Se procuran setenta voluntarios para emplear herramientas del PleistocenoCiencia 

Se procuran setenta voluntarios para emplear herramientas del Pleistoceno

Nuestros ancestros de hace un millón de años inventaron la industria lítica. El Homo Habilis daba pistoletazo de salida a la primera y tosca tecnología tallando piedras, exactamente las mismas que nos dejaron recortar comestibles y amoldarnos de esta forma a nuevos entornos. Todo eso influyó en nosotros como especie y el eco de de qué forma nos relacionábamos con aquellas piedras todavía está presente en nosotros, conforme estudia la arqueología cognitiva. Por esta razón, el Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana (CENIEH) por medio de su Laboratorio de Paleoneurobiología busca setenta voluntarios que manipulen herramientas del Pleistoceno y lanzar luz sobre de qué manera el mero hecho de coger una piedra ha podido influir en nuestra evolución.

De este modo se busca a setenta personas mayores de edad, diestras y sin conocimientos de arqueología a fin de que manipulen a lo largo de veinte minutos estas herramientas. De esta manera se va a estudiar la relación entre la antomía de la mano y la ergonomía en la manipulación de industria prehistórica. «Con métodos digitales grabamos las coordenadas de los diferentes elementos de la mano a lo largo de la experiencia de manipulación, para entonces estimar como la manera de la herramienta y la manera de la mano interaccionan. En un caso así entonces se trata de una investigación anatómico (la mano) integrado con una investigación espacial (la situación de los dedos en el espacio) dependiendo de la geometría de las piedras», explica Emiliano Bruner, responsable del laboratorio del Cenieh encargado de los ensayos.

«A lo largo de bastante tiempo se ha pensado que las capacidades espaciales, sobre todo con lo que atañe a la relación entre ojo y mano, tenían un papel básico de coordinación motora. Actualmente muchos consideran que no obstante las capacidades táctiles y visuales tienen un rol mucho más esencial en nuestras capacidades cognitivas, moldeando, encauzando y forjando nuestra forma de meditar, de razonar, de actuar, y de decidir», continua Bruner, que va a ser quien lidere las pruebas que se realizarán a lo largo de febrero y marzo. «Las zonas del cerebro que son vitales para estas funciones presentan cambios evolutivos esenciales en nuestra especie, Homo sapiens, y entonces desde hace años hemos comenzado a integrar estudios sobre estas capacidades viso-espaciales con comportamientos asociados al registro arqueológico. Particularmente estamos examinando la relación mano-herramienta, la anatomía de la mano, y las contestaciones sensibles a la experiencia táctil», apunta.

La ciencia, como resulta lógico, no tiene acceso directo a razas extintas como los osos de las cavernas o bien los mastodontes. Con lo que para esto estudia no solo sus restos, sino más bien asimismo los de las especies vivas relacionadas con ellas. Y en la especie humana este fundamento es igualmente válido. «Aunque estamos interesados en la evolución humana y en las especies extintas, estos resultados nos afirman algo de nosotros mismos, algo que atañe a nuestras capacidades cognitivas. O sea, si podemos extrapolar algún resultado a un Neandertal, puesto que bien. Mas esto no quita que estamos estudiando procesos que son aún ignotos por nuestra especie, y que pueden administrar sorpresas», explica Bruner.

Los interesados en participar pueden mandar un mail a un mail a evolucionyprehistoria@gmail.com.

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