y muchas veces tienen el mismo tema! Y fue cuando me di cuenta de que lo que siento yo lo siente alguien en el otro lado del mundo», explica la cantaora. Y entonces la pregunta siguiente era «¿por qué pienso yo que el mal querer es universal y que este trabajo puede conectar con cualquiera? Porque creo que no es solo un comportamiento cultural, que hay cosas que se pueden aprender para evitarlas, pero hay otras que son nuestra naturaleza. Las pasiones están presentes en nosotros y es interesante explorarlas, aunque no siempre se pueden cambiar. No es una cuestión cultural, sino que está inscrito en nosotros ese tipo de comportamiento y hay cosas que los humanos no logramos trascender fácilmente». Como letrista y compositora, Rosalía ha tenido que trascenderse a sí misma. «En varios sentidos. Primero, pienso que hay parte de mi experiencia, porque sin algo de realidad no hay verdad. Pero sin fantasía, el arte no vuela. Así que he tenido que ponerle alas a la historia que quería contar», explica. Rosalía no cree que el amor esté necesariamente condenado a molograrse: «No es mi visión, pero sí que era la de este disco y desde el principio está presente el mal augurio, la premonición de que esto va a salir mal. Desde la primera canción, que es ”Malamente”. Ahí se presenta todo el drama». La otra manera de trascenderse ha sido la de situarse en una voz masculina. «Hay al menos dos temas que he escrito desde el punto de vista de alguien que ama con violencia, con agresividad, que no son en absoluto las formas que tengo yo de entender el amor. Pero me he colocado en ese punto y en muchos otros».

Una tragedia griega

Estamos ante un álbum que es un drama, una tragedia griega. «Sí, lo que me gusta de esas historias es que sabes que van a terminar mal, sabes el final, pero las lees. Y lo haces porque tienen todo el sentido mientras acontecen». Pero es una tragedia moderna, una que sucede en la calle que está junto al «Badgdad», ese teatro donde se llevan a cabo espectáculos eróticos y que está al costado del «Apolo», una sala de conciertos emblemática de la ciudad. «Sitúo allí la acción porque todo el mundo que ha estado en Barcelona sabe la energía que existe en esa calle. Y ahí imagino a una mujer llorando, sentada junto al muro, en la oscuridad. Y en ese momento comienza un rezo espiritual, que tiene que ver con el estar perdido y buscar el centro rezando a Dios. En esa desesperación por encontrar la luz pasa un hombre que es como el diablo. Y en ese momento ella se da cuenta de lo que va a pasar», narra Rosalía, que no termina de identificarse con unas creencias, algo que, viniendo de ella, tampoco sorprende. «Yo creo que mi música es un agradecimiento a Dios porque sí que creo en… no sé si en el sentido cristiano, aunque sí tengo recuerdos de mi abuela llevándome a misa, pero mis padres no son creyentes, aunque sí que estoy conectada con la espiritualidad y siempre he sentido ese peso y el de la moralidad. Creo que esa es mi forma de vivirlo».

La forma de vivir la creación de Rosalía es la otra pregunta: «Yo te diría que mi música no tiene sentido sin el flamenco. Pero no soy quién para decir si lo es. Que los demás digan. Yo solo espero que lo que hago represente algo para la gente». Pero la artista es sensible al entorno: «Sé que este álbum bebe de un material y una inspiración flamenca fundamental. Pero le tengo mucho respeto y hoy en día el flamenco se ha codificado de una manera tan concreta que decir que es flamenco, por respeto, no lo diría. Pero claro que hay melodías tradicionales y está el aire del cante», explica. Según su descripción, «el 90 por ciento del material del disco es mío. Hay un 10 que es tradicional, porque me gusta», cuenta. Ejemplo es el fandango que aparece en «Maldición (cordura)» o la versión del «Pregón» de Macandé que Rosalía saca de contexto y hace acompañar de rugir de motores y sirenas en lugar de palmas. «Es un cante tradicional que se utilizaba para anunciar a la gente que vendía y que yo conocí en mi casa, investigando, de El Negro del Puerto. La transcribí, le cambié la letra y le puse los motores porque es mi manera de vivirlo Es como me sentía. Pero producir consiste en tomar decisiones constantemente». ¿Así que, para los que no sabemos distinguir una bulería de un fandango, hay palos flamencos en el disco? «Depende de lo que entiendas por bulería. Esa es la cuestión, que me niego a creer que haya una sola forma de hacer flamenco. Esta es mi forma de entenderlo aquí y ahora».

Una tragedia griega

Hablando de producir, el disco ha sido un esfuerzo compartido con Pablo Díaz-Reixa, «El Guincho». Habrá quien piense que él ha sido el cabeza pensante de este artefacto. «Sería muy injusto. Claro que él ha escrito y compuesto, pero los dos hemos estado detrás de los ordenadores un año y medio. Él ha compuesto, pero vaya si yo lo he hecho. Lo de las motos, por ejemplo, fue cosa mía. Me ayudó a colocar elementos rítmicamente, aunque ha habido mucho trabajo de los dos. Y valentía. Y toma de decisiones. Y tener la visión clara y buscar la forma», explica. Incluso hay un vocoder. «Un Harmonizer –corrije–. Me encanta el color que da a la voz». Pues a Niño de Elche por cosas parecidas le pegaron un buen palo. «El efecto está en dos canciones que no son cantes, sino que pueden ser temas cualquieras. Uno de ellas, de hecho, está inspirada en la copla. No creo que pueda ofender a nadie…». ¿Iría a la Bienal de Flamenco? «He ido este año. Y yo iré siempre adonde me reclamen, donde quieran escuchar mi música. «A mí Paco –Contreras, Niño de Elche– me gusta mucho y creo que lo que él está haciendo es disruptivo y en la Bienal quizá se está esperando que haga otra cosa. Pero el valor de lo que hace es ser radical en ese contexto. Es necesario que Paco exista igual que lo es Capullo de Jerez, son formas diferentes de entender el flamenco y eso es sano», señala. ¿Y hasta dónde puede llegar? «Estoy entusiasmada. Orgullosa de este proyecto y de que lo que hacemos aquí guste fuera. Es mi visión y la voy a llevar a muchos lugares».

La Razon

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