Educación 

Vuelve «El diamante de Moonfleet», la «otra» isla del tesoro admirada por Stevenson

Stevenson afirmó que era la novela que deseaba redactar, mas que «lo único» que pudo hacer fue «La isla del tesoro». Conrad asimismo la admiraba. Y Hergé, que aseguraba que sus míticos Tintín y Haddock le debían mucho a aquella historia de aventuras marinas. Charlamos de «El diamante de Moonfleet», la enorme pieza maestra del británico John Meade Falkner (Wiltshire, mil ochocientos cincuenta y ocho – Durham, mil novecientos treinta y dos), una de esas joyas perdidas en el río del tiempo, cuyo brillo es solo conocido por devotos, escritores y demás letraheridos. Ahora, este tradicional del género vuelve a las librerías de la mano de Zenda Aventuras, el flamante sello editorial de la gaceta «Zenda Libros», nacido con el propósito de salvar títulos olvidados, de saltarse la tiranía de la novedad y llegar a los lectores con productos añosos y actualizados.

Hay algo en este proyecto, un humor, tal vez, que debe ver con la añoranza y la magia de la lectura, una especie de virtud que hay que mimar con el paso de los años: la sed de vida. En esencia, se trata de poner encima de la mesa (escolar y de despacho, se comprende) esas novelas que despiertan el deSeo de la experiencia, que nos descubren los mundos posibles que jamás dejamos de perseguir, incluso ya peinando canas, y que desgraciadamente en tantas ocasiones se aprisionan en el campo juvenil. Tal y como si los piratas no fuesen inmortales… «Queremos recobrar el planeta feliz de la novela de aventuras», afirmaba María José Solano Franco, responsable de Zenda Aventuras, a lo largo de la presentación del jaleo.

Libros que no avejentan
Conforme Solano Franco, «Moonfleet» es uno de esos libros «que no envejecen», y que «se sostienen siempre y en todo momento modernos». Va a ser cosa de sus ingredientes, que jamás faltan en una buena aventura: un viejo lobo de mar con predilección por el ron, un joven inexperto que desea ampliar sus horizontes, el oficio del contrabando, un espectro, un naufragio… Vamos, los límites que terminan por acotar una vida. Y claro, un tesoro. No hay peripecia sin promesa. «Tiene todos y cada uno de los elementos que motivan y excitan a un joven. Y cuando eres mayor vas buscando en la gente las cosas que leíste en el libro, las cosas que imaginaste leyéndolo», resaltó Arturo Pérez-Reverte, autoproclamado «reina madre» del proyecto, o bien, dicho en lenguaje burocrático, editor jefe y prologuista del libro.

De instante, la novela ha vendido ya cerca de 3 mil ejemplares en poco más de un mes, prueba de que aún hay vida alén de la novedad editorial. A la inversa de lo que pasa en Francia o bien en Italia, «en España no hallas reediciones de libros en las mesas de novedades de las librerías», como lamentó Pérez-Reverte. De ahí que el logo de Zenda Aventuras es un pez abismal. «Es el que navega por aguas oscuras guiado solo por su luz», remarcó Solano Franco. No iba a ser por la belleza del bicho…

Siguiendo esa luz, y también inventándose el camino y las formas, el próximo destino de la editorial está claro. Va a ser «El preso de Zenda», de Anthony Hope Hawkins, y por obvias razones. Este año van a llegar otros 2 títulos más, que de momento sostienen en secreto para no descrubrir la liebre, por si acaso algún pez más gordito se la come ya antes. Eso sí, aseguran que van a ser todos «clásicos incontrovertibles del género de aventuras», que es de lo que va todo esto, al fin y al postre.

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