Sulfamidas y penicilina, las armas terapéuticas utilizadas en la Segunda Guerra MundialCiencia 

Sulfamidas y penicilina, las armas terapéuticas utilizadas en la Segunda Guerra Mundial

La Segunda Guerra Mundial supuso cambios radicales en aspectos políticos, sociales y militares, mas asimismo afectó de manera directa a consideraciones de clase científica y tecnológica. Por poner un ejemplo, la batalla favoreció la aparición de nuevas armas de destrucción, el desarrollo de la bomba nuclear y el empleo extendido del radar.

Además de esto, se generó el desarrollo de un nuevo conjunto de medicamentos, los antibióticos, que contribuyeron al beneficio de la humanidad. No deja de ser curioso que los 2 ejércitos enfrentados emplearán diferentes familias de antibióticos.

Las penicilinas de los Aliados
En mil novecientos veintiocho el microbiólogo inglés Alexander Fleming (mil ochocientos ochenta y uno-mil novecientos cincuenta y cinco) descubrió que la penicilina, producida por el hongo Penicilium notatum, tenía muy, muy interesantes propiedades. Por accidente, mientras que trabajaba en el laboratorio del centro de salud de St. Mary de la ciudad de Londres, descubrió que aquella substancia impedía el desarrollo de ciertas bacterias, como Staphylococcus aureus.

A lo largo de una década fue una curiosidad científica más, hasta el momento en que un conjunto de científicos recrearon los ensayos de Fleming y consiguieron generar una cantidad de peniclina suficiente para probarla en animales.

El primer humano tratado con penicilina purificada del que se tiene perseverancia fue el agente de policía Albert Alexander. Era el doce de febrero de mil novecientos cuarenta y uno. Por desgracia, el paciente murió por el hecho de que no se administró la suficiente cantidad de medicamento.

Las compañías farmacéuticas norteamericanas se interesaron por estos avances científicos. Merced a esto, el descubrimiento de Fleming fue una poderosa arma terapéutica para combatir las infecciones de los ejércitos aliados.

Poquitos meses tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, a inicios de diciembre de mil novecientos cuarenta y cinco, Alexander Fleming, Howard Florey y Ernst Chain, recibieron de forma conjunta el premio Nobel de Medicina por su contribución al desarrollo de la penicilina. 

El antibiótico de los alemanes
Por su lado, el ejército alemán contaba entre su arsenal terapéutico con sulfanilamida, el primer antibiótico de la familia de las sulfamidas, las «sulfas». Este fue resultado de los estudios del bioquímico Gerhard JP Domagk (mil ochocientos noventa y cinco-mil novecientos sesenta y cuatro).

Este científico germano verificó, en mil novecientos treinta y dos, que esta substancia era muy eficaz para contrarrestar las infecciones ocasionadas por estreptococos en los ratones de laboratorio. Merced a este descubrimiento logró salvar la vida de su hija de 6 años, que estaba en la antesala de la muerte debido a una infección estreptocócica.

A lo largo de la guerra el ejército alemán usó sulfamidas tanto en forma de polvo como de comprimidos para salvar la vida de miles y miles de soldados heridos.

7 años tras el descubrimiento al bioquímico se le concedió el Premio Nobel de Medicina, distinción que no pudo recoger debido a la prohibición expresa por la parte del partido Nacionalsocialista. Por fortuna, Domagk pudo recibirlo en mil novecientos cuarenta y siete, aunque no se le concedió la dotación económica.

El lado lúgubre de las sulfamidas
Las sulfamidas tienen asimismo su lado obscuro. En el campo de concentración femenino de Ravensbrück, a noventa quilómetros de Berlín, los médicos de las temidas SS efectuaron ensayos médicos con sulfamidas.

Desde julio de mil novecientos cuarenta y dos a mil novecientos cuarenta y tres se inficionaron a presos con estreptococo y Clostridium. Además de esto, los médicos entorpecían la circulación sanguínea de las cobayas humanas taponando los vasos de las heridas para simular heridas del campo de batalla. Para finalizar, se les administraba diferentes dosis de sulfamidas con la pretensión de conocer su eficiencia.

M. Jara

Pedro Gargantilla es médico internista del Centro de salud de El Escorial (la villa de Madrid) y autor de múltiples libros de divulgación
.

ARTICULOS RELACIONADOS

Leave a Comment