Una compañía desaprovechadaCultura 

Una compañía desaprovechada

Valoración CríticaBallet de la Ópera de la ciudad de París

Teatro Real

Dirección: Aurélie Dupont. Coreografías: «Afternoon of a faun» (Delibes / Robbins), «Sonatine» (Ravel / Balanchine), «A suite of dances» (Bach / Robbins), «3 Gnossiennes» (Satie / Van Emanen), «Rubís» (Stravinski / Balanchine). Directivo musical: Maxime Pascal. Intérpretes: Ballet de la Ópera de la ciudad de París, Orquesta Titular del Teatro Real. la villa de Madrid, Teatro Real.

Es una auténtica lástima que el Teatro Real, de nuevo, haya desaprovechado la visita del Ballet de la Ópera de la ciudad de París -la compañía más vieja del planeta- y este no haya venido con una enorme producción de un título puntero del repertorio. El Real es un escenario que por dimensiones y programación debe ofrecer algo diferente a lo que pueden ofrecer otros teatros de la capital. Y el programa que ha traído a la villa de Madrid la compañía francesa no marca esa diferencia.

Dicho esto, hay que decir asimismo que el público que llenó ayer de noche el Teatro Real asistió a una preciosa y deliciosa velada de danza; un tanto fría asimismo, y eso se reflejó en los poco entusiastas aplausos que coronaron la noche.

Cuando se anuncia en el Teatro Real al Ballet de la Ópera de la ciudad de París uno imagina que asistirá a un espectáculo fantásticamente bailado, suntuosamente presentado y con una nutrida compañía. Lo primero ocurrió; lo segundo, solo parcialmente -la escenificación es tan adecuada como fácil-; y lo tercero… Puesto que no. Todas y cada una de las coreografías eran solos o bien duetos, salvo la última, en la que se tiró la casa por la ventana: 15 bailarines.

Para compensar, todo cuanto se vio en escena fue extraordinario; sobre todo la interpretación. El Ballet de la Ópera de la ciudad de París sostiene desde hace prácticamente 3 siglos una tradición basada en una escuela que ha sabido sostener las esencias; y esto se traduce en la delicia estilística de los bailarines, en su perfección técnica y en una elegancia imantada. Las piezas presentadas, de 3 históricos coreógrafos -Jerome Robbins, George Balanchine y Hans van Emanen- dejan desarrollar estas peculiaridades, que son marca de la casa: admira la pulcritud, la naturalidad que proporcionan los intérpretes a su baile, la limpieza en los ataques y la musicalidad que domina todas y cada una de las intervenciones. Es una auténtica celebración para los sentidos y para el espíritu ver danzar, por poner un ejemplo, a artistas como Léonore Baulac, Florian Magnenet o bien Ludmila Pagliero.

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